Energía eólica, ya
Las regiones desarrolladas del mundo llevan varios años de ventaja en el estudio y aprovechamiento de la energía del viento para generar electricidad. Estados Unidos y Europa, en particular, tienen varios parques eólicos, y piensan desarrollar y maximizar muchos más. La razón es sencilla. Saben que cada día que pasa, el mundo se acerca al final de la era del petróleo, por el agotamiento de las fuentes y por la volatilidad de su aprovisionamiento por razones de inestabilidad política y económica.
En Panamá, al menos se ha avanzado en tomar conciencia de la importancia que tiene explorar fuentes energéticas naturales que disminuyan nuestra dependencia de los hidrocarburos. Pero va siendo hora de dar el paso siguiente y aprovechar las fuerzas del viento, de las mareas, del sol y de las geotérmicas, que tenemos gratis y en abundancia, además de los ríos, que aguardan por hidroeléctricas pequeñas y medianas.
Y para que no se piense que hablamos de un tema de naciones desarrolladas, mencionamos, a manera de ejemplo, a Colombia y Chile, que ya están generando electricidad por medio de molinos movidos por el viento. Incluso en la Cuba de hoy, bajo condiciones políticas y económicas de las más adversas que podamos imaginar, se están instalando cien máquinas para medir la fuerza del viento en diversos puntos de la isla, para identificar potenciales parques eólicos; y de hecho, el primero debe estar terminado en el curso del presente mes, en la Isla de la Juventud, al sur de La Habana. El gobierno cubano estima, producto de cálculos por computadora, que el país tiene capacidad para generar entre 1,200 y 3,500 megavatios producto de la fuerza de los vientos.
Si Cuba puede, con mayor nosotros, que contamos con mil veces mejores condiciones. Pueda ser que nuestro primer parque eólico, cuyos estudios se adelantan en Santa Fe, se haga realidad. Y el Gobierno Nacional debiera no sólo dar seguimiento a esa iniciativa de una empresa privada, sino acostumbrarse a informar de la marcha de proyectos de su tipo.