Energía renovable y alternativa
Voceros del Gobierno panameño insisten en continuar hablando de la crisis de energía del petróleo y atribuyen a dicho problema todos los males que se discuten. Con esta posición lo único que revelan es una falta de imaginación para sacarnos de la crisis permanente que nos anuncian.
En cambio, muchos otros países están redoblando sus esfuerzos para encaminar sus proyecciones a mediano y largo plazo en busca de la creación de energía renovable y alternativas al insano petróleo que consumismo sin producirlo.
Por ejemplo, hace unos días, la Comunidad Europea y 21 entidades especializadas y de investigación de 10 Estados miembros, coordinado por el Instituto Francés del Petróleo suscribieron un acuerdo para la producción, a gran escala, del etanol, un combustible renovable que se produce de la caña de azúcar, la remolacha y el almidón de cereales. Este puede utilizarse en estado puro o mezclarse con petróleo. En nuestra región, Brasil es líder mundial en su producción, y su transporte cuenta ya con más del 90% de dispositivos inteligentes en sus vehículos para identificar cuando el consumidor le echa etanol o petróleo a su automóvil.
Bien haríamos en esforzarnos para que nuestras universidades, entidades especializadas y el Gobierno realizaran, en un esfuerzo común a nivel nacional, a muy corto plazo, un gran proyecto mancomunado que pueda crear una Futura Unidad de Demostración, con una planta que podrían construir empresas brasileñas en nuestro país, para la producción de energía producto de la conversión de la lignocelulosa, especialmente de la caña de azúcar, para que a través de dicho proceso tener una energía alternativa al tradicional petróleo. Más aún cuando su producción no perjudica los suelos, pues no crea residuos agrícolas que afectan los ya deteriorados campos nacionales y, especialmente, reduce la acumulación del perjudicial dióxido de carbono en la atmósfera y, en consecuencia, reduce las emisiones de gas de invernadero. Nuestros agregados comerciales en Europa y Brasil deberían colocarnos la tarea como una agenda de prioridad nacional y convertirse en proactivos agentes para el desarrollo nacional.
En cambio, muchos otros países están redoblando sus esfuerzos para encaminar sus proyecciones a mediano y largo plazo en busca de la creación de energía renovable y alternativas al insano petróleo que consumismo sin producirlo.
Por ejemplo, hace unos días, la Comunidad Europea y 21 entidades especializadas y de investigación de 10 Estados miembros, coordinado por el Instituto Francés del Petróleo suscribieron un acuerdo para la producción, a gran escala, del etanol, un combustible renovable que se produce de la caña de azúcar, la remolacha y el almidón de cereales. Este puede utilizarse en estado puro o mezclarse con petróleo. En nuestra región, Brasil es líder mundial en su producción, y su transporte cuenta ya con más del 90% de dispositivos inteligentes en sus vehículos para identificar cuando el consumidor le echa etanol o petróleo a su automóvil.
Bien haríamos en esforzarnos para que nuestras universidades, entidades especializadas y el Gobierno realizaran, en un esfuerzo común a nivel nacional, a muy corto plazo, un gran proyecto mancomunado que pueda crear una Futura Unidad de Demostración, con una planta que podrían construir empresas brasileñas en nuestro país, para la producción de energía producto de la conversión de la lignocelulosa, especialmente de la caña de azúcar, para que a través de dicho proceso tener una energía alternativa al tradicional petróleo. Más aún cuando su producción no perjudica los suelos, pues no crea residuos agrícolas que afectan los ya deteriorados campos nacionales y, especialmente, reduce la acumulación del perjudicial dióxido de carbono en la atmósfera y, en consecuencia, reduce las emisiones de gas de invernadero. Nuestros agregados comerciales en Europa y Brasil deberían colocarnos la tarea como una agenda de prioridad nacional y convertirse en proactivos agentes para el desarrollo nacional.