Eneros de dictadura
El 4 de enero de 1969 el régimen militar disolvió las organizaciones políticas legales. El día 9 tras gritar: “¡Viva el 9 de Enero!”, murió en un ataque al cuartel de la Guardia Nacional (GN) en Piedra Candela, Provincia de Chiriquí, el combatiente antimilitarista Ramón Mojica. El ataque se realizó en conmemoración de la gesta patriótica de Enero de 1964 porque el gobierno norteamericano estaba apoyando con equipo y helicópteros a la GN. El día 20 murió torturado en la Cárcel Modelo (ciudad de Panamá) Genaro Sarmiento y el 24 en un enfrentamiento con la GN en Los Pozos (Chiriquí), murió Ariosto González, uno de los líderes de la resistencia antimilitarista chiricana. El 16 de enero de 1970 cayó abatido por la Guardia Civil de Costa Rica, en un hotel de la ciudad de San José, el uruguayo Walter Sardiñas, quien se había unido a la resistencia antimilitarista chiricana.
El 30 de enero de 1976 fueron asesinados en Los Llanos de Mariato (Veraguas), los estudiantes Jorge Falconet y Marlene Mendizábal, simpatizantes del Frente Estudiantil Revolucionario 29 de Noviembre. El cadáver de Marlene fue encontrado con los cabellos atados a las raíces de un árbol de mangle y el de Jorge está desaparecido. Durante el juicio que se les siguió a los imputados –allegados a la cúpula militar- se dieron obstáculos e intimidaciones contra familiares de Marlene por exigir una investigación justa. En 1992 antropólogos argentinos exhumaron los supuestos restos de Marlene, ya que una persona dijo haber visto orificios y sangre en su cadáver al ser levantado. Sus familiares sostenían que los restos habían sido cambiados, por lo que autorizaron a la Comisión de la Verdad que les realizaran pruebas de ADN, pero éstas nunca se llevaron a cabo. Yacen en la morgue judicial.
El 28 de enero de 1980 se realizó una huelga nacional convocada por el Consejo Nacional de Trabajadores Organizados, para derogar la Ley 95 que cercenó las reivindicaciones obreras del Código de Trabajo de 1972. Estas reivindicaciones habían sido logradas gracias a la presión de los obreros aprovechando la demagogia populista del régimen, pero sólo duraron cuatro años, pues el 31 de diciembre de 1976 se expidió la mencionada Ley 95, que –como dijimos arriba- las cercenó.
El 10 de enero de 1984 el joven Rolando Pérez Palomino se inmoló prendiéndose fuego frente a la Embajada norteamericana en protesta por la ingerencia del Gobierno de Estados Unidos en el conflicto centroamericano. En su carta testamento Rolando definió a esta embajada como “una de las representaciones del crimen y hambre de millones de seres humanos”. A la dictadura militar la calificó de “asesina y expoliadora”.