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Engaños


El engaño se ha convertido en práctica usual de los gobiernos de turno y el actual lejos está de escapar a esa reprochable forma de proceder.
En innumerables ocasiones el Gobierno nacional de turno ha negado, insistentemente, y por diferentes medios, la existencia de un proyecto de Reforma Tributaria. Con el objeto de dorar la píldora se ha informado, así lo hizo el Primer Vicepresidente de la República, que lo que se hará es una reestructuración del régimen fiscal existente y no la creación de nuevos impuestos, pero todos sabemos que ello no es así. Se trata de una profunda reforma tributaria que las IFIs, no sólo exigen, sino que su inmediata puesta en vigencia la condicionan a la contratación de nuevos empréstitos.
A la Mandataria parece, que ante las evidencias existentes, no le ha quedado otro recurso que aceptar la existencia de la Reforma Tributaria y para mostrarse complaciente, se jactó de que el proyecto será consensuado. Se expresó así la Primera Mandataria: "Queremos que todo el país opine y que se lleve a todos los panameños para que den su opinión sobre estas reformas tributarias que son muy importantes". "Definitivamente, creo que no es justo actualmente, que el que menos gana es que más está pagando y se está buscando la fórmula aquella en que el que menos gana pague menos impuestos", concluyó afirmando.
Lo que acontece es que ya los panameños sabemos que cada vez que se habla de "proyectos consensuados" se hace lo que el Gobierno desea. En este caso, léase "lo que las IFIS desean", aún cuando la mayoría de los ciudadanos se opongan a ello. Los gobiernos nuestros entienden por "proyectos consensuados" aquellos en los que se obtiene la opinión de los demás, pero no se procede en consecuencia a dicho sentir.
Por otro lado, creo que debería ser política del Gobierno nacional, más que preocuparse porque los pobres paguen menos impuestos que los ricos, lograr que los pobres tengan mayores ingresos, participen más de la riqueza nacional y así los pobres podrían colaborar en forma más efectiva en el desarrollo social del país. Creo también que el Gobierno tiene un desenfoque en esto, ya que todos debemos contribuir a jalar la carreta. Entre mejor sea la distribución de la riqueza, menos impuesto tendremos individualmente los ciudadanos de este país que pagar, la carga sería distribuida entre todos y no recaería sólo sobre una clase social.
Al suscrito, resulta un contrasentido la mentada Reforma Tributaria, si antes no existe una Reforma Administrativa. Antes que nada debemos poner la casa en orden y ello implica el ajuste de los salarios de los funcionarios públicos, porque no puede ser que gravemos con más impuestos a la población para que unos cuantos bellacos ganen salarios que no guardan ninguna relación con el trabajo desempeñado, ni con la situación económica general del país. También el Gobierno nacional debe dar muestras fehacientes de que la brecha entre ricos y pobres no continúa incrementándose y que se han establecido políticas que han arrojado resultados ciertos, en cuanto a una distribución más equitativa de la riqueza nacional. Antes de pensar en recaudar más, debemos evidenciar y explicar los gastos fiscales actuales, ya que sólo en esa medida podremos determinar, a ciencia cierta, si el Estado requiere o no mayores ingresos. Puede acontecer que los ingresos recibidos sean excesivos con relación a los beneficios obtenidos, en cuyo caso, más que incrementar los impuestos, debemos estar pensando en disminuirlos, como ha anunciado el presidente Bush, que hará en los Estados Unidos. Entre menos impuestos más inversiones.
Cuando los gobiernos anteriores promovieron las privatizaciones del INTEL y del IRHE, recordamos perfectamente bien que, una de las razones que se esgrimieron para justificar tales medidas, fue "la reducción del gasto público" y por lo tanto, descartar toda posibilidad de incrementar los impuestos. Pues las privatizaciones se hicieron y ahora, además del desmejoramiento de los servicios privatizados y el incremento de su costo, vemos que el actual Gobierno reaparece con el argumento de que se requiere acrecentar las recaudaciones ante el incremento que ha experimentado el gasto público. Un incremento del gasto público que no llega a las clases más necesitadas, sino sólo alcanza a las elites que usufructúan del poder.
La actual colocación en el mercado financiero internacional de 750 millones de dólares, de lo que tanto se ha afanado el Gobierno, no es otra cosa que un incremento de la deuda pública de Panamá. Se ha dicho que es para el pago de la deuda externa y proyectos de inversión, más sin embargo, no se han precisado los montos ni los proyectos, lo que evidentemente se trata de otra artimaña. Además, ha trascendido, según algunas fuentes, que la colocación de esos bonos se ha hecho no sólo con la aprobación de las IFIs, sino que éstas fueron sus patrocinadoras y condicionaron su emisión a la implementación de la nueva Reforma Tributaria, que permitirá al Estado, con una carga impositiva mayor a los ciudadanos, contar con más recursos para pagar los empréstitos y deuda que actualmente tiene el Estado panameño.
Se comenta que las IFIS también persiguen que el ahorro nacional, los dineros de los ciudadanos que tienen en cuentas de ahorro, plazos fijos, bonos, etc., sean gravados con un tanto por ciento de impuesto, a fin de lograr que esos capitales emigren a los Estados Unidos, que no grava los depósitos bancarios ni inversiones de quienes no son residentes en dicho país.
No dudamos que las intenciones de las IFIS se hagan realidad, pues ocurrió lo mismo con las privatizaciones. Mientras los gobernantes de turno no gobiernen en función del país, los panameños seremos carne de cañón de todos los organismos internacionales de crédito que codician nuestra riqueza, en perjuicio de Panamá.
Pero los engaños no cesan allí. Las IFIS no descansarán hasta tanto no logren la privatización de la C.S.S. El Gobierno, como es su costumbre, niega tal posibilidad, pero cada vez son más notorias las campañas de desprestigio contra la institución y su Director. Lo que acontece es que en esta oportunidad el jamón les será más difícil comérselo, pues la ciudadanía está ya escaldada con las anteriores privatizaciones que beneficiaron a unos cuantos, en perjuicio de las grandes mayorías, a quienes se decía favorecían.

101 años de Panamá América

 
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