Ensanche del Canal sacrificaría a los panameños
Cuando el Ing. Alberto Alemán declaró al país, desde EXPOCOMER 2004, que los $8 mil millones que costaría la ampliación del Canal "saldrán de los ingresos que la vía genere", nos envía un mensaje claro y tajante de que ya la ACP decidió por los tres millones de panameños el modelo del ensanche del Canal y costo. Además advierten sus declaraciones que el monto de la anualidad que recibimos hoy de $325 millones, se congelaría en su nivel actual; empero, podría disminuir a "cero".
En vista que nuestra Constitución prohíbe enajenar o trasmitir a otros o acreedores el dominio del patrimonio del Canal (Art.309), entonces será inevitable que el Estado panameño a la larga sea el garante y responda por la deuda a contraerse, tan elevada como el PIB nacional de $13 mil millones. De ocurrir esto, surgiría la realidad de que más que el doble de la capacidad de endeudamiento de la República, lo empeñaríamos como garantía en el ensanche de la vía, y paradójicamente, ¡para beneficio y negocio de las navieras! Por consiguiente, a partir de allí nos sería muy difícil calificar como sujeto de crédito para aspirar a nuevos empréstitos en el futuro, imprescindibles para invertir en el desarrollo nacional.
Añade el Sr. Administrador Alemán: "La ampliación del Canal tendrá repercusiones de carácter internacional al definir el nuevo modelo de sistema de transporte de los próximos años". ¿Qué nos quiso anunciar? Que el referéndum o consulta popular que la Carta Magna exige, será de mentira o aparente para cumplir sólo con el requisito constitucional; y búsqueda del necesario apoyo popular para ciertas medidas administrativas y políticas muy delicadas por ejecutar, como el desarraigo forzado de unos 40 mil campesinos; la devastación severa de nuestro pulmón boscoso de 440 Km2, el que purifica la atmósfera de la capital; la construcción de embalses con fines de establecer dos negocios paralelos, una hidroeléctrica y una planta potabilizadora, para venderle a la ciudadanía luz y agua, que les genere ingresos para cancelar la enorme deuda.
En el medio de tantas complejidades, lo que la ACP insiste en hacernos creer es que somos los dueños y accionistas del Canal, pero es "un embuste repetido muchas veces", si vemos que después de cinco años de estudios por un costo mayor de $70 millones, los panameños esperábamos nos presentasen al menos tres alternativas de ampliación, sus respectivos costos y financiamientos, y luego poder decidir con sensatez entre todos "la conveniencia nacional" en el referéndum. Pero, ¡no será así!
Veamos lo qué hizo la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) para decidirse por "La conveniencia de las navieras" y los administradores actuales, por encima de los intereses nacionales: Panamá, como dueña del paso estratégico, determina el tamaño de barcos (Barco Diseño) a transitar por el Canal. De allí surge el término de "Panamax". Por consiguiente, si decidimos que las dimensiones de las nuevas esclusas a construirse serán para servir a barcos "post-Panamax Mega", capaces de cargar 12 mil contenedores (TEUS) el mensaje alto y claro para la marina mercante mundial sería que construyan naves de estas dimensiones.
Por esto Alemán Zubieta expresó: "Vamos a definir el nuevo modelo del sistema de transporte en los próximos años". A cambio, el país pagaría con alto sacrificios y restricciones económicas y sociales muy severas, principalmente las clases populares, y tal como lo ha reconocido él, ningún país de los principales usuarios del Canal está dispuesto ha aportar fondos para su ampliación, por lo que los panameños tendríamos que afrontar solos el sacrificio económico y enorme riesgo en esta aventura que nos compromete a todos de manera inconsulta (Nadie se embarca en semejante deuda de $12 mil millones por medio siglo en un mundo cada vez menos estable y mercados movedizos).
Si los mayores usuarios del Canal no comparten con los panameños este descomunal riesgo conocido como "Síndrome de Lesseps", Panamá, su posición geográfica, sus recursos naturales, su población y usufructo del Canal, subsidiaría los grandes negocios de las navieras y puertos, retornando el país nuevamente al modelo de "colonia explotada", pero esta vez por las poderosas navieras. Vale agregar que en caso de conflictos nada las obligaría a mantenerse en la ruta Panamá, si ellas no han invertido en el ensanche ni son parte del negocio; y como se prevé inevitable aumentar los peajes para saldar la deuda esclavizante, seguro les resultaría más rentable y atractivo los peajes que les ofrezca entonces el Canal de Suez. Un canal a nivel del mar más ágil, equidistante, sin deuda y depreciado ya varias veces. De ocurrir eso, no tendríamos más alternativa que echarnos a llorar cuando nos den las espaldas y dejen ¡guindados de la brocha!
En vista que nuestra Constitución prohíbe enajenar o trasmitir a otros o acreedores el dominio del patrimonio del Canal (Art.309), entonces será inevitable que el Estado panameño a la larga sea el garante y responda por la deuda a contraerse, tan elevada como el PIB nacional de $13 mil millones. De ocurrir esto, surgiría la realidad de que más que el doble de la capacidad de endeudamiento de la República, lo empeñaríamos como garantía en el ensanche de la vía, y paradójicamente, ¡para beneficio y negocio de las navieras! Por consiguiente, a partir de allí nos sería muy difícil calificar como sujeto de crédito para aspirar a nuevos empréstitos en el futuro, imprescindibles para invertir en el desarrollo nacional.
Añade el Sr. Administrador Alemán: "La ampliación del Canal tendrá repercusiones de carácter internacional al definir el nuevo modelo de sistema de transporte de los próximos años". ¿Qué nos quiso anunciar? Que el referéndum o consulta popular que la Carta Magna exige, será de mentira o aparente para cumplir sólo con el requisito constitucional; y búsqueda del necesario apoyo popular para ciertas medidas administrativas y políticas muy delicadas por ejecutar, como el desarraigo forzado de unos 40 mil campesinos; la devastación severa de nuestro pulmón boscoso de 440 Km2, el que purifica la atmósfera de la capital; la construcción de embalses con fines de establecer dos negocios paralelos, una hidroeléctrica y una planta potabilizadora, para venderle a la ciudadanía luz y agua, que les genere ingresos para cancelar la enorme deuda.
En el medio de tantas complejidades, lo que la ACP insiste en hacernos creer es que somos los dueños y accionistas del Canal, pero es "un embuste repetido muchas veces", si vemos que después de cinco años de estudios por un costo mayor de $70 millones, los panameños esperábamos nos presentasen al menos tres alternativas de ampliación, sus respectivos costos y financiamientos, y luego poder decidir con sensatez entre todos "la conveniencia nacional" en el referéndum. Pero, ¡no será así!
Veamos lo qué hizo la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) para decidirse por "La conveniencia de las navieras" y los administradores actuales, por encima de los intereses nacionales: Panamá, como dueña del paso estratégico, determina el tamaño de barcos (Barco Diseño) a transitar por el Canal. De allí surge el término de "Panamax". Por consiguiente, si decidimos que las dimensiones de las nuevas esclusas a construirse serán para servir a barcos "post-Panamax Mega", capaces de cargar 12 mil contenedores (TEUS) el mensaje alto y claro para la marina mercante mundial sería que construyan naves de estas dimensiones.
Por esto Alemán Zubieta expresó: "Vamos a definir el nuevo modelo del sistema de transporte en los próximos años". A cambio, el país pagaría con alto sacrificios y restricciones económicas y sociales muy severas, principalmente las clases populares, y tal como lo ha reconocido él, ningún país de los principales usuarios del Canal está dispuesto ha aportar fondos para su ampliación, por lo que los panameños tendríamos que afrontar solos el sacrificio económico y enorme riesgo en esta aventura que nos compromete a todos de manera inconsulta (Nadie se embarca en semejante deuda de $12 mil millones por medio siglo en un mundo cada vez menos estable y mercados movedizos).
Si los mayores usuarios del Canal no comparten con los panameños este descomunal riesgo conocido como "Síndrome de Lesseps", Panamá, su posición geográfica, sus recursos naturales, su población y usufructo del Canal, subsidiaría los grandes negocios de las navieras y puertos, retornando el país nuevamente al modelo de "colonia explotada", pero esta vez por las poderosas navieras. Vale agregar que en caso de conflictos nada las obligaría a mantenerse en la ruta Panamá, si ellas no han invertido en el ensanche ni son parte del negocio; y como se prevé inevitable aumentar los peajes para saldar la deuda esclavizante, seguro les resultaría más rentable y atractivo los peajes que les ofrezca entonces el Canal de Suez. Un canal a nivel del mar más ágil, equidistante, sin deuda y depreciado ya varias veces. De ocurrir eso, no tendríamos más alternativa que echarnos a llorar cuando nos den las espaldas y dejen ¡guindados de la brocha!