Enseñanzas de un estilo de conducción
Estas aproximaciones están dirigidas a precisar algunos antecedentes, consecuencias y enseñanzas de la invasión del 20 de diciembre de 1989, desde el ángulo del estilo de conducción política desarrollado por el general Noriega. Las mismas no buscan analizar esa coyuntura desde una perspectiva geo-estratégica, de los derechos humanos, diplomática o económica. Con anterioridad hemos dejado constancia de nuestro rechazo a la invasión por sus efectos negativos para nuestro pueblo. Ni tan siquiera la consecuencia -que en términos de la instauración de un régimen democrático- produjo la invasión, la justifica, porque el derecho a la vida priva sobre cualquier otro.
A lo nuestro. La acción militar de ese inolvidable diciembre de 1989 estuvo precedida por el fracaso permanente del gobierno estadounidense para sacar del poder al general Noriega. Entre 1987 y 1989 se produjeron sucesivas amenazas de personeros de alto nivel de los Estados Unidos para lograr ese objetivo. Para obtenerlo, los norteamericanos pusieron en práctica un abanico de opciones dirigidas a bloquear nuestra economía, a desprestigiar a Noriega y a su gobierno, a aislarlo internacionalmente y en privado, promovieron varias negociaciones secretas dirigidas a lo mismo. La estrategia fracasó, a pesar de que la base de apoyo político al régimen se debilitaba conforme sus efectos afectaban a la población.
Mas, la imagen de los gobernantes estadounidenses se deterioraba con cada intento fracasado, endureciendo en cada etapa sucesiva el lenguaje contra Noriega, para llegar al extremo de provocarlo con la clásica prepotencia yanqui, que produjo en el estado de ánimo del General su rechazo a cualquier salida política al conflicto. Entonces pasaron a considerar la opción militar, ya que en esos momentos, se empezaba a consolidar en el mundo el proyecto ideológico norteamericanos ( democracia política y economía de mercado), por lo que la derrota por sacar del poder a un "dictadorzuelo" del tercer mundo los dejaba en la mejor expresión de la ridiculez internacional.
La campaña surtió sus efectos en nuestro pueblo, pues percibía que con la salida de Noriega se produciría en Panamá una avalancha de recursos, para salir de una crisis que lo golpeaba por dos años sucesivos. Cuando decidieron invadirnos, la acción fue aplaudida por la mayoría del pueblo estadounidense, por el silencio de la comunidad internacional y por una mezcla de sentimientos extremos- sesgada hacia la aceptación por la esperanza de salir de esas crisis- de parte del pueblo panameño.
El ejército estadounidense programó la invasión, tomando estas medidas para minimizar sus bajas: a) implementó un operativo de inteligencia, que hizo de Noriega un comandante sin tropas elites equipadas, ya que el mismo mandó a desarmarlas por temor a otro golpe; b) trabajó la mente de muchos de los militares cercanos a Noriega, quienes conspiraron en varias ocasiones para sacarlo del poder; c) ese trabajo previo, surtió sus efectos cuando una buena proporción de los jefes de zona y cuarteles de la institución armada se rindieron sin ofrecer resistencia a los invasores, d) hubo resistencia inicial por parte de la tropa y algunos pocos oficiales, pero al no contar con la autoridad y dirección del comando, ni con los pertrechos necesarios, desistieron al combate.
La conducción política del General Noriega fue errada durante el período previo, pero también durante y después de la invasión y su figura se convirtió en pretexto para que el gobierno de los Estados Unidos cometiera en Panamá los excesos conocidos. Antes de la invasión, no fue capaz de reconocer que la correlación nacional e internacional le era adversa, que los pueblos norteamericanos y panameños rechazaban su liderazgo, que sus cuadros institucionales conspiraban contra él y que elite política estadounidense estaba perdiendo imagen, en un momento crucial para sus intereses hegemónicos en el mundo. Durante la invasión no ocupó el rol que le correspondía como comandante y después, ya preso en Estados Unidos, quedó desautorizado por el peso de la historia que hace tiempo lo condenó.
Enseñanzas. En su momento, el general Torrijos nos enseñó que frente EU se podía jugar con la cadena, no con el mono. O sea que, cuando la correlación de fuerzas entre dos es tan desigual, el más débil sólo golpea al más fuerte, sin enfrentarlo. Noriega los enfrentó y pagó su error. El ejército de EU aprovechó la coyuntura para liquidar militar y políticamente a las Fuerzas de Defensa de Panamá, que constituían una amenaza al desarrollo del modelo de democracia política vigente.
Moralejas. Cuando se toma la decisión de luchar, se diseña la estrategia tomando en cuenta las fuerzas y debilidades propias y las del adversario, ya que se lucha para ganar o para acumular. La derrota militar infligida no se convirtió en triunfo político, ya que la invasión le restó autoridad a los conservadores norteamericanos, posibilitando que los sectores liberales de ese país y la mayoría de los gobiernos latinoamericanos exigieran el fiel cumplimiento de los Tratados Torrijos- Carter. A pesar de los errores de Noriega, el sacrificio de los mártires del 20 de diciembre de 1989 acumuló a favor de los intereses nacionales y se convirtió en un eslabón importante en el alpinismo generacional que hizo posible lo logrado el 31 de diciembre del año pasado.
A lo nuestro. La acción militar de ese inolvidable diciembre de 1989 estuvo precedida por el fracaso permanente del gobierno estadounidense para sacar del poder al general Noriega. Entre 1987 y 1989 se produjeron sucesivas amenazas de personeros de alto nivel de los Estados Unidos para lograr ese objetivo. Para obtenerlo, los norteamericanos pusieron en práctica un abanico de opciones dirigidas a bloquear nuestra economía, a desprestigiar a Noriega y a su gobierno, a aislarlo internacionalmente y en privado, promovieron varias negociaciones secretas dirigidas a lo mismo. La estrategia fracasó, a pesar de que la base de apoyo político al régimen se debilitaba conforme sus efectos afectaban a la población.
Mas, la imagen de los gobernantes estadounidenses se deterioraba con cada intento fracasado, endureciendo en cada etapa sucesiva el lenguaje contra Noriega, para llegar al extremo de provocarlo con la clásica prepotencia yanqui, que produjo en el estado de ánimo del General su rechazo a cualquier salida política al conflicto. Entonces pasaron a considerar la opción militar, ya que en esos momentos, se empezaba a consolidar en el mundo el proyecto ideológico norteamericanos ( democracia política y economía de mercado), por lo que la derrota por sacar del poder a un "dictadorzuelo" del tercer mundo los dejaba en la mejor expresión de la ridiculez internacional.
La campaña surtió sus efectos en nuestro pueblo, pues percibía que con la salida de Noriega se produciría en Panamá una avalancha de recursos, para salir de una crisis que lo golpeaba por dos años sucesivos. Cuando decidieron invadirnos, la acción fue aplaudida por la mayoría del pueblo estadounidense, por el silencio de la comunidad internacional y por una mezcla de sentimientos extremos- sesgada hacia la aceptación por la esperanza de salir de esas crisis- de parte del pueblo panameño.
El ejército estadounidense programó la invasión, tomando estas medidas para minimizar sus bajas: a) implementó un operativo de inteligencia, que hizo de Noriega un comandante sin tropas elites equipadas, ya que el mismo mandó a desarmarlas por temor a otro golpe; b) trabajó la mente de muchos de los militares cercanos a Noriega, quienes conspiraron en varias ocasiones para sacarlo del poder; c) ese trabajo previo, surtió sus efectos cuando una buena proporción de los jefes de zona y cuarteles de la institución armada se rindieron sin ofrecer resistencia a los invasores, d) hubo resistencia inicial por parte de la tropa y algunos pocos oficiales, pero al no contar con la autoridad y dirección del comando, ni con los pertrechos necesarios, desistieron al combate.
La conducción política del General Noriega fue errada durante el período previo, pero también durante y después de la invasión y su figura se convirtió en pretexto para que el gobierno de los Estados Unidos cometiera en Panamá los excesos conocidos. Antes de la invasión, no fue capaz de reconocer que la correlación nacional e internacional le era adversa, que los pueblos norteamericanos y panameños rechazaban su liderazgo, que sus cuadros institucionales conspiraban contra él y que elite política estadounidense estaba perdiendo imagen, en un momento crucial para sus intereses hegemónicos en el mundo. Durante la invasión no ocupó el rol que le correspondía como comandante y después, ya preso en Estados Unidos, quedó desautorizado por el peso de la historia que hace tiempo lo condenó.
Enseñanzas. En su momento, el general Torrijos nos enseñó que frente EU se podía jugar con la cadena, no con el mono. O sea que, cuando la correlación de fuerzas entre dos es tan desigual, el más débil sólo golpea al más fuerte, sin enfrentarlo. Noriega los enfrentó y pagó su error. El ejército de EU aprovechó la coyuntura para liquidar militar y políticamente a las Fuerzas de Defensa de Panamá, que constituían una amenaza al desarrollo del modelo de democracia política vigente.
Moralejas. Cuando se toma la decisión de luchar, se diseña la estrategia tomando en cuenta las fuerzas y debilidades propias y las del adversario, ya que se lucha para ganar o para acumular. La derrota militar infligida no se convirtió en triunfo político, ya que la invasión le restó autoridad a los conservadores norteamericanos, posibilitando que los sectores liberales de ese país y la mayoría de los gobiernos latinoamericanos exigieran el fiel cumplimiento de los Tratados Torrijos- Carter. A pesar de los errores de Noriega, el sacrificio de los mártires del 20 de diciembre de 1989 acumuló a favor de los intereses nacionales y se convirtió en un eslabón importante en el alpinismo generacional que hizo posible lo logrado el 31 de diciembre del año pasado.