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¿Entonces, quién fue?


El fallo emitido por el Tribunal Segundo Superior en el que se sobreseyó a Kenneth Brown y Gioconda Véliz, acusados del asesinato del inspector Franklin Brewster, Jefe de la extinta UEIS, confirma que la Procuraduría hizo una investigación superficial y accidentada de la muerte de uno de sus propios hombres enfrentado al crimen organizado.

La decisión de los tribunales se basó en la poca o nula vinculación de los acusados y el delito que se les imputaba.

El expediente de 16 tomos que permaneció en las fiscalías por más de 18 meses volvió a su génesis; un asesinato sin responsables y con muy pocas probabilidades que de entre las cenizas en que se transformó el cuerpo del inspector, resurjan pistas capaces de aclarar lo básico en cualquier pesquisa criminal; quién, cómo, cuándo y por qué.

Peor aún es el daño causado a los detectives que estuvieron tras las rejas por 20 meses acusados por una institución que se jacta de acatar "el debido proceso".

Los hoy inocentes detectives tienen las de ganar si presentan una demanda contra el Estado por la injusticia de la que fueron objeto. Ni hablar de las significativas y sensitivas explicaciones que nos adeuda la Procuraduría, que probablemente aún no se haya percatado que el asesinato del inspector Brewster representa un atentado contra la institución, no sólo contra un hombre.

Con esta visión minimalista se buscó convencer a los panameños, al FBI, a la DEA y a la Embajada de Estados Unidos, que se tenía a los culpables de un simple delito; envenenar la comida del jefe.

101 años de Panamá América

 
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