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Entran millonarios y salen?


Han sido pocos los ex presidentes de Panamá que ocuparon el solio presidencial y a quienes se les pueda aplicar el reciente acuñado dicho de que: "Entran pobres y salen millonarios". De quien la historia refiere que entró a la Presidencia pobre y murió siendo pobre, fue el Dr. Belisario Porras, figura egregia aún no superada por sus preclaras ideas de auténtico populismo y solidaridad social, auténtico reformista de la legislación y consagrado arquitecto de la institucionalidad del Estado panameño.

Los más recientes presidentes de la República, veamos: Don Guillermo Endara Galimany, hasta donde conocemos, no es ningún limpio y tampoco requiere la ayuda de patronato alguno que luche contra la pobreza; el Dr. Ernesto Pérez Balladares, tampoco entró siendo ningún limpio, y aún cuando en algún momento haya sido cuestionada su fortuna, por imperio del Derecho, debemos darle el crédito de presunción de buena fe en la adquisición de ella merced al trabajo y el esfuerzo propios; Doña Mireya Moscoso es una dama que flota en millones merced al patrimonio heredado y su habilidad para preservar los negocios cafetaleros de su extinto esposo el Dr. Arnulfo Arias Madrid. Si hablamos de Martín Torrijos, debemos recordar que en plena campaña política se dio a conocer que se trataba de un empresario que se dedicaba a las construcciones en Panamá y aún no ha salido de la Presidencia.

Luego, ¿cómo debemos entender el dicho de que "entran pobres y salen millonarios"? Tendrá esa frase algún específico destinatario en nuestro medio? Desde luego, y quede claro, que de Belisario Porras no estamos hablando. ¿Y qué decir de los empresarios que desde afuera acrecientan sus fortunas merced a los grandes negociados que hacen con el Estado y como si fueran chupacabras?

Creemos que la referencia de que "entran pobres y salen millonarios" hay que aplicarla a quienes ocupando posiciones cimeras, claves en la administración gubernamental, han usado el poder para acrecentar sus arcas privadas y hacer cuantos negocios puedan y que estén relacionados con sus intereses personales.

La pregunta del millón: ¿Lanzará la primera piedra quien se encuentre libre de pecado? Al parecer, no es pecado ser millonario a como también es cierto que "nadie quiere ser pobre". El pecado de tener millones consiste en otra cosa: adquirirlos de modo ilícito y convertir la fortuna en nuestro dios a idolatrar y pasearnos por el país que nos vio nacer, ante nuestra propia gente, en son de soberbia, de vanidad extrema y estar convencidos que todos los pobres nos verán como "los salvadores de la Patria", "que somos únicos y exclusivos", "esencia costosa de perfume Chanel o Cartier".

Acaso podemos soslayar la idea, sustentada por célebres analistas de la Ciencia Política, de que el proceso de formación originario de las grandes fortunas oligarcas de América Latina -incluidas las panameñas- pasa por considerar, muy especialmente, el hecho de que se gestaron, nacieron, merced a negocios hechos con el Estado y muchos de esos negocios fueron muy turbios.

Pensar en que "entran pobres y salen millonarios", tiene una contrapartida: "Entran millonarios y nunca saldrán pobres". Pero lo que más nos llama la atención es que a muchos de los que se le podría aplicar la tautología indicada se encuentran en los ejércitos políticos de los que proponen "un gran cambio".

101 años de Panamá América

 
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