Entre aftosa y vacas locas
En Europa, el consumo ha caído en 30%, mientras las autoridades de sanidad agropecuaria discuten la adopción de medidas cada vez más draconianas tendientes a bajar la edad del masivo sacrificio del ganado en pie. Los animales son muertos y luego incinerados en la misma región donde se encuentra. Sólo en Francia hay afectados cerca de 40 mil productores.
Como si fuera poco, los científicos han advertido del riesgo de transmisión del mal a las ovejas. Y en Inglaterra, donde se descubrió hace unos cinco años la enfermedad, apareció ahora un fulminante brote de aftosa, la misma que en 1997 ocasionó el sacrificio de medio millón de cabezas de bovinos, con la variante que en esta ocasión ataca también al ganado porcino. Aquello es un pandemónium. Los fondos de ayuda a los agricultores están en quiebra, mientras las pestes se extienden.
Panamá ha estado hasta ahora libre de fiebre aftosa y de la enfermedad de las vacas locas. Pero igual que en el pasado, es necesario extremar medidas, coordinando con los países vecinos, Colombia y Centroamérica. Hasta ahora, el Tapón del Darién si bien no nos ha mantenido a salvo de la inmigración ilegal y la guerra colombiana, ha servido para detener en ese punto la aftosa. Esa es precisamente una de las razones para no romperlo y continuar la Panamericana hacia América del Sur. Estados Unidos en particular considera de hecho ese punto como su frontera sanitaria ganadera austral. Pero existe la realidad de que cada vez es más permeable.
Insistimos por tanto que, entre las medidas inmediatas, se prohíba la importación de embutidos, jamones, chorizos, patés y demás productos cárnicos provenientes de Europa, incluyendo los que traen algunos panameños de ascendencia española desde la Madre Patria. Puede parecer antipático; pero hasta tanto se aclare el panorama, es preferible pecar por exceso de prevención que por su falta. En caso inverso, ellos harían lo mismo y hasta peor.
Como si fuera poco, los científicos han advertido del riesgo de transmisión del mal a las ovejas. Y en Inglaterra, donde se descubrió hace unos cinco años la enfermedad, apareció ahora un fulminante brote de aftosa, la misma que en 1997 ocasionó el sacrificio de medio millón de cabezas de bovinos, con la variante que en esta ocasión ataca también al ganado porcino. Aquello es un pandemónium. Los fondos de ayuda a los agricultores están en quiebra, mientras las pestes se extienden.
Panamá ha estado hasta ahora libre de fiebre aftosa y de la enfermedad de las vacas locas. Pero igual que en el pasado, es necesario extremar medidas, coordinando con los países vecinos, Colombia y Centroamérica. Hasta ahora, el Tapón del Darién si bien no nos ha mantenido a salvo de la inmigración ilegal y la guerra colombiana, ha servido para detener en ese punto la aftosa. Esa es precisamente una de las razones para no romperlo y continuar la Panamericana hacia América del Sur. Estados Unidos en particular considera de hecho ese punto como su frontera sanitaria ganadera austral. Pero existe la realidad de que cada vez es más permeable.
Insistimos por tanto que, entre las medidas inmediatas, se prohíba la importación de embutidos, jamones, chorizos, patés y demás productos cárnicos provenientes de Europa, incluyendo los que traen algunos panameños de ascendencia española desde la Madre Patria. Puede parecer antipático; pero hasta tanto se aclare el panorama, es preferible pecar por exceso de prevención que por su falta. En caso inverso, ellos harían lo mismo y hasta peor.