Entre coimas y sobornos
Si en el Padrenuestro pedimos que Dios nos libre de la tentación, por algo será. En nuestro país hay hombres y mujeres decentes que sueñan con la llegada de la "bienandanza" en el que no hubiera ni enfermedades, ni pobreza, ni hambre, ni limitaciones, ni divisiones, ni coimas, ni sobornos. Anhelan ver a Panamá entero transformarse mágicamente en el paraíso terrenal. Aunque, sólo sea un sueño alucinante, éste debe seguir vivo y se debe sentir con más vigor que nunca.
Sin embargo, la realidad es otra. Lo que hay, lo que se observa y lo que se siente en materia de justicia es desilusión frente al bienestar que no borra su pobreza, a la libertad que no quita su esclavitud y a una cultura deshumanizante que no despeja su incertidumbre. Esta cultura deshumanizante tiene un efecto dañino en nuestras vidas de alguna forma y produce una profunda consternación. Es así, que creo se ha de sentir Ana Matilde Gómez, Procuradora de la Nación, cuando expresa que quisiera limpiar de una vez por todas lo sucio que hay dentro del ministerio que ella dirige. Su intención es buena y, crea seguridad. Lo triste es, que por cosas de la casualidad, ella tenga que abandonar su gestión porque molesta a los poderosos. He aquí el peligro debido a su honestidad y rectitud.
Todo aquel que acepta coimas y sobornos como su modo de operar, no tiene jefe, ni reglas, ni doctrina fija, y mucho menos autocontrol en su forma de ver, de pensar y de actuar al momento de realizar su trabajo como funcionario público. Es aquel sujeto que inclusive usa un lenguaje seductor y poco confiable para expresar ideas contrarias a los principios morales, éticos y de civismo. Sus ideas están tan arraigadas hacia el culto del engaño que no existe para él, ni el bien ni el mal. Los métodos que utiliza lo encierran en su egoísmo, y lo impulsan hacia un absolutismo impersonal en que hace caso omiso al remordimiento y, que da origen a un desencanto generalizado, insensible a las exigencias éticas, según las cuales la dignidad de la persona no es un valor superior. Simplemente nos encontramos ante una visión deformada del hombre a cambio de una cantidad de dinero.
La corrupción, es el nombre genérico que damos a los pagos, que incluye desde formas multimillonarias (vinculadas, a menudo, a grandes obras públicas, privatizaciones, contratos de suministro, etc., y no raramente relacionadas con actuaciones mafiosas de gobiernos, políticos y funcionarios), hasta los llamados "pagos de facilitación" (por ejemplo, para que despachen en aduanas en un par de días lo que, de otro modo, tardaría un mes), sin olvidar el vidrioso mundo de las comisiones, regalos y atenciones.
Sus formas principales son la extorsión, cuando un agente vinculado a una empresa u oficina pública pide, de forma más o menos declarada, un pago o regalo para conceder algo, y el soborno, cuando la iniciativa la toma la otra parte.
Por desgracia, el problema es muy frecuente, y no sólo en países como el nuestro, que son los que se llevan la mala fama. La imagen de la ingenua empresa occidental sorprendida en su buena fe por un político corrupto es tan irreal como la del pobre funcionario de un país subdesarrollado tentado por una poderosa multinacional. Corromper y dejarse corromper no es cuestión de nivel de renta, sino de la combinación de oportunidad, beneficio, riesgo de detección y cuantía del castigo, además de formación y talante moral. Si el riesgo de detección es pequeño, y el castigo improbable y ligero, la corrupción está servida, a menos que nos comportemos de acuerdo con rigurosos criterios morales. Pero, ¿todos son corruptos? No, por supuesto. La corrupción se extiende con facilidad, cuando las ocasiones son muchas, los beneficios elevados, y los riesgos pequeños. Y cuando vemos que, a nuestro alrededor, otros sucumben, creando un ambiente de permisividad. "Todos lo hacen... no hay nada malo en eso, .. si yo no lo hago, otro lo hará.. son las reglas del juego". Ser honrado puede salir "muy caro", en términos de ingresos, carrera y oportunidades en la vida, a no ser que uno se apoye en convicciones firmes y viva en un ambiente en que la honradez sea la regla y la rectitud fuente de voluntad y de autocontrol.
(gemiliani@cableonda.net)
Algunas muy confiadas aseguran que más que preocupación, en su mente hay resignación y tranquilidad, pues lucharán por que sus familiares reciban un buen trato mientras estén en las Cárceles La Joya y La Joyita.
1. El transporte parece una lata de sardina, ya que hay pocas unidades que ofrecen el servicio.
2. Según las normas, los familiares de los detenidos deben llevar ropa que no llame la atención y se permite llevar sólo utensilios que se indican en una lista.
3. Tanto el agua, las comidas y accesorios de uso personal son revisados cuidadosamente para evitar filtraciones de armas o droga.
4. La visita comienza a regir una vez el detenido está frente a su familiar.
5 y 6. Terminado el periodo de visita llega la despedida en la que se repite el via crucis del retorno a casa.
Sin embargo, la realidad es otra. Lo que hay, lo que se observa y lo que se siente en materia de justicia es desilusión frente al bienestar que no borra su pobreza, a la libertad que no quita su esclavitud y a una cultura deshumanizante que no despeja su incertidumbre. Esta cultura deshumanizante tiene un efecto dañino en nuestras vidas de alguna forma y produce una profunda consternación. Es así, que creo se ha de sentir Ana Matilde Gómez, Procuradora de la Nación, cuando expresa que quisiera limpiar de una vez por todas lo sucio que hay dentro del ministerio que ella dirige. Su intención es buena y, crea seguridad. Lo triste es, que por cosas de la casualidad, ella tenga que abandonar su gestión porque molesta a los poderosos. He aquí el peligro debido a su honestidad y rectitud.
Todo aquel que acepta coimas y sobornos como su modo de operar, no tiene jefe, ni reglas, ni doctrina fija, y mucho menos autocontrol en su forma de ver, de pensar y de actuar al momento de realizar su trabajo como funcionario público. Es aquel sujeto que inclusive usa un lenguaje seductor y poco confiable para expresar ideas contrarias a los principios morales, éticos y de civismo. Sus ideas están tan arraigadas hacia el culto del engaño que no existe para él, ni el bien ni el mal. Los métodos que utiliza lo encierran en su egoísmo, y lo impulsan hacia un absolutismo impersonal en que hace caso omiso al remordimiento y, que da origen a un desencanto generalizado, insensible a las exigencias éticas, según las cuales la dignidad de la persona no es un valor superior. Simplemente nos encontramos ante una visión deformada del hombre a cambio de una cantidad de dinero.
La corrupción, es el nombre genérico que damos a los pagos, que incluye desde formas multimillonarias (vinculadas, a menudo, a grandes obras públicas, privatizaciones, contratos de suministro, etc., y no raramente relacionadas con actuaciones mafiosas de gobiernos, políticos y funcionarios), hasta los llamados "pagos de facilitación" (por ejemplo, para que despachen en aduanas en un par de días lo que, de otro modo, tardaría un mes), sin olvidar el vidrioso mundo de las comisiones, regalos y atenciones.
Sus formas principales son la extorsión, cuando un agente vinculado a una empresa u oficina pública pide, de forma más o menos declarada, un pago o regalo para conceder algo, y el soborno, cuando la iniciativa la toma la otra parte.
Por desgracia, el problema es muy frecuente, y no sólo en países como el nuestro, que son los que se llevan la mala fama. La imagen de la ingenua empresa occidental sorprendida en su buena fe por un político corrupto es tan irreal como la del pobre funcionario de un país subdesarrollado tentado por una poderosa multinacional. Corromper y dejarse corromper no es cuestión de nivel de renta, sino de la combinación de oportunidad, beneficio, riesgo de detección y cuantía del castigo, además de formación y talante moral. Si el riesgo de detección es pequeño, y el castigo improbable y ligero, la corrupción está servida, a menos que nos comportemos de acuerdo con rigurosos criterios morales. Pero, ¿todos son corruptos? No, por supuesto. La corrupción se extiende con facilidad, cuando las ocasiones son muchas, los beneficios elevados, y los riesgos pequeños. Y cuando vemos que, a nuestro alrededor, otros sucumben, creando un ambiente de permisividad. "Todos lo hacen... no hay nada malo en eso, .. si yo no lo hago, otro lo hará.. son las reglas del juego". Ser honrado puede salir "muy caro", en términos de ingresos, carrera y oportunidades en la vida, a no ser que uno se apoye en convicciones firmes y viva en un ambiente en que la honradez sea la regla y la rectitud fuente de voluntad y de autocontrol.
(gemiliani@cableonda.net)
Algunas muy confiadas aseguran que más que preocupación, en su mente hay resignación y tranquilidad, pues lucharán por que sus familiares reciban un buen trato mientras estén en las Cárceles La Joya y La Joyita.
1. El transporte parece una lata de sardina, ya que hay pocas unidades que ofrecen el servicio.
2. Según las normas, los familiares de los detenidos deben llevar ropa que no llame la atención y se permite llevar sólo utensilios que se indican en una lista.
3. Tanto el agua, las comidas y accesorios de uso personal son revisados cuidadosamente para evitar filtraciones de armas o droga.
4. La visita comienza a regir una vez el detenido está frente a su familiar.
5 y 6. Terminado el periodo de visita llega la despedida en la que se repite el via crucis del retorno a casa.