Entre el anhelo y la realidad
Estimo que lo que anhelaba la actual mandataria, señora Mireya Moscoso, durante la campaña electoral por alcanzar el poder, ya que muchas de sus promesas se afincaban sobre sus anhelos, era el de mejorar en toda su extensión las condiciones sociales y económicas de nuestro país, compenetrada como estaba en sus largos peregrinajes en la campiña interiorana, en los lugares más remotos de nuestra geografía, así como en las áreas citadinas y suburbanas.
Naturalmente, muchos de sus proyectos encaminados a hacerlos realidad en el poder se sustentaban en estudios sesudos de sus más cercanos colaboradores, pero otros, que debían ser contactados con la realidad del timón de mando en sus manos, podrían tardar en su cristalización, lo cual la compromete en un incumplimiento, que mantiene exasperados a grandes sectores populares.
Con todo, estimo que la actual Presidenta de la República, realiza los mayores empeños por salir adelante en su administración, a casi un año de haberse iniciado en condiciones muy difíciles.
Su administración no puede calificarse de obcecada y, un ejemplo de que ha mantenido el diálogo, es el hecho de que tras unas negociaciones con los gremios educativos, se está aproximando a un acuerdo que puede resultar satisfactorio para ambas partes.
Un hueso duro que por el momento tiene en el zapato, es la demanda de los obreros por alcanzar un salario decente que se adecúe en lo posible a sus más apremiantes necesidades personales y familiares.
De lo que se trata es que esencialmente los trabajadores de la construcción no pueden seguir devengando un salario tan bajo, trabajando la mayoría de las veces sin los elementos esenciales de seguridad, con las consecuencias trágicas que ante los hechos todos lamentamos.
Somos los primeros en desear que nuestras calles y avenidas no sean obstruidas con las protestas que generalmente ocurrió, ya que ello conlleva en perjuicio generalizado, pero de lo que se trata es de quienes en sus manos tienen el poder, en este caso concreto del salario mínimo, suscriban un acuerdo justo y no tranquen las soluciones y ningún temor debe sentir la empresa privada en dar su aval a un salario más humano, ya que los dineros siempre revierten a sus cajas registradoras.
En consecuencia, antes que aplicar medidas de fuerza con miras a evitar estas manifestaciones, lo que se debe hacer desde las alturas del poder, es apresurar la solución justa al problema, concurrir a la mesa de negociaciones, no para oír engaños a los trabajadores, sino para presentar propuestas serias y razonales, conforme a la dignidad humana.
No debe olvidarse por otra parte lo que en una de sus columnas periodísticas Manuel Celestino González, "Gonzalito", expresó: "Los obreros construyen los grandes palacios, pero tienen por techo para dormir, el cielo y las estrellas".
Naturalmente, muchos de sus proyectos encaminados a hacerlos realidad en el poder se sustentaban en estudios sesudos de sus más cercanos colaboradores, pero otros, que debían ser contactados con la realidad del timón de mando en sus manos, podrían tardar en su cristalización, lo cual la compromete en un incumplimiento, que mantiene exasperados a grandes sectores populares.
Con todo, estimo que la actual Presidenta de la República, realiza los mayores empeños por salir adelante en su administración, a casi un año de haberse iniciado en condiciones muy difíciles.
Su administración no puede calificarse de obcecada y, un ejemplo de que ha mantenido el diálogo, es el hecho de que tras unas negociaciones con los gremios educativos, se está aproximando a un acuerdo que puede resultar satisfactorio para ambas partes.
Un hueso duro que por el momento tiene en el zapato, es la demanda de los obreros por alcanzar un salario decente que se adecúe en lo posible a sus más apremiantes necesidades personales y familiares.
De lo que se trata es que esencialmente los trabajadores de la construcción no pueden seguir devengando un salario tan bajo, trabajando la mayoría de las veces sin los elementos esenciales de seguridad, con las consecuencias trágicas que ante los hechos todos lamentamos.
Somos los primeros en desear que nuestras calles y avenidas no sean obstruidas con las protestas que generalmente ocurrió, ya que ello conlleva en perjuicio generalizado, pero de lo que se trata es de quienes en sus manos tienen el poder, en este caso concreto del salario mínimo, suscriban un acuerdo justo y no tranquen las soluciones y ningún temor debe sentir la empresa privada en dar su aval a un salario más humano, ya que los dineros siempre revierten a sus cajas registradoras.
En consecuencia, antes que aplicar medidas de fuerza con miras a evitar estas manifestaciones, lo que se debe hacer desde las alturas del poder, es apresurar la solución justa al problema, concurrir a la mesa de negociaciones, no para oír engaños a los trabajadores, sino para presentar propuestas serias y razonales, conforme a la dignidad humana.
No debe olvidarse por otra parte lo que en una de sus columnas periodísticas Manuel Celestino González, "Gonzalito", expresó: "Los obreros construyen los grandes palacios, pero tienen por techo para dormir, el cielo y las estrellas".