“Entre el juega vivo y el chupa y olvida”
El tema de los valores en nuestra sociedad panameña ocupa un lugar de relevancia, no por lo que representan sino porque pareciera ser la mejor forma de justificar aspectos de la crisis social por la que estamos pasando. Esto es tan cierto que cuando nos referimos a la crisis en la familia hay quienes justifican que es por la pérdida de valores; cuando nos referimos a la violencia entre los estudiantes es porque no tienen valores; cuando los medios de comunicación proyectan cualquier cosa que afecte la moral es porque no les interesan los valores; cuando la sociedad se resuelve a puñetes es porque no hay valores y cuando los políticos y los empresarios cometen actos de corrupción es porque no tienen valores. En fin todos estos problemas se resuelven con la fórmula mágica que muchos la llaman “Rescate de valores”.
Para esto se han diseñado y puesto en marcha todo tipo de estrategias como son “campañas, concursos, programas, cursos”. La intención de todas estas estrategias es ir al rescate de los valores, ya que deben estar atrapados por algún ser monstruoso. Por otro lado, hay quienes han emprendido la búsqueda cual “Indiana Jones en busca de los valores perdidos” (Buen título para la secuela de la película).
Los valores son praxis; es decir, práctica no teoría, ni están perdidos ni hay que rescatarlos, se tienen o no se tienen. Hay quienes piensan que leyendo un manual, tomando un curso u oyendo consejos se transmiten los valores. La mala noticia es que están mal, ya que se ha comprobado la comprobación de la contradicción existente entre la que se predica y lo que se practica en esta sociedad. Hace ya varios años surge en nuestro país una frase que se podría decir que rige nuestras vidas “panameño juega vivo”.
El juega vivo en la vida del panameño se ha convertido en un valor que nos mantiene precisamente vivos. Es prácticamente la encomienda diaria de la mamá al hijo, del empleado, del empresario, del conductor, del policía, del delincuente, del esposo y la esposa, del que cruza la calle, de los gobernantes, etc. Si queremos ser más precisos podríamos decir que en el juega vivo se encierran los valores actuales. Con él podemos saber cuándo es bueno o malo decir la verdad, ser fieles, justos, leales, solidarios, amar, destacar, ganar, dar, sacar ventaja del otro sin sentirnos mal. Y todo esto porque el otro “jugó muerto” (quién lo manda).
El juega vivo como valor es también un estilo de vida, que va acompañado de elementos y prácticas de nuestra cultura popular.
Un elemento que juega un papel importante en nuestra cultura es el alcohol. Si observamos con detenimiento, el alcohol o “guaro” está presente en diversas etapas de nuestra vida.
Lo encontramos cuando nacemos, en los bautizos, en los cumpleaños, en las graduaciones, en el matrimonio, en el divorcio, en el velorio, en los reinados de todo tipo clase, colores, sexo y tamaño, en las fiestas patronales y nacionales.
En la actualidad, al parecer los panameños hemos encontrado la fórmula para enfrentar la crisis económica, política, social, cultura, educativa, laboral y recreativa y no es precisamente mediante la participación ciudadana y mucho menos por medio de la protesta propositiva. Esta fórmula muy panameña consiste en la suma de los elementos del juega vivo + alcohol.
Recientemente salió publicada una noticia que dice que el consumo de alcohol ha aumentado en 2.1 millones de litros, destacándose la cerveza y el seco. Hay quienes explican este aumento como la respuesta que tienen los panameños jóvenes y adultos, hombres y mujeres para ahogar los problemas, manejar el estrés y relajarse. Los fines de semana no escapa lugar de cualquier clase social en donde el bullicio y el consumo de alcohol no impere; lamentablemente esto es más visible en los barrios populares, que al parecer, tienen más problemas para ahogar.
Resultados como éstos, junto con el juega vivo, explican el porqué hay quienes llamamos a Panamá “el país del no pasa nada”. La respuesta es simple y es que los panameños estamos ocupados en el juega vivo, y en el chupa y olvida.
Una sociedad egoísta, embobecida por el alcohol, el pan y el circo, está condenada a la mediocridad, por lo que difícilmente podremos superar como pueblo la crisis que enfrentamos. Es importante retomar nuestro proyecto de vida como nación y juntos con los valores que no están ni perdidos, ni hay que rescatarlos enrumbemos el país hacia el desarrollo económico, social, político, educativo, cultural y recreativo que todos nos merecemos.
Para esto se han diseñado y puesto en marcha todo tipo de estrategias como son “campañas, concursos, programas, cursos”. La intención de todas estas estrategias es ir al rescate de los valores, ya que deben estar atrapados por algún ser monstruoso. Por otro lado, hay quienes han emprendido la búsqueda cual “Indiana Jones en busca de los valores perdidos” (Buen título para la secuela de la película).
Los valores son praxis; es decir, práctica no teoría, ni están perdidos ni hay que rescatarlos, se tienen o no se tienen. Hay quienes piensan que leyendo un manual, tomando un curso u oyendo consejos se transmiten los valores. La mala noticia es que están mal, ya que se ha comprobado la comprobación de la contradicción existente entre la que se predica y lo que se practica en esta sociedad. Hace ya varios años surge en nuestro país una frase que se podría decir que rige nuestras vidas “panameño juega vivo”.
El juega vivo en la vida del panameño se ha convertido en un valor que nos mantiene precisamente vivos. Es prácticamente la encomienda diaria de la mamá al hijo, del empleado, del empresario, del conductor, del policía, del delincuente, del esposo y la esposa, del que cruza la calle, de los gobernantes, etc. Si queremos ser más precisos podríamos decir que en el juega vivo se encierran los valores actuales. Con él podemos saber cuándo es bueno o malo decir la verdad, ser fieles, justos, leales, solidarios, amar, destacar, ganar, dar, sacar ventaja del otro sin sentirnos mal. Y todo esto porque el otro “jugó muerto” (quién lo manda).
El juega vivo como valor es también un estilo de vida, que va acompañado de elementos y prácticas de nuestra cultura popular.
Un elemento que juega un papel importante en nuestra cultura es el alcohol. Si observamos con detenimiento, el alcohol o “guaro” está presente en diversas etapas de nuestra vida.
Lo encontramos cuando nacemos, en los bautizos, en los cumpleaños, en las graduaciones, en el matrimonio, en el divorcio, en el velorio, en los reinados de todo tipo clase, colores, sexo y tamaño, en las fiestas patronales y nacionales.
En la actualidad, al parecer los panameños hemos encontrado la fórmula para enfrentar la crisis económica, política, social, cultura, educativa, laboral y recreativa y no es precisamente mediante la participación ciudadana y mucho menos por medio de la protesta propositiva. Esta fórmula muy panameña consiste en la suma de los elementos del juega vivo + alcohol.
Recientemente salió publicada una noticia que dice que el consumo de alcohol ha aumentado en 2.1 millones de litros, destacándose la cerveza y el seco. Hay quienes explican este aumento como la respuesta que tienen los panameños jóvenes y adultos, hombres y mujeres para ahogar los problemas, manejar el estrés y relajarse. Los fines de semana no escapa lugar de cualquier clase social en donde el bullicio y el consumo de alcohol no impere; lamentablemente esto es más visible en los barrios populares, que al parecer, tienen más problemas para ahogar.
Resultados como éstos, junto con el juega vivo, explican el porqué hay quienes llamamos a Panamá “el país del no pasa nada”. La respuesta es simple y es que los panameños estamos ocupados en el juega vivo, y en el chupa y olvida.
Una sociedad egoísta, embobecida por el alcohol, el pan y el circo, está condenada a la mediocridad, por lo que difícilmente podremos superar como pueblo la crisis que enfrentamos. Es importante retomar nuestro proyecto de vida como nación y juntos con los valores que no están ni perdidos, ni hay que rescatarlos enrumbemos el país hacia el desarrollo económico, social, político, educativo, cultural y recreativo que todos nos merecemos.