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Entre la eficiencia y la deficiencia


La definición conceptual del objetivo central de los servicios de la Caja de Seguro Social está planteada en forma errónea. El dilema no consiste en que la CSS sea solidaria o privatista. El verdadero dilema se concentra entre la eficiencia y la deficiencia. Por no haber esclarecido la raíz fundamental de la creación del sistema de seguridad social panameño, los directivos han perdido el rumbo, enzarzándose en debates de carácter ideológico, cuando lo que debieron hacer en el pasado y, deben seguir buscando, en el presente es garantizarle un servicio eficiente a los asegurados, desde el punto de vista de la asistencia médica y la cobertura de pensiones.
Si se le preguntara al medio millón de asegurados y sus parientes qué esperan de la CSS, la respuesta mayoritaria sería una atención eficiente, dada la situación calamitosa de los servicios. En términos de seguridad social, eficiencia es sinónimo de atención médica inmediata, de completo abastecimiento de medicinas, de equipamiento tecnológico adecuado en urología y diabetes, para mencionar a los peores servicios, de financiamiento realista y garantizado en el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte. En resumen, los asegurados reclamarían un servicio social radicalmente distinto al existente, donde los pacientes deben esperar semanas o meses para ser atendidos por los médicos, de un servicio de farmacia en el que lo corriente es oír "no hay, venga otro día", en el que los cuartos de urgencia de la Especializada, verbigracia, son hacinamientos de enfermos que esperan horas para ser atendidos entre gemidos y lágrimas de dolor.
Por otro lado, si se insistiera en debatir, en términos ideológicos, el sistema de administración de la CSS, hay que empezar por adelantar que los fondos financieros que la nutren proceden de tres fuentes que vienen de la empresa privada: los salarios de los empleados y trabajadores, las empresas privadas y el aporte estatal respaldado por los ingresos tributarios que extrae de empleados y compañías. En definitiva, es la empresa privada la que sostiene el funcionamiento económico de la seguridad social. Sin empresa privada, sin sueldos, sin impuestos, no existe la CSS. Se habla de solidaridad con una semántica política ambigua, puesto que, en verdad, esa definición de la solidaridad equivale a burocracia estatizante, a una especie de manejo ministerial del sistema, con los vicios y lacras que se conocen y padecen.
Son muy pocos los asegurados que se inclinan por un servicio de salud mercantilista y costoso, como el de clínicas privadas que persiguen justificadamente costos/beneficios a su inversión. Lo que quieren los asegurados -debería realizarse una encuesta integral para deslindarlo- es excelencia médica, tecnológica y administrativa. Esperamos que la encuesta se haga cuanto antes.
La izquierda colombiana quedó tercera en las elecciones con poco más del 5%. Los sindicatos allí no son una fuerza mayoritaria. La guerrilla tiene peso en diversas regiones, pero no cuenta con una masiva aprobación popular. En Bolivia la izquierda sale de su marginalidad apareciendo a la cabeza de sindicatos muy fuertes y con una masiva base social, particularmente en las comunidades y las grandes urbes andinas. Uribe apostará por sacar a Colombia de sus crisis eco-social mediante una administración muy dura que derrote a la subversión armada. En Bolivia, es posible que el nuevo presidente no acabe su mandato quinquenal y que el país pueda entrar en un estallido social. La oposición armada colombiana quisiera una revolución a la cubana, aunque en 40 años no ha podido hacerla. La oposición izquierdista boliviana puede llegar a producir un cuadro donde se repita una revolución espontánea como la ocurrida hace 50 abriles.
Todo indica que tanto Bolivia como Colombia tendrán presidentes afines, los mismos que contarán con el beneplácito de Washington y las instituciones internacionales afines. Sin embargo, ellos tendrán nuevos desafíos y si no logran consolidarse existe el peligro que se vuelva a situaciones como las de los años 1940, donde ambos países conocieron serios estallidos sociales.
Abdiel Abadía sabe que éste no es el mejor trabajo, pero confía en que algún día la proporción de las ganancias cambie un poco a favor de los palancas.

101 años de Panamá América

 
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