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Entre la urgencia y la suspicacia


DESPUÉS DE CHILE, y alimentada por las IFI, como condición para el otorgamiento de dineros frescos, a las asfixiadas economías de América y del resto del mundo, siguió una ola de reformas a los sistemas de pensiones. Esta ola avanzó en la medida en que los gobiernos entendían que la calificación y clasificación de país de bajo riesgo la recibirían si daban cabida a las reformas de sus sistemas de seguridad social, sólo así se abriría la financiación y canalización de productos de inversión hacia la economía interna. Con esta motivación de fondo y por las crecientes necesidades y demandas de la población, la ola de reformas al sistema de pensiones se extendió, a una gran cantidad de países del mundo, en el lapso de 25 años: desde Suramérica hasta Estados Unidos y de Europa Occidental hasta la Oriental. Valga la pena anotar, que el asesor, en muchas de esos países fue el señor Piñeira, el genio de la reforma chilena llevada a cabo en 1980.
Pero, ¿por qué las reformas se tornaron tan atractivas? En primer lugar, porque abren perspectivas muy halagadoras para la economía, como la obtención de financiamiento externo; y, en segundo lugar, porque a nivel interno representa el movimiento de oportunidades de negocios, en la medida, por ejemplo, en que los fondos públicos de las reservas pasan en su totalidad o en parte, a consorcios de entidades inversoras privadas. Se parte del supuesto de que las reformas a los sistemas de pensiones mejorarían las finanzas de los Estados y los pondrían en condiciones de enfrentar las demandas de la globalización y de mejorar la inversión, en virtud del gran movimiento de capitales.
¿La urgencia de dineros frescos para adosar la inversión interna, sería razón suficiente para que los gobiernos de tantos países se echasen encima el costo político de semejante problema? En el caso de Panamá, considero que el gobierno decidió bandearse con el problema y que le sobró firmeza política, mas se saltó un paso del método, cual fue el devolver el anteproyecto, ese mismo que se envió a la Asamblea, a los grupos y organizaciones sociales y políticas, para que le formularan objeciones y avanzaran recomendaciones. Este paso se saltó. El giro que tomó el proceso dejó todo el espacio para la suspicacia y para pensar en quintas columnas y en cabezas calientes que no están honrando la confianza del Presidente.
Y a propósito de la Ley 17, los expertos sostienen que la manipulación de las variables paramétricas, permitirá, al sistema de pensiones recibir una inyección de efectivo, que le dará vida por, más o menos, cuatro décadas y que de no aplicarse ajustes en los parámetros, el sistema abortará en muy pocos años, debido a la asimetría que se ha producido entre la cantidad de cotizantes activos y el total de pensionados y jubilados que se presentan a ventanilla de cobro cada quincena.
A la par de este supuesto, se plantea que la población está envejeciendo, por el aumento de la esperanza de vida y que la base piramidal crece a un ritmo más lento que los tramos superiores y el vértice, con lo cual es predecible, que los ingresos por masa de cotizantes serán tan bajos que no habrá dinero para pagar a los viejitos y viejitas. Así de simple y dramático. ¿Pero dónde están los estudios y documentos que lo demuestren por qué la pirámide poblacional panameña diverge significativamente de la de Chile, Estados Unidos, España, Alemania o Brasil, países en los cuales se plantea el mismo argumento para sustentar sus reformas que aquí?
En lo personal me hubiera sido muy útil tener respuesta a ésa y a estas preguntas: ¿ No habría sido posible que por los medios de comunicación, se hubiera publicado la estadística del total de pensionados y jubilados, por tramos de edad y el total en balboas que les pagamos por quincena? ¿No sería útil, para calmar los ánimos, que la población cotizante conociese, en una simple gráfica, la curva de los pagos contra la de los ingresos por cotizaciones mensuales de los últimos 10 años? ¿Cuántos jubilados y pensionados han ingresado y cuántos han fallecido en los últimos 10 años?
Sinceramente, considero que faltó información, primero, para formarnos un amplio panorama del problema; y segundo, para sustentar las propuestas de solución. Y como corolario, a las reformas del sistema de pensiones y jubilaciones panameño, le hizo falta lo que ahora, afortunadamente, se está produciendo: el diálogo de la A a la Z, con más serenidad y menos suspicacia. Una materia como ésta, que es de vida y de muerte para las presentes y futuras generaciones, debe ser tratada técnicamente sin pensar en costo político alguno. La suspicacia es muy mala consejera de la paz y el consenso. La democracia no termina en la victoria en las elecciones, allí nace para fortalecerse con la participación ciudadana organizada.

101 años de Panamá América

 
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