Entre los vapores del mal humor
El cronista de boxeo Juan Carlos Tapia reiteró, en su programa pasado, que se opone a la despenalización de la calumnia y la injuria. Él, quien ha sido víctima de estos a quienes considera periodistas sin escrúpulos, piensa que la amenaza de la cárcel es lo único que disuade a los endemoniados calumniadores.
Lo curioso es que en su programa usó como herramientas para su argumento la insidia y la mentira, además demostró ser un ignorante de los fundamentos jurídicos de quienes defendemos el tema de la despenalización en el caso de los funcionarios y las personalidades públicas, aparte que insinuó que lo que queremos es poder tener vía libre para extorsionar.
Tapia, herido en su honor por un anuncio pagado que apareció en este diario, donde se le tildaba de corrupto y aprovechado por una transacción de bienes raíces, dijo saber que "un director" de esta editora fue destituido por la publicación de aquel remitido. El único que ya no es director en esta empresa, aunque sigue siendo amigo y colaborador muy querido, es Octavio Amat.
No puede ser que don Juan Carlos, siendo un hombre de televisión, no sepa que un director editorial, si acaso, se entera al día siguiente de los contenidos publicitarios, cuando en la mesa de redacción se realiza el examen post mortem del diario. Eso significa que Tapia, tal vez a sabiendas de que es imposible que Amat controlara la plataforma de anuncios, reproduce el artificio de la supuesta destitución para echarle a Octavio el sambenito, y hacerle daño.
Sepa el señor Tapia que fue el propio Octavio quien sintió que le había llegado la hora de volver a su despacho, el cual había dejado huérfano durante doce años, mientras se dedicó a fraguar, desde el diario, los valores que también dice defender Juan Carlos: la democracia, la libertad y la igualdad de oportunidades para todos los panameños.
Pésima estrategia la de Juan Carlos Tapia quien, endemoniado por la ira, defiende su reputación empañando la de otros.
Lo curioso es que en su programa usó como herramientas para su argumento la insidia y la mentira, además demostró ser un ignorante de los fundamentos jurídicos de quienes defendemos el tema de la despenalización en el caso de los funcionarios y las personalidades públicas, aparte que insinuó que lo que queremos es poder tener vía libre para extorsionar.
Tapia, herido en su honor por un anuncio pagado que apareció en este diario, donde se le tildaba de corrupto y aprovechado por una transacción de bienes raíces, dijo saber que "un director" de esta editora fue destituido por la publicación de aquel remitido. El único que ya no es director en esta empresa, aunque sigue siendo amigo y colaborador muy querido, es Octavio Amat.
No puede ser que don Juan Carlos, siendo un hombre de televisión, no sepa que un director editorial, si acaso, se entera al día siguiente de los contenidos publicitarios, cuando en la mesa de redacción se realiza el examen post mortem del diario. Eso significa que Tapia, tal vez a sabiendas de que es imposible que Amat controlara la plataforma de anuncios, reproduce el artificio de la supuesta destitución para echarle a Octavio el sambenito, y hacerle daño.
Sepa el señor Tapia que fue el propio Octavio quien sintió que le había llegado la hora de volver a su despacho, el cual había dejado huérfano durante doce años, mientras se dedicó a fraguar, desde el diario, los valores que también dice defender Juan Carlos: la democracia, la libertad y la igualdad de oportunidades para todos los panameños.
Pésima estrategia la de Juan Carlos Tapia quien, endemoniado por la ira, defiende su reputación empañando la de otros.