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Entre manos duras y “romanticismos”


Lejos de ser contradictorias, las posiciones respectivas de los Ministros de la Presidencia y de Gobierno y Justicia, Jimmy Papadimitriu y José Raúl Mulino, se complementan, y ningún romanticismo aflora por ningún lado. Seguramente muchos son los ciudadanos que, colmados de asaltos, robos y crímenes, coincidan con el Premier en la necesidad de aplicar cero tolerancia a los delincuentes. Hay una ciudadanía cansada de que ningún gobierno sea capaz de ponerle freno a los desmanes del crimen organizado, y detrás de las palabras de Mulino se adivina celo y decisión para encarar con el mayor rigor este problema. Pero eso no niega el planteamiento de Papadimitriu cuando habla de la resocialización y de medidas estratégicas de mayor alcance, porque el tema no se resolverá sólo con palos y balas. Es necesario aplicar el mayor esfuerzo en la lucha contra la delincuencia para que los elementos de mal vivir sepan que hay seriedad e inflexibilidad para con sus actos, y que se apliquen al mismo tiempo medidas de carácter social y económico que le quiten agua a los peces del delito. No se puede seguir hablando de los derechos humanos de los asesinos y ladrones, y omitiendo, como se ha hecho, los derechos humanos de las víctimas. Mano fuerte en lo táctico, y energía de largo aliento en lo estratégico. Es necesario que ambos titulares se pongan de acuerdo y que sus aparentes diferencias no sean percibidas como choques irreconciliables o antesala de tormentas mayores.

101 años de Panamá América

 
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