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Entre Panamá y Honduras


Entre Panamá y Honduras existen diferencias obvias como la extensión territorial, cantidad de habitantes, leyes, sistema educativo y otros. Pero, en una cosa sí somos iguales: los que habitan el hermano país son seres humanos iguales que nosotros. Por tanto, como humanos tenemos características parecidas, cualidades y defectos. Cada persona tiene una forma distinta de presentarse ante la vida. Cada uno, aparentemente, tiene sus necesidades y se expresa de acuerdo a un plan determinado. Cada cual necesita transformar, comprender, integrar, y encarnar el aspecto concreto que le acerque cada vez más a su propia Naturaleza.
Las personas no pueden salir de sus propios laberintos creados por las emociones y pensamientos basados en las frustraciones: lo que no llega, lo que no coincide, lo que temen, o lo que llegará. Las estructuras psico-emocionales son la misma cosa: el miedo, la ira, el rencor, la crueldad, la impulsividad y la insensibilidad, etcétera. Estas son manifestaciones contrarias a la naturaleza del ser humano, y el verdadero camino hacia una enfermedad psíquica que puede llevar a una persona hacia la delincuencia. El asunto se agrava cuando el individuo se une a grupos delincuenciales como parte de su existir.
Por otro lado, hay personas que cumplen con sus deberes y obligaciones de forma extraordinaria. Este es el caso de Monseñor Rómulo Emiliani. Quien ha sabido levantar su voz de protesta ante las injusticias. No existe el temor en él de denunciar los agravios en contra de miles de personas que se ven a diario sumidos ante la indiferencia de algunos cuantos. Como persona comprometida es generosa, busca como dar afecto, cariño, esfuerzo, y bienestar... en otras palabras, va más allá de lo que supone en principio el deber contraído. Es feliz con lo que hace hasta el punto de no ver el compromiso como una carga, sino como el medio ideal para ayudar al necesitado.
En muchas ocasiones caemos en actitudes que restan mérito a todo lo bueno que una persona hace. Esta forma de ser demuestra poco carácter y fortaleza interior, cuando no, un medio para evadir responsabilidades. Este es el caso de una ex ministra del gobierno anterior que lo tildó de alarmista y loco por sus declaraciones ante la situación alarmante de Darién.
Monseñor Emiliani, con una visual humanística propia de una personalidad combativa, nuevamente alza su voz denunciante para prevenir al país, que lo vio nacer, sobre un mal que sólo el tiempo dirá si el Panamá de hoy no se prepara y trabaja ante un flagelo que bien podría devenirse si no se hacen los correctivos necesarios. Marabunta, Maras 18 o Salvatrucha, o como se les quiera llamar, son términos que bien pueden ser acogidos por grupos delincuenciales de nuestro país al adoptar normas o consignas exclusivas de los protagonistas del país vecino.
En nuestro país son bien conocidas las operaciones criminales de bandas delincuenciales que operan ante las expresiones de ignorancia o de indiferencia de las autoridades que parecen reflejar la vivencia de los que viven en un mundo irreal. Como muestra un botón: (refiérase al artículo "El guardián de Cabo Verde", aparecido el 17 de noviembre en este diario).
"Prepárate Panamá", advierte el prelado, con el propósito de llamar la atención para que no caigamos en el mal de aquellos que como remedio incurable ven como única salida pertenecer a una pandilla. El espíritu de sacrificio del obispo no sólo se logra con buenas intenciones, se desarrolla haciendo pequeños esfuerzos. Esfuerzos por hacerle entender a toda una comunidad que toda persona puede ser rehabilitada y merece una oportunidad para lograr su reinserción a la sociedad.
La prevención es un valor necesario para lograr un mejor entendimiento eliminando todo rastro de complicidad o indiferencia y superando lo superfluo, características en aquellos seres faltos de sensibilidad humana. Debemos tener cuidado de no convertirnos en tan solo seudo observadores de la conducta ajena. Para no hacer de una advertencia y consejo una crítica imprudente. Es necesario analizar y comprender las circunstancias y necesidades de los demás, aportando la experiencia propia como punto de partida.
Debemos recalcar que todo consejo y advertencia siempre estará sujeto a la aceptación de quien lo recibe, por eso no debemos sentirnos menospreciados o disgustarnos. El consejo y la advertencia no exige obediencia, porque no es una orden; tampoco requiere un fiel apego, porque cada persona vive sus propias circunstancias y tiene el derecho de tomar sus propias iniciativas.
Como ciudadanos debemos evitar la indiferencia, no podemos quejarnos de la situación actual del país sin hacer algo para cambiarlo, lo peor que nos sucede es creer que poco podemos hacer como si viviéramos aislados del mundo que nos rodea.
¡Cuántos son los compromisos y cuántas cosas implican! Si parece mucho, hemos vivido con los ojos cerrados a la responsabilidad y pensando sólo en recibir beneficios, con el temor a dar más de nosotros mismos. Seamos honestos, en esto no existe temor, sino egoísmo, indiferencia e ignorancia de unos cuantos que creen saberlo todo, y que sólo el tiempo les hará ver si la advertencia del prelado valió la pena de ser escuchada.

101 años de Panamá América

 
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