Entre pasado y futuro
"La patria es el recuerdo...", escribió el poeta Miró y aprendimos todos a recitarlo en la escuela. Pensamos en la patria como el resultado de las luchas y conquistas de generaciones tras generaciones de panameños, siendo la recuperación del Canal nuestra más reciente historia de éxito como nación. Pero la patria no vive sólo de recuerdos. Hay que mirarse en el espejo de los retos, los proyectos y la imagen del país que queremos construir. La autosatisfacción que produce una historia complaciente del camino recorrido es una sensación que cede al columbrar la inmensidad de los desafíos venideros.
Nunca antes como ahora la Nación ha reclamado la máxima integridad de su clase dirigente y pensante, tanto política como empresarial. Nunca antes como ahora ha habido una clara conciencia sobre la necesidad de elevar los niveles de democracia y desarrollo, si es que vamos a salir airosos de las pruebas que el porvenir nos tiene guardadas.
La reflexión que nos ayudará a trazar el puente que lleva del pasado al futuro de la nación, y que debemos acentuar en estas fechas, es la que hace el inventario de sus fuerzas morales y espirituales y es capaz de detectar certeramente las amenazas y los peligros que se ciernen sobre el tejido social. La corrupción, la violencia, la pobreza, la degradación ambiental, el deterioro de la familia y la brecha social pesan fuertemente como pasivos; el avance de la democracia, la cultura de la tolerancia, el crisol de razas, una economía abierta, un Estado laico, la apertura al extranjero, son los resortes con que podremos acercar nuestro futuro. La responsabilidad es de todos y el momento para asumirla es hoy. Eso es, al final de cuentas, la patria.
Nunca antes como ahora la Nación ha reclamado la máxima integridad de su clase dirigente y pensante, tanto política como empresarial. Nunca antes como ahora ha habido una clara conciencia sobre la necesidad de elevar los niveles de democracia y desarrollo, si es que vamos a salir airosos de las pruebas que el porvenir nos tiene guardadas.
La reflexión que nos ayudará a trazar el puente que lleva del pasado al futuro de la nación, y que debemos acentuar en estas fechas, es la que hace el inventario de sus fuerzas morales y espirituales y es capaz de detectar certeramente las amenazas y los peligros que se ciernen sobre el tejido social. La corrupción, la violencia, la pobreza, la degradación ambiental, el deterioro de la familia y la brecha social pesan fuertemente como pasivos; el avance de la democracia, la cultura de la tolerancia, el crisol de razas, una economía abierta, un Estado laico, la apertura al extranjero, son los resortes con que podremos acercar nuestro futuro. La responsabilidad es de todos y el momento para asumirla es hoy. Eso es, al final de cuentas, la patria.