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Entre reformas, intereses y partidos


NADIE ESPERA a que el 2005 sea un año fácil. El país tiene que enfrentar una reforma tributaria que no por ser coyuntural no es importante, y una profunda reforma a la Ley de la Caja de Seguro Social.
Entre la campaña que va a emprender el Gobierno Nacional por conseguir apoyo para ambas reformas y la oposición que se presente a ellas, es fundamental no perder el norte de lo que finalmente se trata: Primero, de lograr una reforma tributaria que traiga cierto sentido de equidad al sistema de pago de impuestos en el país y que permita generar los recursos suficientes para que el gobierno pueda operar e invertir en las áreas en las que el modelo económico conservador que nos rige, lo llama a invertir. La clave del tema tributario es la palabra suficiente. No más recursos que los suficientes, pero tampoco menos.
En el tema de la Caja de Seguro Social lo fundamental es un paquete de reformas estructurales que salve el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte de la institución y traiga cierta eficiencia médica, hospitalaria y administrativa al sistema.
No nos llamemos a engaño. A pesar de todo lo que oigamos en los próximos días, estas realidades las conocen perfectamente y por igual, empresarios, trabajadores, políticos y agentes económicos. Por lo que, lo que está por develarse en el país es una suerte de drama griego, en el que todos los actores inteligentes conocen de antemano el final. Bueno, no el contenido exacto de todo el final. Pero, sí los contornos generales de él. Y saben, igualmente, que el gobierno se juega en esta única ocasión durante los próximos cinco años, un caudal político muy importante, para enmendar algo que nos interesa a todos los panameños. Y que para ello, cuenta no sólo con el suficiente apoyo legislativo, pero también, con el decidido respaldo de todas las fuerzas económicas y sociales para las cuales la estabilidad financiera, macro económica y política del país no es algo con lo que debamos jugar.
En este escenario, ¿qué es lo que buscan empresarios, obreros, agentes económicos y políticos, por igual? La respuesta es muy sencilla: la negociación de todo aquello que no está definido.
Para ello, cada grupo económico y laboral, que trata de resguardar sus propios intereses económicos y de grupo, busca los interlocutores políticos que considera más conveniente. Que ello sea así es sólo el reflejo de que la democracia no es sólo la articulación de ideas, pero también, de intereses. Siempre que esos intereses sean legítimos, sería ridículo no pensar que ello fuese así.
Lo que está por verse en este drama que está por caer es cuánta comprensión mostrarán los dos grupos opositores frente a la propuesta gubernamental y cuánta consideración recibirán los intereses particulares de la propuesta del gobierno. El país no necesita mártires como en 1994. Las reformas no son un tema personal de nadie, ni que afecte o atañe solamente a los trabajadores. La intransigencia deberá terminar el día en que se presenten los proyectos de soluciones. Esto, por lo que atañe a la oposición.
El gobierno, por su parte, dentro de la estrategia de venta de los proyectos, tiene que dejar un espacio para el compromiso. Después de todo, alguien definió la política como el arte de conjugar los intereses particulares con los intereses legítimos de la comunidad.

101 años de Panamá América

 
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