Entre retenes y batidas
Para la mayoría de los ciudadanos panameños, el problema de la inseguridad - después del desempleo- es, sin duda, alguna el más agobiante. La inseguridad es cada vez más dramática y está cada vez más extendida entre la población, logrando una incidencia negativa en la vida cotidiana de todos nosotros.
Cada vez más aumentan los hurtos, robos, atracos, asaltos, violaciones, homicidios, secuestros y junto con ellos, crecen en los ciudadanos mayores sentimientos de indefensión, de desamparo, de abandono, de zozobra misma que se siente, ya que enrarece el ambiente. Ello contribuye a una mayor decepción y desencanto con las autoridades, al tiempo que empeora más la calidad de vida, ya de por sí afectada por otras situaciones socioeconómicas como, por ejemplo, el alza de las tarifas telefónicas y de la electricidad, a ciencia, paciencia y complicidad del gobierno de turno.
Creo que cuando votamos por un cambio, era entre otras cosas, en la búsqueda de la recuperación de la seguridad perdida y para poder encaminarnos hacia un orden más justo de las cosas. Hasta la fecha, ninguno de los trece puntos que sobre Seguridad Pública, aparecen en las páginas 77 y 78 del Plan de Gobierno "Nuestro Compromiso para el cambio" de Unión por Panamá, ha sido iniciado de manera seria, profesional y responsable. Sin embargo vemos que durante los últimos trece meses, se han multiplicado en forma vertiginosa, por parte de la Policía Nacional, los retenes, las redadas y las batidas. Aún cuando muchos conciudadanos aplauden estas medidas sin reflexionar sobre el alcance de las mismas y, a pesar de que ciertos medios de comunicación -especialmente televisivos- encuentran en estas prácticas escenas para su sensacionalismo y amarillismo, es necesario que se analicen ciertos aspectos que ponen cada vez más en peligro nuestras libertades individuales y democráticas.
Ningún habitante de nuestro territorio, y consciente de la situación del país, vería con malos ojos que la Policía Nacional se modernice y vaya adecuando sus cometidos a los retos y las exigencias del Panamá de hoy, que nos permitan a todos -policías o no- garantizar con mayor eficacia la seguridad ciudadana, prevenir los hechos punibles, mejorar los servicios de vigilancia policiva, ejercer un mayor control sobre la tenencia de armas, etc. Sin embargo, toda acción o lucha contra la inseguridad debe estar precedida, revestida, guiada y garantizada por un celoso respeto por la persona humana y sus libertades individuales. Ello no está ocurriendo así y ya los abusos policiales han dejado ser excepción para convertirse en regla. El hecho que no sean denunciados no quiere decir que no se den.
Resulta inadmisible que aceptemos como ciudadanos de una república, que se continúen practicando -bajo cualquier pretexto y sin autorización escrita de autoridad competente- los denominados "retenes" y las "batidas" que llevan a las capturas y reclusiones de personas completamente ajenas a cualquier hecho punible. Resulta, además, inaceptable que a estas personas, muchísimas veces, se les mantenga en instalaciones policiales, sujetas a la denominada calidad de "retenido". ¿De cuándo acá tienen los ciudadanos que ver sacrificado su propio derecho a la libre circulación, a la libertad de reunión o a la libertad personal para lograr el encarcelamiento de algunos individuos que las autoridades buscan?
Los retenes y las batidas lo que en realidad logran es perturbar en forma desproporcionada, anticonstitucional, arbitraria y sin justa causa, la seguridad y la tranquilidad de muchos ciudadanos que sí respetan las leyes. También logran aumentar, cada vez más, la impopularidad de la propia Policía Nacional y que los ciudadanos empecemos a preguntarnos si lo que se busca, por parte de los directivos de la misma, es retrotraernos a un sistema de control autoritario como el que predominó tantos años.
No podemos ni debemos, como ciudadanos, permitir que la delincuencia o la inseguridad sean utilizados como pretexto por algunos para que vulneren nuestros derechos fundamentales. Ya sabemos bien que ni la delincuencia ni la inseguridad se pueden eliminar con prácticas que atenten contra nuestras garantías fundamentales. Velemos cada vez más para evitar que las proclividades a la arbitrariedad y al autoritarismo, que empieza a asomar en algunos, les permita llegar al extremo de hacer de Panamá un país donde cotidianamente los retenes y las batidas pisotean la dignidad de las personas.
Cada vez más aumentan los hurtos, robos, atracos, asaltos, violaciones, homicidios, secuestros y junto con ellos, crecen en los ciudadanos mayores sentimientos de indefensión, de desamparo, de abandono, de zozobra misma que se siente, ya que enrarece el ambiente. Ello contribuye a una mayor decepción y desencanto con las autoridades, al tiempo que empeora más la calidad de vida, ya de por sí afectada por otras situaciones socioeconómicas como, por ejemplo, el alza de las tarifas telefónicas y de la electricidad, a ciencia, paciencia y complicidad del gobierno de turno.
Creo que cuando votamos por un cambio, era entre otras cosas, en la búsqueda de la recuperación de la seguridad perdida y para poder encaminarnos hacia un orden más justo de las cosas. Hasta la fecha, ninguno de los trece puntos que sobre Seguridad Pública, aparecen en las páginas 77 y 78 del Plan de Gobierno "Nuestro Compromiso para el cambio" de Unión por Panamá, ha sido iniciado de manera seria, profesional y responsable. Sin embargo vemos que durante los últimos trece meses, se han multiplicado en forma vertiginosa, por parte de la Policía Nacional, los retenes, las redadas y las batidas. Aún cuando muchos conciudadanos aplauden estas medidas sin reflexionar sobre el alcance de las mismas y, a pesar de que ciertos medios de comunicación -especialmente televisivos- encuentran en estas prácticas escenas para su sensacionalismo y amarillismo, es necesario que se analicen ciertos aspectos que ponen cada vez más en peligro nuestras libertades individuales y democráticas.
Ningún habitante de nuestro territorio, y consciente de la situación del país, vería con malos ojos que la Policía Nacional se modernice y vaya adecuando sus cometidos a los retos y las exigencias del Panamá de hoy, que nos permitan a todos -policías o no- garantizar con mayor eficacia la seguridad ciudadana, prevenir los hechos punibles, mejorar los servicios de vigilancia policiva, ejercer un mayor control sobre la tenencia de armas, etc. Sin embargo, toda acción o lucha contra la inseguridad debe estar precedida, revestida, guiada y garantizada por un celoso respeto por la persona humana y sus libertades individuales. Ello no está ocurriendo así y ya los abusos policiales han dejado ser excepción para convertirse en regla. El hecho que no sean denunciados no quiere decir que no se den.
Resulta inadmisible que aceptemos como ciudadanos de una república, que se continúen practicando -bajo cualquier pretexto y sin autorización escrita de autoridad competente- los denominados "retenes" y las "batidas" que llevan a las capturas y reclusiones de personas completamente ajenas a cualquier hecho punible. Resulta, además, inaceptable que a estas personas, muchísimas veces, se les mantenga en instalaciones policiales, sujetas a la denominada calidad de "retenido". ¿De cuándo acá tienen los ciudadanos que ver sacrificado su propio derecho a la libre circulación, a la libertad de reunión o a la libertad personal para lograr el encarcelamiento de algunos individuos que las autoridades buscan?
Los retenes y las batidas lo que en realidad logran es perturbar en forma desproporcionada, anticonstitucional, arbitraria y sin justa causa, la seguridad y la tranquilidad de muchos ciudadanos que sí respetan las leyes. También logran aumentar, cada vez más, la impopularidad de la propia Policía Nacional y que los ciudadanos empecemos a preguntarnos si lo que se busca, por parte de los directivos de la misma, es retrotraernos a un sistema de control autoritario como el que predominó tantos años.
No podemos ni debemos, como ciudadanos, permitir que la delincuencia o la inseguridad sean utilizados como pretexto por algunos para que vulneren nuestros derechos fundamentales. Ya sabemos bien que ni la delincuencia ni la inseguridad se pueden eliminar con prácticas que atenten contra nuestras garantías fundamentales. Velemos cada vez más para evitar que las proclividades a la arbitrariedad y al autoritarismo, que empieza a asomar en algunos, les permita llegar al extremo de hacer de Panamá un país donde cotidianamente los retenes y las batidas pisotean la dignidad de las personas.