Entre Santa Claus y Niño Dios
Ciento cincuenta años de estrechas relaciones con Estados Unidos tuvieron para los panameños un alto costo cultural en menoscabo de algunas de nuestras raíces iberoamericanas. La Navidad no queda fuera de esa realidad, pese a la casi heroica y, en cierta medida, exitosa resistencia de nuestra nación por preservar sus raíces.
Nada ilustra mejor lo que apuntamos que el duelo cultural navideño entre Santa Claus y Niño Dios, que podemos plantear de otro modo, entre arbolito de Navidad y nacimiento, con nieve y estopas de musgo artificial incluidos. La competencia entre ambos símbolos preferidos de los panameños se repite cada diciembre.
¿Quién gana? No es fácil saberlo con exactitud. Si lo vemos en las ciudades de Panamá y Colón, a en la ribera del Canal, para ser más preciso, Santa Claus tiene la ventaja. Es curioso ver cómo, en pleno trópico, con calurosas temperaturas que rondan los 28 y los 32 grados centígrados, prevalecen los trineos, muñecos de nieve y los pinos nevados. Por doquier vemos Santa Claus, con su pesado y grueso atuendo rojo, propio de temperaturas bajo cero. Nos hemos acostumbrado tanto, que terminamos comprándolos. Uno que otro de nosotros, extraña la chimenea de ladrillos y gruesos troncos ardiendo, dando calor en la época de frío polar, que nos es tan ajeno. Sólo los nacimientos defienden tenazmente los colores de nuestras raíces hispánicas, teniendo a Villa Lucre como su bastión. Incluso en la música, el duelo es intenso, pero más parejo.
El interior es otra cosa. Allá la figura del venerable santo germánico no penetra y luce más bien como una caricatura de mal gusto. Los nacimientos proliferan, tanto como los "Judas" o "Años Viejos", aquellos ingeniosos muñecos que nos hablan de los personajes y acontecimientos del año, entre buenos y malos y que se queman a final de año, en medio de celebraciones.
En Azuero, Veraguas, Coclé y Chiriquí, en particular, Santa Claus y su trineo no tiene cabida. Sencillamente, no va con el tambor y los cantos de saloma, ni las romerías a Playa Uverito, al son de Calle Arriba y Calle Abajo, ni con las botellas de "ron pope", tamales bollos y pernil no ahumado, aquel crudo que se cocina al horno o con leña, con toda y su deliciosa carga de colesterol, el más delicioso del mundo.
Uno y otro escenario es parte de nuestro bello Panamá bicultural, donde conviven armoniosamente dos culturas, la metropolitana cosmopolita y la interiorana autóctona. Las dos nos pertenecen y nos merecen igual respeto. A fin de cuentas, se trata de dos formas de cumplir el mismo propósito, honrar al Niño Jesús nacido este día.
Nada ilustra mejor lo que apuntamos que el duelo cultural navideño entre Santa Claus y Niño Dios, que podemos plantear de otro modo, entre arbolito de Navidad y nacimiento, con nieve y estopas de musgo artificial incluidos. La competencia entre ambos símbolos preferidos de los panameños se repite cada diciembre.
¿Quién gana? No es fácil saberlo con exactitud. Si lo vemos en las ciudades de Panamá y Colón, a en la ribera del Canal, para ser más preciso, Santa Claus tiene la ventaja. Es curioso ver cómo, en pleno trópico, con calurosas temperaturas que rondan los 28 y los 32 grados centígrados, prevalecen los trineos, muñecos de nieve y los pinos nevados. Por doquier vemos Santa Claus, con su pesado y grueso atuendo rojo, propio de temperaturas bajo cero. Nos hemos acostumbrado tanto, que terminamos comprándolos. Uno que otro de nosotros, extraña la chimenea de ladrillos y gruesos troncos ardiendo, dando calor en la época de frío polar, que nos es tan ajeno. Sólo los nacimientos defienden tenazmente los colores de nuestras raíces hispánicas, teniendo a Villa Lucre como su bastión. Incluso en la música, el duelo es intenso, pero más parejo.
El interior es otra cosa. Allá la figura del venerable santo germánico no penetra y luce más bien como una caricatura de mal gusto. Los nacimientos proliferan, tanto como los "Judas" o "Años Viejos", aquellos ingeniosos muñecos que nos hablan de los personajes y acontecimientos del año, entre buenos y malos y que se queman a final de año, en medio de celebraciones.
En Azuero, Veraguas, Coclé y Chiriquí, en particular, Santa Claus y su trineo no tiene cabida. Sencillamente, no va con el tambor y los cantos de saloma, ni las romerías a Playa Uverito, al son de Calle Arriba y Calle Abajo, ni con las botellas de "ron pope", tamales bollos y pernil no ahumado, aquel crudo que se cocina al horno o con leña, con toda y su deliciosa carga de colesterol, el más delicioso del mundo.
Uno y otro escenario es parte de nuestro bello Panamá bicultural, donde conviven armoniosamente dos culturas, la metropolitana cosmopolita y la interiorana autóctona. Las dos nos pertenecen y nos merecen igual respeto. A fin de cuentas, se trata de dos formas de cumplir el mismo propósito, honrar al Niño Jesús nacido este día.