Entre sueños y realidades
No se trata solo del Macondo literario. Lo hace posible una especie particular de pensamiento, donde los sueños se contraponen a la realidad con la misma fuerza de las urgencias materiales, y terminan por conducirnos a una especie de caos fantástico donde apenas distinguimos entre lo que queremos, lo que podemos y lo que debemos.
Seguimos pensando, como si la Nación estuviera fuera de nosotros, como si fuera algo extraño, de cuya suerte podemos culpar a cualquiera, menos a nosotros mismos, y cuando ocurren situaciones incontrolables o desagradables, nos organizamos para pedir la cabeza de alguien, en un ejercicio "foucheano" destinado a preservar la de nosotros.
Así, por ejemplo, la falta de progreso es culpa del Gobierno; el exceso de progreso también. La falta de agua no es culpa de nuestro derroche, es responsabilidad de las autoridades que no curan los escapes; el exceso de agua en unas áreas y las carencias de otras es parte de esa ausencia de planificación; si lo muchachos roban, culpamos a las autoridades de menores, pero si se aplican las medidas para que no lo hagan, denunciamos ante derechos humanos un exceso de represión. Si Marbella se inunda de aguas negras es culpa del IDAAN, no de quienes planificaron su construcción sin tomar en cuenta sus capacidades reales. ¿Hasta dónde vamos a llegar, en este tipo de inculpaciones?
La construcción del país es un ejercicio colectivo donde si bien la crítica ayuda a mejorar lo que tenemos, los aportes constructivos, la forma de seguir adelante es lo que cuenta, y no esas nocivas justificaciones, donde todos son culpables, menos nosotros. Es una constante que explica por qué en el ejercicio de la administración pública pocos talentos quieren asumir responsabilidades, y quienes la asumen terminan por no querer asumirlas nuevamente, salvo que hayan encontrado un mecanismo que les compense las amarguras y las frustraciones, eso que después llamamos corrupción. La construcción de un país es una responsabilidad de la que nadie se escapa, con la que todos soñamos y con la que todos tenemos que ver. Oponerse por oponerse, y el doble discurso.