Enviémonos cartas
Cuando me invitaron a coordinar un seminario en la Costa Caribe de Nicaragua, me atrajo la idea por varias razones: Me pareció interesante conocer directamente la experiencia de autonomía de esa región del hermano país, donde conviven etnias miskitos, sumos, ramas, garifunas, criollos , mestizos y donde en el marco de la guerra que asoló a ese hermano país lograron la estructuración de la RAAN (Región Autónoma del Atlantico Norte) con su cabecera en Bilwi o Puerto Cabezas, y la RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur) con su capital Bluefield. En ese espacio autonómico se logró organizar una universidad regional (Universidad de las Regiones Autónomas del Caribe Nicaraguense -URACCAN) inmersa en la especial problemática costeña e intentando elaborar propuestas educativas cónsonas con la solución de los grandes problemas que les azotan, pero a partir de las ingentes potencialidades de su población y recursos naturales.
Iba, pues, invitado por URACCAN y la Universidad de York (Canadá), que mantiene una maestría para docentes de los diversos recintos universitarios de la costa, y el tema del seminario taller que coordinaría conjuntamente con la socióloga canadiense Deborah Barndt no podía ser más sugerente: Educación Intercultural Participativa, con un temario desarrollado por casi tres semanas con casi una veintena de estudiantes docentes, pero que eran también promotores del desarrollo autonómico. Los objetivos del evento buscaban escudriñar en la interculturalidad presente es esas regiones, es decir, en el "espacio en que muchas de estas culturas dejan de correr paralelas, se intersectan entre sí afectándose..."(Luz M. Chapela), al mismo tiempo que diseñábamos, conjuntamente, los elementos de una propuesta educativa participativa y metodológicamente liberadora. Ya había estado en otras ocasiones en Nicaragua, pero con algo de vergüenza confesaba que era la primera vez que visitaba su Costa Atlántica, lo que era un reencuentro con la cultura caribeña que plenamente viví en Colón.
Todo marchaba a pedir de boca en la sede la URACCAN en Bluefield, y disfrutábamos de un grupo pletórico de vocación por el trabajo, capacidad y compromiso con la gente. El 23 de enero, luego de una visita a la comunidad indígena Rama Ky, cada participante compartía con los demás su proyecto de trabajo final del curso, y entre ellos, uno de los más entusiastas, Octavio Rocha, conocido como "Chilo", pidió más tiempo para explicar el suyo como una premonición que sus horas estaban contadas. Minutos después caía en coma, víctima de un derrame cerebral y a la medianoche moría en el hospital, cerca de sus compañeros que vigilamos su agonía, sin poder hacer nada más. La muerte aleteó sobre nosotros y se llevó a uno de los mejores, a Chilo, que dejó hijos huérfanos, en especial, una niña de cuatro meses de nacida que lo esperaba en la región aurífera de Bonanza.
El seminario estuvo a punto de naufragar por razones obvias, hasta que reunidos decidimos tomar el proyecto de trabajo final que tanto entusiasmó a Chilo e impulsarlo no sólo como testimonio, sino como una propuesta de trabajo valiosa para los propósitos del evento. Chilo proponía que los niños y niñas de la RAAN y la RAAS intercambiaran cartas, dibujos, fotos entre sí, lo que sería la génesis de un acercamiento entre las familias y las etnias de toda la costa caribe nicaraguense, y le puso el nombre al proyecto de Correspondencia Escolar . Sin abandonar las tareas del seminario, el grupo le puso nombre a la campaña "Enviémonos cartas", se elaboró una fiche y materiales promocionales, se aprovechó la proximidad con los maestros de la Escuela Normal donde se realizaron prácticas de nuestro seminario para promover el proyecto, y los participantes de URACCAN se alistaron para ser los responsables en cada sector del proyecto de Chilo Rocha.
Cada carta que los pequeños dedos garrapateen y que vuele como cometa al viento a otras manos y otros ojos es una victoria contra la parca. ¿No sería acaso posible que los niños y niñas panameñas se escribieran cartas? ¿Y por qué no con los de Nicaragua o Colombia o cualquier otro país, aprendiendo así lecciones de tolerancia y fraternidad? La muerte no derrotó a Octavio Rocha ni a nosotros(as), pues brotaron las semillas de vida que de seguro germinarán esperanzadoramente.
Iba, pues, invitado por URACCAN y la Universidad de York (Canadá), que mantiene una maestría para docentes de los diversos recintos universitarios de la costa, y el tema del seminario taller que coordinaría conjuntamente con la socióloga canadiense Deborah Barndt no podía ser más sugerente: Educación Intercultural Participativa, con un temario desarrollado por casi tres semanas con casi una veintena de estudiantes docentes, pero que eran también promotores del desarrollo autonómico. Los objetivos del evento buscaban escudriñar en la interculturalidad presente es esas regiones, es decir, en el "espacio en que muchas de estas culturas dejan de correr paralelas, se intersectan entre sí afectándose..."(Luz M. Chapela), al mismo tiempo que diseñábamos, conjuntamente, los elementos de una propuesta educativa participativa y metodológicamente liberadora. Ya había estado en otras ocasiones en Nicaragua, pero con algo de vergüenza confesaba que era la primera vez que visitaba su Costa Atlántica, lo que era un reencuentro con la cultura caribeña que plenamente viví en Colón.
Todo marchaba a pedir de boca en la sede la URACCAN en Bluefield, y disfrutábamos de un grupo pletórico de vocación por el trabajo, capacidad y compromiso con la gente. El 23 de enero, luego de una visita a la comunidad indígena Rama Ky, cada participante compartía con los demás su proyecto de trabajo final del curso, y entre ellos, uno de los más entusiastas, Octavio Rocha, conocido como "Chilo", pidió más tiempo para explicar el suyo como una premonición que sus horas estaban contadas. Minutos después caía en coma, víctima de un derrame cerebral y a la medianoche moría en el hospital, cerca de sus compañeros que vigilamos su agonía, sin poder hacer nada más. La muerte aleteó sobre nosotros y se llevó a uno de los mejores, a Chilo, que dejó hijos huérfanos, en especial, una niña de cuatro meses de nacida que lo esperaba en la región aurífera de Bonanza.
El seminario estuvo a punto de naufragar por razones obvias, hasta que reunidos decidimos tomar el proyecto de trabajo final que tanto entusiasmó a Chilo e impulsarlo no sólo como testimonio, sino como una propuesta de trabajo valiosa para los propósitos del evento. Chilo proponía que los niños y niñas de la RAAN y la RAAS intercambiaran cartas, dibujos, fotos entre sí, lo que sería la génesis de un acercamiento entre las familias y las etnias de toda la costa caribe nicaraguense, y le puso el nombre al proyecto de Correspondencia Escolar . Sin abandonar las tareas del seminario, el grupo le puso nombre a la campaña "Enviémonos cartas", se elaboró una fiche y materiales promocionales, se aprovechó la proximidad con los maestros de la Escuela Normal donde se realizaron prácticas de nuestro seminario para promover el proyecto, y los participantes de URACCAN se alistaron para ser los responsables en cada sector del proyecto de Chilo Rocha.
Cada carta que los pequeños dedos garrapateen y que vuele como cometa al viento a otras manos y otros ojos es una victoria contra la parca. ¿No sería acaso posible que los niños y niñas panameñas se escribieran cartas? ¿Y por qué no con los de Nicaragua o Colombia o cualquier otro país, aprendiendo así lecciones de tolerancia y fraternidad? La muerte no derrotó a Octavio Rocha ni a nosotros(as), pues brotaron las semillas de vida que de seguro germinarán esperanzadoramente.