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Epidemia, información y educación


Desde que se reportó el primer caso de influenza A(H1N1) en Panamá, el 7 de mayo, autoridades y especialistas del Ministerio de Salud, del Instituto Gorgas y de otras dependencias públicas, iniciaron el titánico esfuerzo de identificación rápida de enfermedades y casos sospechosos. Hasta ahora, esta atinada forma de proceder de la ministra Rosario Turner y su equipo de trabajo para atender la contingencia, además del manejo políticamente correcto de informar rápido a la población a través de los medios, ha impedido brotes de alarma innecesaria entre los panameños y ha permitido el cumplimiento de las medidas de prevención para contener en lo posible la pandemia.

La información se ha convertido en un instrumento eficaz de ayuda a la población. La comprensión, por partes de las autoridades, de que ante cualquier estado de emergencia social, sean catástrofes humanas o naturales, la información oportuna garantiza el cumplimiento puntual de las medidas básicas que debe adoptar el público, tales como la necesidad de la vacunación masiva a menores de cinco años y mayores de 60, la limpieza continua de manos y el uso correcto de tapabocas, ha sido factor fundamental.

No obstante nada ha terminado, pues la forma en que se ha procedido con la investigación sanitaria de los casos bajo sospecha permite suponer, como hipótesis de trabajo, el alto nivel de contacto con otras personas de aquellos pacientes identificados con el virus de influenza estacional. Le corresponde ahora a las autoridades de educación, docentes y padres de familia hacer lo suyo y rápidamente. Sólo la ecuación nos permitirá contener el contagio que estamos viviendo.

101 años de Panamá América

 
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