default

Epitafio


¡Y escribieron su epitafio político!...Desahuciados, moribundos por la gestión gubernamental 1994-1999, los legisladores del PRD y sus aliados políticos y coyunturales, cincelaron la lápida de su sepulcro partidista, al aprobar la Sala Quinta de Instituciones de Garantía. Seguros de su inmunidad e impunidad, retaron una vez más la voluntad popular, aumentando el rosario de desaciertos que empezaron desde aquella fecha aciaga en que se apoderaron, perdón, se posesionaron del poder.
Sin embargo, nunca como hasta ahora se patentizó tan contundentemente el irrespeto y la baja estima que le prodigan al pueblo, cuya voz alta, clara, debieron interpretar adecuadamente y acatar. Pero no, huérfanos de sensatez e inteligencia social, ebrios de poderío, repiten los mismos errores que les condujeron al fracaso rotundo de reelección presidencial y de muchos de ellos; como también del novel candidato Martín.
Inspirados y sustentados en la plataforma teórica del Príncipe de Maquiavello, entronizan un Condottiero "que representa en forma plástica y antropomórfica el símbolo de la voluntad colectiva" e intentan al igual que Maquiavello despertar la fantasía artística de aquéllos que quieren convencer, es decir, nosotros, de que la voluntad del Príncipe o el Condottiero, encarna místicamente (Sorel) la voluntad del pueblo. Exacerbados por la pasión, el fanatismo y los intereses particulares, aniquilan su sentido crítico, lo que les obnubila llevándolos al suicidio enlistado en el obituario de 1999.
Con aires de triunfalismo y vaya usted a saber por qué razones "parvislaria" se aprestaron a rendir los tributos correspondientes, contra toda lógica y raciocinio.
Lo cierto es, que a despecho de las erogaciones que implica el funcionamiento de esta sala: B/.30,000.00 mensuales en salarios, más el costo de secretarias, asistentes, equipos, guardaespaldas, etc., fue aprobada y sancionada antes de que el gallo cantara tres veces.
Nada, nada los disuadió del bastardo anteproyecto, ni la crisis de los hospitales, ni los centenares de hospitalizaciones que tienen que esperar por la ausencia de camas; ni las miles de operaciones que no se realizan por la falta de asepsia, insumos e instrumentales; tampoco les pesó en la conciencia los miles de niños que pululan por las calles hasta altas horas de la madrugada en búsqueda de un mendrugo de pan (alternativa de sobrevivencia ante la pobreza familiar extrema). Qué decir de los que desertan de los colegios, vencidos por el hambre y la necesidad. Menos efectos les hizo la carencia de infraestructuras para rehabilitar a los delincuentes, adictos y menesterosos.
Prestos y diligentes se apresuran a aprobar el proyecto de ley que pretende la derogatoria de la Ley 11 del 10 de febrero de 1978 o Ley Mordaza, el que según los medios y por supuesto, los entendidos, "resulta en su conjunto más severo que la Ley 11, es decir, otra ley que persigue el mismo propósito de controlar el trabajo de los medios" (El Panamá América, jueves 29 de julio de 1999). ¡Increíble!, no satisfechos con oprimir al pueblo social y económicamente, lo banderillean con un zarpazo a la libertad de expresión, esa que entre otras, obligó a los ciudadanos a la Toma de la Bastilla.
Soberbios y etnocéntricos, no son capaces de aprender de las lecciones de la historia, olvidaron que Noriega propició las condiciones que lo mantienen recluido en un penal norteamericano; no se han percatado de que coyuntura similar a la que vivimos en Panamá, avaló y le dio la victoria del referéndum para la Constituyente al presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Han decidido como los rinocerontes, caer al precipicio del averno. Sólo me resta decirles "Requiescant in pace".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América