Equidad en la discapacidad
La discapacidad se define a nivel social, educativo y legal, como la alteración funcional, permanente o temporal, total o parcial, física, sensorial o mental, que limita la capacidad de realizar una actividad dentro de lo considerado "normal" en el ser humano. Entre las discapacidades señalamos: Retardo mental, pérdida auditivas, pérdidas visuales, parálisis cerebral, autismo y problemas motores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que alrededor del 10% de la población sufre o padece de algún tipo de discapacidad, sin escaparse Panamá de esto. A nivel escolar, la Dirección Nacional de Planificación del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE), en diciembre de 2002 reportaba un total de 8,775 estudiantes con discapacidad.
Dada esta realidad mundial, la sociedad está tratando de dar una respuesta a la condición de la discapacidad. Se fundamenta para lograrlo en el "Principio de la diversidad", el cual reconoce que todos los individuos son diferentes, pero que tienen iguales derechos.
En 1997, como respuesta cónsona a la necesidad expuesta, Panamá aprueba la Ley 42 que establece la Equiparación de Oportunidades y la reglamenta con el Decreto Ejecutivo No. 88 de 2002. ¿Se ha cumplido lo normado? Lamentablemente no hay un porcentaje de evidencia razonable que lo confirme.
Ahora bien, dentro de esta equiparación, tomamos la educación como punto de partida, para los y las estudiantes que son diagnosticados con una discapacidad determinada, en diferentes momentos y cuyas causas son múltiples.
El Decreto Ejecutivo No.1 de 2000 establece la normativa para la Educación Inclusiva de la Población con Necesidades Educativas Especiales sean asociadas a la discapacidad o no. Siendo así en el país todos los estudiantes deben tener Iguales Oportunidades de Acceso a la Educación.
La educación especial al igual que la regular, es un proceso que debe ser flexible integral y dinámico, el cual debe ajustarse a las diferencias individuales y responder integralmente al currículo que establece el Ministerio de Educación, para todos los estudiantes, con sus correspondientes Adecuaciones Curriculares. Esta educación debe desarrollarse con un enfoque en la Educación de Pares, o sea, debe estar cada estudiante incluido en la escuela de la comunidad donde vive y se desenvuelve, claro está, de ser posible los controles médicos técnicos necesarios para mejorar o superar su condición. ¿Esto se hace?
Dado los hechos, independientemente a las razones que se dan, No se hace como se necesita ni como está reglamentado. ¿Qué Hacer? No continuar con las mismas razones y hechos. "Lo incorrecto es incorrecto, aunque lo haga yo". Por eso propongamos en adelante:
Conocimiento Integral de las necesidades educativas especiales asociadas a la discapacidad, con un cambio de enfoque. Debemos dejar de situarnos en el problema de lo que no pueden hacer los niños, para enfocarnos en la prevención y preparación para la vida personal, profesional y laboral de las personas con discapacidad.
Evaluación diagnóstica constante. ¿Qué tenemos? ¿Qué queremos? ¿Qué debemos hacer? Buscar hasta encontrar la respuesta adecuada. Esta evaluación debe darse al unísono de los cambios para lograr resultados positivos.
Trabajo en equipo que sea inter y multisectorial con asistencia técnica, médica, social y docente entre otras, basada en la comunidad. Descentralizar la atención cuando la necesidad lo requiera
Programación de una política estatal, siendo este punto el primero de todos, en el cual se deben trazar metas a corto, mediano y largo plazo, formando alianzas colaborativas, para lograr el resultado esperado: "Equidad en la discapacidad".
Sólo cuando se logre establecer esta equidad señalada, se fortalecerá el desarrollo integral humano de las personas con y sin discapacidad, pues compartiéndolo aprendemos a conocernos, aceptarnos, e incluirnos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que alrededor del 10% de la población sufre o padece de algún tipo de discapacidad, sin escaparse Panamá de esto. A nivel escolar, la Dirección Nacional de Planificación del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE), en diciembre de 2002 reportaba un total de 8,775 estudiantes con discapacidad.
Dada esta realidad mundial, la sociedad está tratando de dar una respuesta a la condición de la discapacidad. Se fundamenta para lograrlo en el "Principio de la diversidad", el cual reconoce que todos los individuos son diferentes, pero que tienen iguales derechos.
En 1997, como respuesta cónsona a la necesidad expuesta, Panamá aprueba la Ley 42 que establece la Equiparación de Oportunidades y la reglamenta con el Decreto Ejecutivo No. 88 de 2002. ¿Se ha cumplido lo normado? Lamentablemente no hay un porcentaje de evidencia razonable que lo confirme.
Ahora bien, dentro de esta equiparación, tomamos la educación como punto de partida, para los y las estudiantes que son diagnosticados con una discapacidad determinada, en diferentes momentos y cuyas causas son múltiples.
El Decreto Ejecutivo No.1 de 2000 establece la normativa para la Educación Inclusiva de la Población con Necesidades Educativas Especiales sean asociadas a la discapacidad o no. Siendo así en el país todos los estudiantes deben tener Iguales Oportunidades de Acceso a la Educación.
La educación especial al igual que la regular, es un proceso que debe ser flexible integral y dinámico, el cual debe ajustarse a las diferencias individuales y responder integralmente al currículo que establece el Ministerio de Educación, para todos los estudiantes, con sus correspondientes Adecuaciones Curriculares. Esta educación debe desarrollarse con un enfoque en la Educación de Pares, o sea, debe estar cada estudiante incluido en la escuela de la comunidad donde vive y se desenvuelve, claro está, de ser posible los controles médicos técnicos necesarios para mejorar o superar su condición. ¿Esto se hace?
Dado los hechos, independientemente a las razones que se dan, No se hace como se necesita ni como está reglamentado. ¿Qué Hacer? No continuar con las mismas razones y hechos. "Lo incorrecto es incorrecto, aunque lo haga yo". Por eso propongamos en adelante:
Conocimiento Integral de las necesidades educativas especiales asociadas a la discapacidad, con un cambio de enfoque. Debemos dejar de situarnos en el problema de lo que no pueden hacer los niños, para enfocarnos en la prevención y preparación para la vida personal, profesional y laboral de las personas con discapacidad.
Evaluación diagnóstica constante. ¿Qué tenemos? ¿Qué queremos? ¿Qué debemos hacer? Buscar hasta encontrar la respuesta adecuada. Esta evaluación debe darse al unísono de los cambios para lograr resultados positivos.
Trabajo en equipo que sea inter y multisectorial con asistencia técnica, médica, social y docente entre otras, basada en la comunidad. Descentralizar la atención cuando la necesidad lo requiera
Programación de una política estatal, siendo este punto el primero de todos, en el cual se deben trazar metas a corto, mediano y largo plazo, formando alianzas colaborativas, para lograr el resultado esperado: "Equidad en la discapacidad".
Sólo cuando se logre establecer esta equidad señalada, se fortalecerá el desarrollo integral humano de las personas con y sin discapacidad, pues compartiéndolo aprendemos a conocernos, aceptarnos, e incluirnos.