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Equidad y justicia social


SÓLO LA EQUIDAD y la justicia social deben ser las ganadoras en este libre juego de ideas que se está dando en el seno de la Asamblea Nacional en torno a la Reforma Fiscal que necesita el país para que desaparezcan los privilegios, la mala distribución de la riqueza, la pobreza extrema, la corrupción y el despilfarro, heredados de regímenes pasados que, alegremente, dispusieron de los recursos del Estado sin considerar las necesidades de la mayoría nacional. Este participar democrático de todos los sectores debe dirigirse en defensa de los intereses populares y encaminarse a contrarrestar las ambiciones de poder económico y político que han dañado, en situaciones pasadas, las luchas por el logro de un mejor país. Ahora hay tiempo y libertad para la obtención de las mejores conclusiones que han de permitir que podamos participar, con equidad y justicia social, de las oportunidades que brinda la nación con tantos recursos, pero mal distribuidos.
Este diálogo nacional no debe caer en el terreno de las pasiones partidistas y se debe contar con el respaldo de aquellos funcionarios que devengan sueldos exorbitantes y gozan de privilegios, lo que representa una carga pesada para la economía del país, gravemente afectada por su mal manejo. Nos complace escuchar voces como la de la señora procuradora general de la Nación, quien está de acuerdo con que los privilegios desaparezcan del Poder Judicial. Ello despierta confianza en un pueblo que ha perdido la credibilidad debido a las promesas incumplidas de gobiernos del pasado que descuidaron el desarrollo y progreso de la República; gobiernos que incrementaron los impuestos al pobre pueblo para aumentar la burocracia y para hacer más ricos a aquellos que gozaban del favor oficial. De ahí que en momentos en que el gobierno de la Patria Nueva intenta llevar adelante una reforma fiscal, encuentre muchos escollos, porque se ha perdido la confianza en que tal medida traerá mejores días para la República.
Lo importante es dialogar, profundamente, con vocación de patria, olvidándonos de nuestros intereses y ambiciones, porque lo que está en juego es el progreso y desarrollo de la nación, y tenemos que ser conscientes de que sólo pensando y trabajando por metas comunes, podremos alcanzar el éxito que estamos aspirando.
Será una lástima que estas reformas elaboradas por el actual gobierno sean aprobadas por los diputados sin los aportes del pueblo, de la empresa privada y de otros profesionales que tienen un conocimiento profundo de qué es lo que necesita la nación en materia económica. Panamá está necesitando una reforma fiscal que traiga equidad y justicia social; que contribuya, eficazmente, a la reactivación económica y que motive a todos los sectores al trabajo constructivo y permanente. Confiamos en que esa sea la meta de todos los que están aportando para lograr un documento que recoja la aspiración de toda la ciudadanía.

101 años de Panamá América

 
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