Equipo con rivales
Así intituló Doris Kearns Goodwin su libro. La historiadora, ganadora de un premio Pulitzer, revisa la carrera política de Abraham Lincoln, pero enfocándose en la conformación de su gabinete en 1860 y la inusual inclusión en el mismo de sus rivales William H. Seward, Salmon P. Chase, Simon Cameron y Edward Bates de la nominación Republicana. Barack Obama, demócrata, hace lo propio al incluir a Hillary Clinton como Secretaria de Estado.
Más que tener a sus rivales cerca para vigilarlos, un estadista piensa que "no tiene el derecho de privar al país de las mejores capacidades de quienes no fueron favorecidos por el voto popular" (Abraham Lincoln). Lo común en política es que quien gobierna lo haga con sus simpatizantes. Estos, con gracia cortesana, adularán a su jefe sin cuestionar su autoridad. Las decisiones no siempre son apegadas al interés general sino al particular de quien manda. El pueblo, con sabiduría natural, distingue entre quien gobierna para cinco años y quien lo haría pensando en las próximas generaciones.
No descartamos que en tiempos de crisis los presidentes busquen entre sus rivales a personas que, por trayectoria y reputación, le ayuden a salir de tormentas creadas por sus propios simpatizantes. El rival entra siempre en la disyuntiva de atender el llamado de un gobernante en aprietos, dejando a un lado intereses personales o partidarios, o hacer leña del árbol caído. En tiempos del dietilenglicol, al igual que en la Concertación Nacional, vivimos ejemplos claros en que rivales políticos pueden buscar consensos para transformar el Estado.
En los casos del transporte urbano e inseguridad, la oportunidad para cambiar lo malo se escapó como agua entre sus manos. Es innegable que lo más querido es nuestra familia y lo que más queremos para ellos es su seguridad. Las recientes leyes aprobadas, per sé, no harán el cambio para hacer de Panamá un país más seguro, se requiere voluntad y convicciones fuertes que no se evidencian en la actualidad. Ahora, la candidata oficialista cargará el continuismo a cuesta, pero con el reciente ofrecimiento a Navarro, da muestras de tener disposición a conformar equipo con rivales.
Con el slogan "Obama es el cambio o el cambio que tú necesitas" Obama se convierte en Presidente de los Estados Unidos. No fue su color, el suburbio donde nació ni las vicisitudes que tuvo en su vida lo que le dieron el triunfo, fue su mensaje de cambio.
En el patio, Martinelli con un partido nuevo -si lo comparamos con el PRD o Panameñista-, y una sui generis forma de mercadeo político, se apodera de ese mismo mensaje, el cambio. Para él, los partidos tradicionales comparten la misma esquina, por ello su respuesta a ataques siempre regresa al punto de partida: yo soy el cambio. Comprende, además, que su fortaleza está en el independiente y separándose de sus oponentes, va a la caza de ese voto prometiendo estar dispuesto a conformar equipo con rivales.
El oficialismo está haciendo lo propio, ¿lo está haciendo la oposición?