Ernesto de la Guardia Hijo
Economista, empresario, académico y hombre público de reconocidos méritos. Electo Presidente Constitucional de la República, gobernó desde el 1 de octubre de 1956 hasta el 30 de septiembre de 1960, sin separarse del cargo un solo día con algún pretexto. Su grande obra como gobernante demócrata: la creación del Tribunal Electoral de Panamá. En efecto, fue la administración de Ernesto de la Guardia, una de las más tenaces, empeñosas e injustamente combatida que ha tenido la República. Algunas de sus actuaciones como Jefe de Estado afectaron profundamente intereses de empresas y personas que propiciaron en su contra, no solo una campaña permanente de crítica y descrédito, sino que provocaron situaciones eminentemente peligrosas, tendientes a separarlo del poder.
Causas diversas y complejas lo distanciaron del Primer Vicepresidente, que debía sustituirlo en la jefatura del gobierno en caso de que se viera forzado a separarse del cargo, y en este alejamiento tuvieron su nacimiento, no pocas de sus dificultades. Todavía no están en claro las causas de sus diferencias con el estudiantado, las cuales culminaron en el choque que se produjo entre éstos y la Guardia Nacional con el resultado de varios muertos y numerosos heridos. Como resultado de estos acontecimientos, faltó poco para que quienes estaban interesados en separarlo del gobierno, pudieran lograrlo. Sin embargo, su moral personal reconocida incluso por sus adversarios, presidió en forma amplia sus actuaciones como gobernante.
Otro de los sucesos importantes que tuvieron lugar durante la administración del Presidente de la Guardia, fue la invasión armada del territorio nacional por un centenar de mercenarios cubanos y algunos panameños procedentes de Cuba. Sobre este episodio histórico se han publicado versiones referentes a la “invasión de Nombre de Dios”, a pesar de que los invasores desembarcaron en Playa Colorada, próxima a Santa Isabel (muy distante de Nombre de Dios), por desperfecto mecánico y avería causada a la embarcación en que viajaban con destino a Veraguas.
En verdad, el prólogo sobre la “invasión de los cubanos a Panamá”, en abril de 1959, nos corresponde hacerlo porque entonces servíamos como maestro lugareño, y por ser uno de los primeros junto a su esposa, en salir al encuentro de los mercenarios.
Esta invasión del suelo patrio fue el primer intento operado por el régimen comunista establecido en Cuba de extender su sistema a otros países, empleando la violencia como medio para apoderarse del gobierno de otros Estados. Pero, fue tal el escándalo internacional, que intervinieron inmediatamente diversos organismos internacionales, tales como la OEA. El propio gobierno cubano, no preparado aún para el caso, convencido de haber actuado prematuramente, envió uno de sus dirigentes con órdenes a los suyos de regresar inmediatamente.
¡Los pormenores fidedignos de este episodio histórico aparecen en nuestra Memoria (en preparación), medio siglo después!