Erradicar la pobreza
Panamá tuvo, como nación, un desempeño admirable a lo largo de la pasada centuria, cuando todas sus generaciones se sucedieron en relevo hasta lograr la recuperación de la antigua Zona del Canal y conquistar para si la administración del Canal.
Cumplido aquel objetivo, nos resta erigir por consenso un nuevo objetivo que concentre todos los empeños nacionales en pro de su consecución; y en ese sentido nos parece que la erradicación de la pobreza cumple con creces ese propósito.
Nuestro país padece 45% de pobreza, de la cual la mitad es extrema. Los patrones de definición de una y otra son arbitrarios. Los criterios que prevalecen indican que la pobreza a llanas se encasilla entre quienes ganan menos de B/.200 mensuales; y los extremos menos de B/.100. Los venezolanos agregan una tercera, la de la pobreza atroz.
La tarea es dura pero ineludible, si es que queremos preservar el país que tenemos, que se deteriora a pasos agigantados. Por mencionar algunos, recordemos que el agua escasea y se degrada, que el transporte público hace crisis, que crece la desnutrición infantil, que proliferan las barriadas brujas y los pedigüeños callejeros y que se deteriora la seguridad.
China, el país más poblado de la Tierra, con 1,300 millones de almas, que cuenta con un extenso territorio, en gran parte muy quebrado, ha hecho unos avances prodigiosos en los últimos siete años. Versiones oficiales indican que, en ese breve plazo, rescató de la pobreza a 80 millones de personas, construyó 320 mil kilómetros de carreteras, instaló 360 mil kilómetros de tendido eléctrico, invirtió 13.5 billones de dólares en gastos sociales, más 19 billones de organismos internacionales, en un colosal esfuerzo que llevó su pobreza a 3%.
Si China lo pudo hacer en un esfuerzo sostenido y bien planificado en solo siete años, pensamos que con nuestra escasa población y breve extensión territorial, no tenemos por qué dudar que tendremos éxito si contamos con 100 años para hacerlo. Empecemos ya.
Cumplido aquel objetivo, nos resta erigir por consenso un nuevo objetivo que concentre todos los empeños nacionales en pro de su consecución; y en ese sentido nos parece que la erradicación de la pobreza cumple con creces ese propósito.
Nuestro país padece 45% de pobreza, de la cual la mitad es extrema. Los patrones de definición de una y otra son arbitrarios. Los criterios que prevalecen indican que la pobreza a llanas se encasilla entre quienes ganan menos de B/.200 mensuales; y los extremos menos de B/.100. Los venezolanos agregan una tercera, la de la pobreza atroz.
La tarea es dura pero ineludible, si es que queremos preservar el país que tenemos, que se deteriora a pasos agigantados. Por mencionar algunos, recordemos que el agua escasea y se degrada, que el transporte público hace crisis, que crece la desnutrición infantil, que proliferan las barriadas brujas y los pedigüeños callejeros y que se deteriora la seguridad.
China, el país más poblado de la Tierra, con 1,300 millones de almas, que cuenta con un extenso territorio, en gran parte muy quebrado, ha hecho unos avances prodigiosos en los últimos siete años. Versiones oficiales indican que, en ese breve plazo, rescató de la pobreza a 80 millones de personas, construyó 320 mil kilómetros de carreteras, instaló 360 mil kilómetros de tendido eléctrico, invirtió 13.5 billones de dólares en gastos sociales, más 19 billones de organismos internacionales, en un colosal esfuerzo que llevó su pobreza a 3%.
Si China lo pudo hacer en un esfuerzo sostenido y bien planificado en solo siete años, pensamos que con nuestra escasa población y breve extensión territorial, no tenemos por qué dudar que tendremos éxito si contamos con 100 años para hacerlo. Empecemos ya.