Error diplomático
Perú, como todos nuestros países pobres, aunque ricos, ha sido víctima de gobiernos impopulares y gobernantes demagogos. Con ancestros aborígenes de lujo, no ha alcanzado a sacudirse de una clase política mediocre, salvo raras excepciones, que se ha mantenido en el poder. El caso del japonés Fujimori, Toledo y la nueva elección de un fracasado e inepto para el cargo como Alan García, son muestras elocuentes de la desesperación de un pueblo noble y trabajador.
Los peruanos, igual que miles de indoamericanos, emigran de su país por la falta de oportunidades, la discriminación y el hambre de justicia y satisfacción de necesidades. Cientos de años pasan y los peruanos son cada vez más pobres y necesitados, mientras una cúpula, en gobiernos corruptos, se enriquece. Eso, y más, ha empujado a gran cantidad de peruanos a enrolarse en movimientos rebeldes.
Es allí donde han debido, y deben, concentrar los mayores esfuerzos la sucesión de gobernantes inmerecidos que han llegado al poder en Perú. En corregir el rumbo, rectificando radicalmente los errores. Pero, no. Qué hacen. Como buenos demagogos oportunistas, denuncian al mundo a quienes le quitan la máscara y petardean organismos nacientes como UNASUR.
Si se trata de denunciar por el principio sagrado de la No intervención en asuntos internos de otros países, ¿por qué no lo aplican, con toda energía, contra los países que sí lo vienen violando, sistemática y gravemente, desde hace décadas? Los pueblos no se dejan enredar con denuncias ridículas ni errores diplomáticos.