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Errores de la política de EU


“Ignorancia, indiferencia, insensibilidad” son tres características que gobernantes latinoamericanos han dado a través de los años para explicar los errores de la política hemisférica de Estados Unidos (EU). Durante el gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower tanto él como su Secretario de Estado, John Foster Dulles, se referían a Latinoamérica como “nuestro patio trasero”, dejando la impresión de una inconsciente condescendencia. Otro hábito de los funcionarios era de hablar de “esos países” como si fueran una sola entidad geopolítica, cosa que molestaba especialmente a los argentinos y brasileños.
Mientras que seis jefes de Estado, inclusive la presidenta Mireya Moscoso, asistieron a la inauguración de Uribe en Bogotá, la delegación de EU estaba encabezada por Robert Zoellick, el negociador comercial que ni es miembro del Gabinete. No hace tanto, si no fueron los propios presidentes de EU a la toma de posesión en Latinoamérica, por lo menos enviaban al Vicepresidente o al Secretario de Estado. Cierto que Zoellick es el portaestandarte de la causa del libre comercio que Bush favorece, siempre y cuando no comprometa sus aspiraciones electorales como cuando impuso barreras impositivas a las importaciones de acero a la vez que autorizó nuevos subsidios agrícolas, evidentemente para no hostilizar a los obreros industriales o a los estados del oeste medio.
Más notorio es el caso de Bolivia, donde después de apoyar abiertamente la candidatura de Gonzalo Sánchez de Lozada, la Casa Blanca nombró como jefe de la delegación de EU a John P. Walters, un ex legislador, poco conocido en su nuevo cargo de zar antidrogas, a encabezar la delegación, aunque lo acompañaron el congresista Mark Sauder, así como Adolfo Franco, el nuevo subdirector para las Américas de la Agencia Internacional de Desarrollo y el embajador de EU en Bolivia, Manuel Rocha. Entre las “gaffes” diplomáticas más serias de las últimas semanas fueron los deslices verbales del Tesorero, Paul O’Neill que con su acostumbrada franqueza insinuó que la ayuda a Latinoamérica podía terminar en cuentas anónimas en los bancos suizos, lo que fue tomado un insulto para la clase gobernante de la región. Además, el funcionario ha sido muy cuestionado en los últimos días por su ausencia del país durante la difícil situación que experimentó el mercado financiero; dijo que la economía de su país “está en expansión y crecerá aún más” hasta fin de año.
A esta altura nadie sabe si O’Neill terminará su mandato. Bush lo confirmó recientemente en su cargo, pero el descontento sobre su gestión está en aumento y numerosos legisladores demócratas piden abiertamente su cabeza. Aunque O’Neill prácticamente está embarcado en una “misión de paz” ante los gobiernos de Argentina y Brasil, cuando la CNN le preguntó si pensaba renunciar, con su habitual falta de tacto O’Neill dijo: “Yo estoy haciendo lo que mi giroscopio interno me dice que tengo que hacer, que es decir la verdad, y trabajar en las cosas que son importantes para el éxito de nuestra sociedad. El presidente parece pensar que estoy haciendo lo correcto. Y si mi cliente está satisfecho, y yo siento que soy fiel a las cosas que creo, me voy a quedar”.
Mientras la situación económica de Sudamérica seguía en picada, tras meses de inatención de Washington, Bush anunció que ha invitado a un líder de Hispanoamérica a su rancho de Texas donde pasará sus vacaciones de verano el resto de este mes. Lo irónico es que el convidado es Vicente Fox.
Como gobernador de Texas, Bush siempre ha resaltado su afinidad por México, aunque desde la crisis desatada por los golpes terroristas del 11 de septiembre del pasado año muchos de los planes para mejorar las relaciones, especialmente en lo que se refiere a una liberalización de la política migratoria, han quedado prácticamente paralizados. Desde esa fecha, la atención de Washington se ha concentrado en la lucha contra el terrorismo y una esporádica cooperación más enfocada a las grandes potencias que a los compromisos que al inicio de su gobierno había contraído con los países del hemisferio, como se pudo constatar ante la actitud reacia del departamento del Tesoro para proveer ayuda a las abatidas economías de Argentina, Brasil y Uruguay. Esta tendencia fue reforzada por la Casa Blanca con el anuncio de que el Presidente Bush invitará al presidente chino, Jiang Zemin, a su rancho de Texas en octubre, menos de un mes en que asistirá a la apertura de la Asamblea General de la ONU donde tiene programado reunirse con otros jefes de Estado de las Américas, inclusive la presidenta Moscoso.
El encuentro veraniego Bush-Fox está pendiente de que el Senado mexicano, dominado por la oposición, permita que el presidente salga de país. Hace pocas semanas bloqueó una visita de Fox a California. “Esta visita será una oportunidad para que el presidente trabaje con su homólogo chino sobre varios temas de interés mutuo y avanzar para resolver las divergencias existentes”, declaró el portavoz presidencial en un comunicado en el que anunció esta visita. “Discutirán varios temas, incluyendo la actual campaña contra el terrorismo y la no-proliferación”, agregó la Casa Blanca en un breve comunicado divulgado en Kennebunkport (Maine, noreste), donde Bush llegó a pasar el fin de semana en casa de sus padres. Este encuentro será el tercero en un año entre los dos presidentes. Los dos anteriores tuvieron lugar en China, el primero en Shangai en octubre de 2001 en ocasión de la cumbre de la APEC, y la segunda durante una visita oficial de Bush a Pekín en febrero último.
El presidente chino será el quinto dirigente extranjero recibido por Bush en su rancho particular, situado cerca del poblado de Crawford en el centro de Texas, luego del presidente Fox, el primer ministro británico, Tony Blair, el presidente ruso, Vladimir Putin, y el príncipe heredero saudita, Abdalá ben Abdel Aziz.Un portavoz de la Casa Blanca, Sean McCormack, no descartó que la cuestión de Taiwán fuera abordada durante esta cumbre.
En el discurso del Presidente Uribe Vélez he celebrado que la preocupación y la aspiración a esa Patria Grande ocupa un lugar importante en el pensamiento del nuevo gobernante colombiano.

101 años de Panamá América

 
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