Errores políticos mortales
Continuamos observando la cadena de errores políticos mortales que vienen sucediéndose en el campo de la oposición.
Desde el inicio de la administración de este gobierno, en que brillantes estrategas decidieron iniciar, desde ese mismo momento, la campaña política a nivel nacional comenzó a tejerse el rosario de errores fatales que habrían de culminar en lo que todos sabemos que existe actualmente: una oposición con graves problemas de fricciones y divisiones que todos hacemos esfuerzos por liquidar. Lo advertimos desde un principio y lo repetimos en innumerables ocasiones, que era prematuro y dañino iniciar jornadas que sólo caprichos y malascrianzas políticas podían concebir, algunos para darse protagonismos políticos que de otra manera no tenían, y otros para hacerse la ilusión infantil de que un día un gran movimiento nacional de convocatoria insospechada y que irrumpiría incontenible en la vida electoral del país.
Nada de esto ha ocurrido.
Los débiles movimientos que se dieron no provocaron ninguna rebelión social. Las acciones de un gobierno determinadas a efectuar un cambio tajante en las políticas socioeconómicas dirigidas a hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, han sido los factores, que sumados en estos tres años de administración pública, constituyen el bagaje que tiene un pueblo sumido en la desesperanza, espectador de la ruina de productores, negocios y malhadadas leyes sociales, promotoras de mayores desempleos y desprotección a la canasta básica familiar, lo que concreta una reacción de grandes proporciones en contra de la gestión administrativa nacional.
El desgaste de los sectores oposicionistas está a la vista. Si no hay factores genuinos de recuperación y reactivación de estos sectores, por más que pontífices del error salgan en los medios de comunicación, en donde medran mediocremente diciendo que nada pasa y de que las "bases" son las que dirigen a los dirigentes y no viceversa, estaremos en una carrera alegre y desprevenida hacia el despeñadero electoral que tenemos a corta distancia.
El error camina parejo con la terquedad. El país oposicionista pareciera no darse cuenta en dónde están ubicados estos engendros.
Ya la sabiduría "ignara" que se demostró en la jornada electoral pasada, no tiene recuerdos que sirvan a la experiencia. Todo se borró para dar paso a la misma contumacia.
En estos momentos de destrampe y confusión se requiere dar un golpe de timón fuerte, experto y decisivo con el objetivo de que el país quede en manos o de todos o de una mayoría discutible que decida de una vez por todas que es lo que Panamá quiere para el próximo milenio.
Desde el inicio de la administración de este gobierno, en que brillantes estrategas decidieron iniciar, desde ese mismo momento, la campaña política a nivel nacional comenzó a tejerse el rosario de errores fatales que habrían de culminar en lo que todos sabemos que existe actualmente: una oposición con graves problemas de fricciones y divisiones que todos hacemos esfuerzos por liquidar. Lo advertimos desde un principio y lo repetimos en innumerables ocasiones, que era prematuro y dañino iniciar jornadas que sólo caprichos y malascrianzas políticas podían concebir, algunos para darse protagonismos políticos que de otra manera no tenían, y otros para hacerse la ilusión infantil de que un día un gran movimiento nacional de convocatoria insospechada y que irrumpiría incontenible en la vida electoral del país.
Nada de esto ha ocurrido.
Los débiles movimientos que se dieron no provocaron ninguna rebelión social. Las acciones de un gobierno determinadas a efectuar un cambio tajante en las políticas socioeconómicas dirigidas a hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, han sido los factores, que sumados en estos tres años de administración pública, constituyen el bagaje que tiene un pueblo sumido en la desesperanza, espectador de la ruina de productores, negocios y malhadadas leyes sociales, promotoras de mayores desempleos y desprotección a la canasta básica familiar, lo que concreta una reacción de grandes proporciones en contra de la gestión administrativa nacional.
El desgaste de los sectores oposicionistas está a la vista. Si no hay factores genuinos de recuperación y reactivación de estos sectores, por más que pontífices del error salgan en los medios de comunicación, en donde medran mediocremente diciendo que nada pasa y de que las "bases" son las que dirigen a los dirigentes y no viceversa, estaremos en una carrera alegre y desprevenida hacia el despeñadero electoral que tenemos a corta distancia.
El error camina parejo con la terquedad. El país oposicionista pareciera no darse cuenta en dónde están ubicados estos engendros.
Ya la sabiduría "ignara" que se demostró en la jornada electoral pasada, no tiene recuerdos que sirvan a la experiencia. Todo se borró para dar paso a la misma contumacia.
En estos momentos de destrampe y confusión se requiere dar un golpe de timón fuerte, experto y decisivo con el objetivo de que el país quede en manos o de todos o de una mayoría discutible que decida de una vez por todas que es lo que Panamá quiere para el próximo milenio.