Errores y correctivos
Algunos voceros oficiales han admitido las dificultades enfrentadas por el gobierno en los últimos meses; tratar de ocultarlas o negarlas, además de decepcionar, proyectarían una dramática ausencia de sentido político en las esferas de poder.
A poco menos de cumplir un año de gestión, reconocer esas deficiencias no tendría ninguna validez, si no se toman correctivos que saquen al gobierno de esta especie de inmovilismo y traspié continuo, en el que permanece desde que inició el proceso de reformas de la ley de la Caja de Seguro Social.
No son pocos los que identifican tales deficiencias como los pilares en los que se sustenta un prematuro inicio de jornadas electorales; una aparición inusitada de candidatos que parecen decir: "yo lo haría mejor de lo que lo están haciendo los actuales gobernantes". Es posible una oferta como esa, porque la comunidad nacional experimenta vacíos y frustraciones.
A decir verdad, las dificultades que muchos citan y que el propio Ejecutivo admite, no pueden ser señaladas como derrotas irreparables. Tampoco como problemas desconectados del pasado gobierno. Pese a todo, encarar el problema de la Caja sigue siendo un mérito de la administración Torrijos. Concluirlo, un compromiso inevitable.
Evaluar con lupa las causas de esos errores debe garantizar detectar con sinceridad dónde nacieron las angustias y de qué modo cerrar ese capítulo. Concluir exitosamente el diálogo nacional por las reformas a la ley de la CSS, la escogencia del nuevo administrador del Canal, el cumplimiento de las promesas de campaña respecto a los temas de corrupción y cambios en el método de relaciones con las organizaciones de la sociedad civil podrían ser excelentes oportunidades para el Ejecutivo, pero junto al cómo las desarrolle.
Nadie espera milagros. El pueblo posee una madurez y una intuición política que le permite discriminar las buenas de las malas intenciones, las directrices correctas de las erráticas, y actuar en consecuencia. Lo que le queda al gobierno es interpretar ese sentimiento y restablecer las promesas y los planes de desarrollo y progreso anunciados durante la campaña electoral.
Después de este primer año de gobierno, poco creíble serán, aunque sean ciertas, las razones y las relaciones de las dificultades oficiales con pasadas administraciones.
A poco menos de cumplir un año de gestión, reconocer esas deficiencias no tendría ninguna validez, si no se toman correctivos que saquen al gobierno de esta especie de inmovilismo y traspié continuo, en el que permanece desde que inició el proceso de reformas de la ley de la Caja de Seguro Social.
No son pocos los que identifican tales deficiencias como los pilares en los que se sustenta un prematuro inicio de jornadas electorales; una aparición inusitada de candidatos que parecen decir: "yo lo haría mejor de lo que lo están haciendo los actuales gobernantes". Es posible una oferta como esa, porque la comunidad nacional experimenta vacíos y frustraciones.
A decir verdad, las dificultades que muchos citan y que el propio Ejecutivo admite, no pueden ser señaladas como derrotas irreparables. Tampoco como problemas desconectados del pasado gobierno. Pese a todo, encarar el problema de la Caja sigue siendo un mérito de la administración Torrijos. Concluirlo, un compromiso inevitable.
Evaluar con lupa las causas de esos errores debe garantizar detectar con sinceridad dónde nacieron las angustias y de qué modo cerrar ese capítulo. Concluir exitosamente el diálogo nacional por las reformas a la ley de la CSS, la escogencia del nuevo administrador del Canal, el cumplimiento de las promesas de campaña respecto a los temas de corrupción y cambios en el método de relaciones con las organizaciones de la sociedad civil podrían ser excelentes oportunidades para el Ejecutivo, pero junto al cómo las desarrolle.
Nadie espera milagros. El pueblo posee una madurez y una intuición política que le permite discriminar las buenas de las malas intenciones, las directrices correctas de las erráticas, y actuar en consecuencia. Lo que le queda al gobierno es interpretar ese sentimiento y restablecer las promesas y los planes de desarrollo y progreso anunciados durante la campaña electoral.
Después de este primer año de gobierno, poco creíble serán, aunque sean ciertas, las razones y las relaciones de las dificultades oficiales con pasadas administraciones.