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Errores y responsabilidades


Hace mucho tiempo he comentado sobre el peligro que se presenta en los diferentes países con una explosión social, que luego es difícil detener. He hecho llamado a los políticos para que eviten cometer tantos errores garrafales que están cansando al pueblo y que puede llevarnos a situaciones desagradables. Es aquí donde se impone la posición sesuda de quienes gobiernan y quienes, en una u otra forma, tienen la responsabilidad de manejar al país desde el punto de vista político.
Hemos tenido trastornos en diferentes aspectos que no han permitido llevar a cabo un buen gobierno, sobre todo causado por los mismos que están en el poder. Han permitido que la economía se descalabre con el consiguiente encogimiento en la producción de empleos y la aparición de una cantidad de pobres que no les está permitido ni siquiera comer más que lo que encuentran en el basurero de Cerro Patacón. El hambre es el peor enemigo de la democracia y de la paz social.
La corrupción, la coima y el despilfarro han llevado, además, a una falta de credibilidad en el gobierno y en todas las instituciones, gubernamentales o no. Y cuando hablo de estos tres factores, me refiero también a los gremios, al sector privado, a los sindicatos y a toda la sociedad.
La permanencia prolongada de los dirigentes sindicales ha llevado a la ciudadanía a perder la fe en ellos. Cuando las autoridades dicen que los dirigentes están emplanillados en el Seguro Social y ellos lo niegan, existe la duda.
Cuando los sindicatos insisten en la persecución de parte del gobierno, en que sus huelgas y movimientos han sido un éxito, cuando todos vemos que han sido fracaso, pierden credibilidad.
Cuando el gobierno dice que los estudiantes universitarios planeaban incendiar un edificio del Campus, no se les cree, aunque sea cierto; cuando los estudiantes dicen que ellos son inocentes y que buscan amparo en la autonomía, nadie lo cree.
Cuando se ha concedido un permiso para hacer una obra y ésta va adelantada, además de ser necesaria y luego un magistrado dice que quien dio el permiso no era la persona indicada y suspenden la obra, ¿qué clase de seguridad jurídica brindamos a los inversionistas locales o extranjeros para que dejen aquí su dinero?
Estamos jugando con fuego, porque el pueblo no le cree a nadie y esa fue la razón de la disminución de personas a la última marcha de los obreros. Llegará el día en que nadie podrá detener la rebelión y un pueblo enardecido cortará cabezas por igual a pobres que a ricos; a obreros que a empresarios. Esa masa descontrolada no verá la democracia ni respetará al gobierno constituido y no sabremos a dónde marcharán en su objetivo de lograr un cambio total en el país. Pero, si los políticos continúan hablando sandeces, como un candidato presidencial que dijo hace unos días que el gobierno debe ser el principal creador de empleos (señores, a dónde hemos llegado); si los obreros continúan hablando de pobres y ricos y no comprenden su responsabilidad en los problemas nacionales; si los gremios se dejan arrastrar por demagogos que ahora salen a la calle cuando antes se escondían en las faldas de otros en su ideología foránea, pronto tomaremos un camino sin retorno hacia el despeñadero y, créanme, nos costará demasiado tiempo y esfuerzo reconstruir el país por terquedad de quienes tienen en sus manos la solución pacífica de los problemas, con el diálogo y el entendimiento entre las partes.
Necesitamos sacrificios de todos, no intransigencia y echarle la carga sólo a una parte. No más mentiras ni engaños, ni palabras huecas, ni oídos sordos.
Debemos salvar a Panamá y dejar a nuestros hijos y nietos un país limpio de sinvergüenzuras y corrupción. Sólo así seremos una gran nación nuevamente... y es fácil lograrlo con voluntad y desprendimiento.

101 años de Panamá América

 
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