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¿Es el temor el que no nos deja ser felices?


El artículo del autor Alexander Jiménez "Sociedades temerosas, sociedades infelices"(1) constituye una fiel copia de lo que sucede a nivel de nuestras sociedades en lo que significa el sentimiento y afección de temor en que se vive en referente a la creciente criminalidad y sus variaciones. El miedo y el temor a ser afectados o dañados en su integridad o en sus bienes no posee nacionalidad y es propio de los seres humanos cuando se ven bajo una amenaza constante. El problema, tal y como lo menciona el autor, es que acudimos a conductas extremas que por el empuje mediático se convierten en legislaciones draconianas que exigen el uso de la "mano dura", "penas de muerte" y "cierre de fronteras y expulsión de los extranjeros indeseables".

Es natural, tal y como lo manifiesta el autor Jiménez, que la mayoría de los delitos son cometidos por personas autóctonas del área, y es comprensible pues se constituye en su mayoría por nacionales. Cierto es que nuestros países deben integrar democráticamente a los inmigrantes y refugiados, pero a su vez el sistema de monitoreo y vigilancia, además de la inteligencia y manejo de la información sobre delitos y criminalidad, debe estar actualizado y sirviendo de filtro en función de la no entrada de individuos indeseables a nuestros países. Esto es una verdad fehaciente debido a que penetran nuestras fronteras redes del narcotráfico que introducen nuevas formas de criminalidad e inducen a nuestra juventud al vicio de las drogas.

Tal y como lo expresa el autor, no podemos vivir secuestrados por el miedo, la desconfianza y la represión. Nuestros gobiernos deben buscar salidas adecuadas y bien analizadas, y hacer uso de lo mejor que poseen:  sus Recursos Humanos especializados y con experiencia en el tema.

En Panamá, nuestra sociedad posee en la actualidad el síndrome del temor al delito. Ya no transitamos en la mayoría de las áreas por temor a que nos asalten, por las balaceras entre pandillas y que alguna bala tenga nuestro nombre. Nuestros hogares parecen trincheras cubiertas de enrejados, cámaras de vigilancia, cercas electrificadas, con alambre de púas y alarmas. La vida nocturna se hace casi un imposible, y los que pernoctan en sus actividades viven en un riesgo continuo. No se pueden descuidar al entrar a los hogares o al subirse al auto, pues se corre el riesgo de robo, secuestro y de muerte.

En nuestro país, Panamá, se debe estructurar un equipo que investigue científicamente los delitos y la actividad criminal, ver los comportamientos, los agentes causales, los que catalizan estas acciones y buscar las soluciones y medidas para disminuir este flagelo. Queremos sociedades felices y productivas que se sientan en libertad de transitar sin ningún temor. Ese es el Panamá que añoramos todos los panameños.

(1) Alexander Jiménez; Sociedades Temerosas, Sociedades Infelices, Nacion.com/opinion

101 años de Panamá América

 
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