Es hora de acabar la guerra contra las drogas
FAIRFAX, VIRGINIA (AIPE).- Prácticamente a diario aparece algo en la prensa sobre la guerra contra las drogas: decomiso de inmensos cargamentos, descubrimiento de una nueva manera de lavar el dinero sucio, estadísticas
sobre incremento del consumo, batallas entre bandas rivales, nuevos casos de corrupción política, irrespeto a la privacidad bancaria, allanamientos y confiscaciones de activos, arrestos, enjuiciamientos y prisión.
A medida que tanto el consumo como la situación general empeora, la ciudadanía debe comenzar a formularse ciertas preguntas fundamentales: ¿hasta cuándo?, ¿cuánto peor debe tornarse la situación antes de reconocer el fracaso de la guerra contra las drogas?, ¿hasta cuándo seguiremos tolerando las violaciones a nuestra libertad y privacidad?
Si la guerra contra las drogas ha fracasado en alcanzar los objetivos tras décadas de esfuerzo y si la situación continúa empeorando, ¿acaso no ha llegado el momento de suspender ese programa gubernamental?
Y la pregunta moral es ¿por qué no puede un individuo tener la libertad de actuar de una manera autodestructiva? ¿No es esa la esencia misma de la libertad humana? Si una persona no es libre de hacerse daño a sí misma, ¿cómo puede considerarse libre? ¿Bajo qué autoridad moral procede el Estado a regular y a castigar a un adulto por hacerse daño a sí mismo?
La verdadera prueba de la sociedad libre no es si la gente está en libertad de actuar de la manera definida como "conducta responsable" por el Estado. Después de todo, aun los chinos y los de Corea del Norte fueran libres bajo esa normativa. La verdadera prueba de la sociedad libre es si el individuo puede actuar irresponsablemente, siempre y cuando no interfiera, de manera directa y utilizando la fuerza, con la habilidad de los demás de hacer lo mismo. En otras palabras, mientras un individuo no lesione, asesine, viole, robe, defraude, etc., libertad significa el derecho de hacer lo que quiera, aunque ello sea lo más irresponsable y autodestructivo del mundo.
Hay razones pragmáticas para acabar con la guerra contra las drogas. Aún si fuese victoriosa, el precio en términos de libertad y privacidad es demasiado alto. Pero cuando las autoridades ni siquiera logran evitar el narcotráfico en las cárceles, entonces, ¿cómo pueden impedir que haya drogas en las viviendas? ¿Utilizando cámaras escondidas, perros entrenados y niños soplones?
Cuando alguien quiere o necesita una droga, el hecho que la posesión o distribución sea ilegal, no resulta ser un freno. Al convertirlas en ilegales se reprime la oferta, lo cual aumenta artificialmente su costo.
Parte del problema actual es que los drogadictos están dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguir el dinero y comprar la dosis. Por lo tanto, no es coincidencia que los robos, asaltos y asesinatos aumentan al decretar su ilegalidad. Jamás vemos a un borrachito asaltando a alguien para poder tomarse un trago de ron.
La manera más efectiva de tratar la adicción es con tratamiento, no con cárcel. Por eso es que los Alcohólicos Anónimos han tenido tanto éxito.
Parte importante del tratamiento es que el alcohólico hable libremente de su problema y de las causas. Al hacer ilegal el consumo de drogas se logra el efecto contrario: se dificulta al máximo que la gente hable libremente de su problema y busque ayuda.
Pero más importante aún, al terminar la guerra contra las drogas avanzaríamos en la dirección de reemplazar al Estado paternalista, que masivamente viola nuestra libertad y privacidad, con un gobierno que se limita a proteger el derecho de los individuos a vivir la vida a su manera, siempre y cuando respete el derecho de los demás a hacer lo mismo. Estados Unidos fue fundado en base a ese principio.
sobre incremento del consumo, batallas entre bandas rivales, nuevos casos de corrupción política, irrespeto a la privacidad bancaria, allanamientos y confiscaciones de activos, arrestos, enjuiciamientos y prisión.
A medida que tanto el consumo como la situación general empeora, la ciudadanía debe comenzar a formularse ciertas preguntas fundamentales: ¿hasta cuándo?, ¿cuánto peor debe tornarse la situación antes de reconocer el fracaso de la guerra contra las drogas?, ¿hasta cuándo seguiremos tolerando las violaciones a nuestra libertad y privacidad?
Si la guerra contra las drogas ha fracasado en alcanzar los objetivos tras décadas de esfuerzo y si la situación continúa empeorando, ¿acaso no ha llegado el momento de suspender ese programa gubernamental?
Y la pregunta moral es ¿por qué no puede un individuo tener la libertad de actuar de una manera autodestructiva? ¿No es esa la esencia misma de la libertad humana? Si una persona no es libre de hacerse daño a sí misma, ¿cómo puede considerarse libre? ¿Bajo qué autoridad moral procede el Estado a regular y a castigar a un adulto por hacerse daño a sí mismo?
La verdadera prueba de la sociedad libre no es si la gente está en libertad de actuar de la manera definida como "conducta responsable" por el Estado. Después de todo, aun los chinos y los de Corea del Norte fueran libres bajo esa normativa. La verdadera prueba de la sociedad libre es si el individuo puede actuar irresponsablemente, siempre y cuando no interfiera, de manera directa y utilizando la fuerza, con la habilidad de los demás de hacer lo mismo. En otras palabras, mientras un individuo no lesione, asesine, viole, robe, defraude, etc., libertad significa el derecho de hacer lo que quiera, aunque ello sea lo más irresponsable y autodestructivo del mundo.
Hay razones pragmáticas para acabar con la guerra contra las drogas. Aún si fuese victoriosa, el precio en términos de libertad y privacidad es demasiado alto. Pero cuando las autoridades ni siquiera logran evitar el narcotráfico en las cárceles, entonces, ¿cómo pueden impedir que haya drogas en las viviendas? ¿Utilizando cámaras escondidas, perros entrenados y niños soplones?
Cuando alguien quiere o necesita una droga, el hecho que la posesión o distribución sea ilegal, no resulta ser un freno. Al convertirlas en ilegales se reprime la oferta, lo cual aumenta artificialmente su costo.
Parte del problema actual es que los drogadictos están dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguir el dinero y comprar la dosis. Por lo tanto, no es coincidencia que los robos, asaltos y asesinatos aumentan al decretar su ilegalidad. Jamás vemos a un borrachito asaltando a alguien para poder tomarse un trago de ron.
La manera más efectiva de tratar la adicción es con tratamiento, no con cárcel. Por eso es que los Alcohólicos Anónimos han tenido tanto éxito.
Parte importante del tratamiento es que el alcohólico hable libremente de su problema y de las causas. Al hacer ilegal el consumo de drogas se logra el efecto contrario: se dificulta al máximo que la gente hable libremente de su problema y busque ayuda.
Pero más importante aún, al terminar la guerra contra las drogas avanzaríamos en la dirección de reemplazar al Estado paternalista, que masivamente viola nuestra libertad y privacidad, con un gobierno que se limita a proteger el derecho de los individuos a vivir la vida a su manera, siempre y cuando respete el derecho de los demás a hacer lo mismo. Estados Unidos fue fundado en base a ese principio.