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Es hora de un cambio


Alguien me dijo hace años que hay dos cosas difíciles de ocultar por mucho tiempo; una es la riqueza mal habida y la otra es el embarazo en una señorita.

En Panamá a nadie sorprende la confirmación de un secreto que desde la fundación de la República recorre el país de un extremo al otro y es el que “algunos exitosos empresarios y adinerados-- ex servidores públicos, algo raro han debido estar haciendo para acumular semejantes riquezas en tan poco tiempo”. Martín Fierro decía que no era de fiar la familia que se hacía rica en 2 o 3 generaciones, imagínense lo que pensaría sobre el individuo que se hace millonario en menos de cinco años.

Una cosa que me ha sorprendido grandemente en las últimas campañas electoreras, es ver cómo la casta dominante de los partidos políticos y de la sociedad, juegan a la renuncia y a la afiliación en los diferentes partidos políticos que parecen un collage de parentescos e intereses más que de ideologías, en donde al final de la jornada seguirán todos comiendo en la misma mesa, mientras los fieles militantes de base, esperamos el milagro de que nos tiren un mendrugo de pan o un hueso con algo de carne.

No sé pero en nuestro país se está presentando desde hace 20 años, con una mayor tasa de prevalencia e incidencia una extraña enfermedad, que creo se hace merecedora a que llamemos al CDC de Atlanta para que nos ayude a encontrar la causa de esta epidemia. Este síndrome se caracteriza porque el sujeto político, en los cinco años previos de su vida, tiene unos planteamientos que no salen de la esfera del bien común, la persona es humilde, saluda a sus vecinos y comparte sus vivencias. Durante este periodo de incubación, expresa sin tapujos que no quiere para este país ni una privatización más y hasta llega a comprometerse a rescatar los oligopolios y monopolios estatales cedidos por sus antecesores, según él, de mala manera a la empresa privada. Pero tan pronto llega al poder o a un puesto de gobierno por elección o designación, el individuo experimenta una súbita y profunda crisis de enfermedad de Alzheimer. Es decir olvida todo lo prometido y lo que es peor hace precisamente todo lo que dijo que no haría, le da por mudarse de barrio, por cambiar hasta de familia y empezar a comprar yates, carros europeos y aviones gringos. Realmente estoy próximo a solicitar a la Sociedad Panameña de Salud Pública que hagamos una reunión plenaria para analizar que les está pasando a estos sujetos, que de pronto se han olvidado de dónde vienen y hacia dónde van finalmente.

Creo sin lugar a dudas, que el primer diagnóstico para descartar, es que desde que nacieron no tenían calidad humana.

101 años de Panamá América

 
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