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¡Es hora! El quinto candidato


En mayo de 2004 no sólo deberíamos votar por cuatro candidatos o candidatas (presidente, legislador, alcalde y representante de corregimiento), sino por un quinto candidato que no tiene cara, ni nombre y apellido, ni partido político pero que, en cambio, puede ayudar a transformar democrática y solidariamente a Panamá: la Constitución Política de la República. Según datos del mes de agosto producto de una encuesta nacional realizada por Latinetwork Dichter & Neira, especialmente para el Foro Panamá 2020, las dos terceras partes de las personas abogan por un cambio constitucional, ya sea a través de la reforma a la actual Constitución o la elaboración de una nueva Carta Magna.
El 86% de los que afirmaron lo anterior, prefieren abrumadoramente como medio para lograr el cambio una Asamblea Constituyente elegida por el voto popular, seguido por el 11% que opta por ir a través de los métodos establecidos en la actual Constitución. Esta Asamblea Constituyente -según el 89%- debería ser convocada por la voluntad del pueblo por medio de un referéndum incluido en las elecciones de mayo de 2004; o sea utilizando la quinta papeleta. Los cambios constitucionales deben ser amplios y profundos abarcando a los tres órganos del Estado, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y otros aspectos claves.
Más claro no puede estar y es la hora de las definiciones. La opinión y el sentir de la ciudadanía son imperativos, especialmente para hacer los cambios ahora que permitan incluir esa quinta papeleta para los comicios de mayo próximo. Los partidos políticos imbuidos en su oferta electoral deben escuchar esta demanda ciudadana que ya es impostergable y que además enaltecería la celebración del primer centenario de la República.
Ya existen en la mesa varias propuestas de cambios constitucionales que servirían de base para el proceso, pero la más reciente y consensuada por muchos sectores nacionales es el centenar de lineamientos de cambio presentados por el Foro Panamá 2020. La propuesta contempla elementos para mejorar participativamente la democracia, superar el centralismo y el autoritarismo, afirmar el estado de derecho y la transparencia.
La encuesta, además, reafirma que la mayoría de los encuestados ubica la falta de moralidad y la corrupción en Panamá, tanto en la esfera pública como en la esfera privada. Es decir, no sólo es un problema que afecta al gobierno. En el fondo lo que sucede es que la corrupción logra su cometido porque existen tres factores: El primero es sistémico, pues existen los espacios y las fisuras institucionales públicos y privados para que crezca y se extienda como un cáncer. Segundo, el factor subjetivo expresado en los individuos o personas que encarnan antivalores. Tercero, la existencia de una cultura de la normalidad y la indiferencia que permite la apatía ciudadana, que llega a ver como "normal" los desmanes del poder. Por ello, la opinión de los encuestados se centra en que para combatir la corrupción debe utilizarse tanto la prevención a través de la educación y la concienciación, como el castigo ejemplar para combatir la impunidad.
La mayoría de las personas le otorga un alto valor a los pactos éticos electorales como muy importantes para la mayoría de ellos, en cuanto comprometen a sus firmantes -los partidos políticos y candidatos- con su cumplimiento. Es decir, exigen que los compromisos firmados no se echen en saco rato y se cumplan al pie de la letra.
En la encuesta, los valores más importantes son: la paz, la honestidad y el respeto, seguidos de muchos otros más. Este reconocimiento de la paz posiblemente surge del entorno de violencia que azota a la sociedad, y ni habla de las confrontaciones y guerras externas (como las reciente en Irak) que ha sacudido la conciencia de la población a favor de la paz.
La mayoría reconoce la mucha necesidad de contar con un plan o sistema de integridad, que permita crear una red tupida de prevención y castigo tejida en todos los sectores y planos de la vida nacional. Afirman que los principales promotores de este plan deben ser todos los sectores nacionales, seguido de la familia, los medios de comunicación, escuelas e iglesias.
La sociedad debe exigirles a los candidatos y fuerzas políticas el asumir a carta cabal el compromiso de crear -con participación ciudadana- este plan e impulsarlo decididamente. Además, el pueblo reconoce por una gran mayoría que es importante contar con un visionómetro; o sea un instrumento permanente que mida el avance o retroceso en el desarrollo nacional y que permita no sólo conocer sino influir en la marcha de la acción de gobierno y de la sociedad.
Todo ello supone la necesidad de reconceptualizar el actual modelo de desarrollo, contrarrestando la exclusión y desigualdad que lo caracteriza, con la construcción de un modelo incluyente, equitativo y centrado en la persona humana.
(raulleisr@hotmail.com)

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