default

“Es la economía, estúpido”


Esa frase -pero en inglés- dominaba la sede de campaña de Bill Clinton en las elecciones de 1992. Fue enunciada por su estratega James Carville, y su claridad y precisión le guió el camino a la Presidencia. Si los antecedentes sirven de algo y la economía norteamericana sigue en picada, Barack Obama debe ser el próximo presidente estadounidense; a menos que distraiga su mensaje sobre la preocupación fundamental, o su propuesta económica sea menos convincente que la de John McCain.

El debate de Obama no es contra un neoconservador como George Bush, sino contra un conservador iconoclasta llamado John McCain. Obama es un demócrata convencido de que el Estado debe regular la economía para evitar casos como el de ENRON o catástrofes como la del derrumbe del sistema financiero que sufre el país. Pero McCain no es un neoconservador que cree que el Estado debe no intervenir durante la fiesta, pero sí debe recoger -y pagar- los platos rotos, sino que estas malas decisiones sólo se evitan si los banqueros comprenden que nadie los salvará financieramente de su irresponsabilidad, ni de la cárcel. En este punto, la posición de los demócratas es más parecida a la de la administración Bush que la de McCain. Los grandes problemas los quieren tapar a punta de billetazos -devaluados por cierto-.

A diferencia de lo que opina el Presidente de Venezuela, el libre mercado no está mostrando su agotamiento o fracaso. Lo que muestra el cobre, es el modelo intervencionista en donde el Estado permite la privatización de las ganancias pero la nacionalización de las pérdidas. Eso no es economía de mercado, sino una gran estafa.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América