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Es mejor pegarle a los chicos que a los grandes



Como no podemos con los grandes, peguémosle a los chicos. Es que es muy difícil pelear contra los capomafiosos que hunden sus redes por todas partes y penetran hasta las instituciones mismas.
Es muy difícil encarcelar a los dueños de los negocios que venden todo tipo de drogas y armas ilícitas, porque ellos tienen muchos vínculos con gente de poder. ¡Ah, pero esos muchachitos que andan por ahí haciéndole el mandado a los narcomafiosos, vigilando las calles, asaltando y halando el gatillo según las instrucciones! A esos sí podemos agarrarlos y someterlos.
Ojalá los diputados cambien las leyes y nos permitan encerrarlos por 20 años! ¡Qué nos importa que no tengan padre ni madre ni nadie que se ocupe de ellos! ¡Qué nos importa que la escuela a la que debían ir sea totalmente disfuncional e incapaz de guiarlos en la vida y retenerlos! La sociedad necesita ponerlos fuera de circulación por el mayor tiempo posible. Que si salen convertidos en criminales profesionales, tampoco importa. Necesitamos resolver este problema ahora, de una vez por todas. Después otros tendrán que resolver el problema social cuando salgan a la calle llenos de sentimientos de venganza y con mucho más técnicas para el crimen. Aquí no hay tiempo para pensar en el futuro, hay que proceder al encierro de los "menores" ¡ya! Es verdad que los chicos y chicas que viven en medio de la violencia y la miseria en las ciudades de Panamá, Colón y La Chorrera son más de cien mil, lo que es un potencial ejército contra el orden establecido. Pero resulta que tras los barrotes hay poco más de cien solamente.Si adoptáramos medidas ejemplarizantes podríamos encerrar a unos 500, o mil, tal vez. Entonces sí las buenas gentes disfrutaríamos de una verdadera paz en las calles. O tal vez no, porque hay otros 99 mil que podrían ser reclutados por exactamente las mismas fuerzas, el mismo dinero, y para los mismos oficios infames de robo, transporte y venta de drogas y comercio de armas. Quizás no necesitamos construir escuelas, sino cárceles, porque vamos a necesitar donde poner a los miles que se irán sumando cada vez más a las actividades delictivas, ya que el Estado no tiene otro tipo de respuesta para ellos. Y no necesitaremos más maestros, sino más custodios, que, después de todo, cuestan menos que los maestros, lo que significa un ahorro neto. De una vez por todas, peguémosle a los chicos. Pero rápido, antes de que alguien se dé cuenta de la barbarie que estamos a punto de cometer.

101 años de Panamá América

 
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