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Es muy fácil criticar




Médico

Sin duda alguna, es muy fácil criticar ahora que todo está hecho en una institución como la Defensoría del Pueblo que hace tres años no existía, porque sólo estaba en papel. Y con la autoridad moral que me da haber sido testigo del tormentoso nacimiento de esta institución, me atrevo a preguntar a aquellos que hoy critican la orientación y el papel de la actual Defensoría del Pueblo, ¿qué dijeron cuando durante seis meses tuve a la Defensoría del Pueblo en mi casa, porque el entonces gobierno de Pérez Balladares hacía lo imposible por dilatar y entorpecer el proceso de organización de la institución y no fue sino hasta el 31 de diciembre de 1997 cuando se otorgó el exiguo crédito para organizar una institución que por ley debía estar instalada 15 días después de esta fecha?
Veo que para algunos candidatos es muy fácil criticar cuando no tuvieron que vivir el acoso de gente que llamaba a nuestro hogar incesantemente, creyendo ingenuamente que ya todo estaba listo para recibir quejas, sin saber que durante meses mi casa se convirtió en una oficina, llena de papeles y de personas que iban y venían, pues estaban deseosas de construir mejores días para el país. Aquellos que tengan hijos pequeños, podrán imaginar lo que representó en ese entonces una situación como ésta para nuestra hija, que no llegaba aún a los dos años.
Seguramente a muy pocos les habrá tocado la dura experiencia de tener que evadir los diferentes cercos que le tocó sortear a Italo con tal de conservar la independencia y no plegarse a ningún poder ni partido. Durante seis meses no le pagaron su salario para ver si claudicaba, si se doblegaba y no lo hizo; por el contrario, tuvo inicialmente que aportar dinero de su propio bolsillo para pagar las obras de remodelación del local que hoy día ocupa la Defensoría del Pueblo. Y me pregunto, ¿cuántos de los que hoy critican hubieran podido mantener la postura de dignidad que mostró mi esposo cuando escogió el difícil camino de organizar dicha institución, sin entregarla, hipotecarla o venderla a quienes detentaban en un momento dado el poder?
Es muy fácil criticar para alguien que no conoce, ni ha entrado tan siquiera a la Defensoría del Pueblo, que no sabe cómo nació, ni los mil y un obstáculos y escollos internos y externos que surgieron y a los que mi esposo supo hacer frente, con los principios y la dignidad que siempre lo han caracterizado y que tanto admiro.
Es muy fácil criticar para alguien que no ha seguido de cerca las actividades que se realizan, la labor educativa que se ha organizado, las actividades dirigidas a los niños, la obra social que la Defensoría del Pueblo realiza con el apoyo de quienes creemos en la misión de servir a los que más lo necesitan y para aquel que no quiere darse cuenta que el mejor índice de la confianza que el pueblo tiene en el trabajo del Defensor, son las casi seis mil quejas que al día de hoy se han presentado en la institución. Y es que si nadie creyera en la efectividad de ésta, nadie iría a perder el tiempo para poner una queja.
Qué fácil es criticar ahora y decir que todo lo que se ha hecho está mal cuando, por el contrario, lo maravilloso sería que, en lugar de intentar destruir lo que se ha hecho, quien sucediera a mi esposo, siguiera construyendo sobre los cimientos que tanto tiempo, esfuerzos y sacrificios personales y familiares han costado.
Como panameña, me siento orgullosa del trabajo que mi esposo ha realizado como Defensor del Pueblo y de ver lo que es hoy la institución que él deja y lo que ella representa: el bastión para la defensa de aquellos que más la necesitan. ¡Ojalá que no pase a convertirse en el bastión de políticos y corruptos!

101 años de Panamá América

 
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