Es una verdad de a puño
Es una verdad de apuño, que si un país carece de un proyecto nacional, de la unidad, coherencia y un derrotero propio basado en su historia, en objetivos claramente definidos y deseados por su pueblo, está destinado a vivir en la periferia, con un destino incierto y un futuro frágil.
La Historia nos demuestra a cada paso de una nueva hoja del calendario que existen países ricos y pobres, naciones que viajan en el vagón de tercera clase y que las asimetrías son reales en el concierto internacional.
Resulta igualmente un hecho irrefutable además que la desigual distribución de la riqueza, de las tierras, la ausencia de reglas del juego con oportunidades para todos, la corrupción, el despilfarro, la falta de conocimientos tecnológicos y, en especial la ausencia de una política educativa moderna, humanista, científica, especializada y universal, impide todo crecimiento sostenido, estable, eficaz y real.
Las recetas económicas para alcanzar objetivos deseables están en las respuestas a los problemas medulares del hombre de fin del segundo milenio. En esencia, al trabajo, la salud, educación, vivienda y ocio, entre los medulares.
Si algo ha caracterizado a este siglo, es la búsqueda de soluciones económicas a través de los diversos modelos : ensayo y error, y mucho de la ley del más fuerte, en el gran laboratorio universal.
Cada época ha tenido su propia varita mágica, impulso y locomotora, porque los paradigmas han marcado a la humanidad desde tiempos remotos.
Hoy la globalización nos marca a hierro, en una velocidad y profundidad nunca antes experimentada, abriendo rutas inéditas, insospechadas, plagadas de la ansiedad que produce la montaña rusa, del vértigo de un lanzamiento en paracaídas y de la incertidumbre de lo desconocido. Aspera, en ocasiones, volátil, en otras, como anillo al dedo para las transnacionales, la globalización viste nuevas ropas para algunos, y promete harapos o ropa de segunda, para otros, siempre y cuando no se ciña a algunas reglas claras.
Ricardo French Davis, Asesor Regional Principal de la CEPAL, sostiene que la globalización es intensa, pero parcial, heterogénea y desbalanceada, no es inédita y ha experimentado fuertes altibajos a través del tiempo, es excesiva en algunos aspectos e insuficiente en otros.
Los diversos shocks económicos y financieros de la década de los "90, ya identifican a este período como el de otra década perdida para no pocos países, que han visto derrumbarse sus esperanzas en un arte de birlibirloque de las finanzas internacionales.
Algunos son más optimistas y sienten los vientos renovados de la esperanza y apuestan a la carta del triunfo, pero hay algunos datos caprichosos que se repiten, al menos, en Nuestra América, y que marcan una involución en varios países, cuyos efectos no pueden ser más patéticos.
Han retornado los síntomas reales de la recesión, inflación, endeudamiento, desempleo, -fantasmas- que algunos consideraban superados o que pertenecían a las oscuras noches de otras décadas en otros tiempos.
El ingreso promedio de un latinoamericano es cerca de un 80 por ciento menor que el de un habitante típico de los países desarrollados, nos dice Freench Davis, como si nos dejara caer un balde de agua fría.
La globalización, insiste el alto funcionario de la CEPAL, ofrece muchas oportunidades, pero también acarrea peligros de desintegración nacional y acentuación de la desigualdad.
En este tablero de ajedrez, donde a veces sólo contamos con peones resulta de sobremanera complejo para los países de menor desarrollo, pequeños, carentes de las últimas tecnologías, dependientes, afianzar sus economías para producir un crecimiento con desarrollo sostenido y sostenible en el tiempo.
Países que continúan pensando en cómo modernizar el Estado, en hacer una Reforma Educativa, en planificar un gasto social más coherente con las demandas nacionales, en descentralizar los Municipios y las propias funciones del Estado, en medio de una vorágine social e inclusive de la lenta agonía de sus campos, de la clase media o de la pequeña empresa.
Promover, entonces, el desarrollo, tiene mucha relación con la integración nacional y la puesta en marcha de un proyecto coherente, que permita priorizar en las fortalezas, enfatizar en las ventajas comparativas y enfrentar con decisión las áreas más perturbadoras del desarrollo con equidad y justicia social, como lo son el desempleo y la distribución del ingreso.
Fórmulas mágicas prácticamente no quedan a disposición de improvisadores o vendedores de ilusiones.
La Historia nos demuestra a cada paso de una nueva hoja del calendario que existen países ricos y pobres, naciones que viajan en el vagón de tercera clase y que las asimetrías son reales en el concierto internacional.
Resulta igualmente un hecho irrefutable además que la desigual distribución de la riqueza, de las tierras, la ausencia de reglas del juego con oportunidades para todos, la corrupción, el despilfarro, la falta de conocimientos tecnológicos y, en especial la ausencia de una política educativa moderna, humanista, científica, especializada y universal, impide todo crecimiento sostenido, estable, eficaz y real.
Las recetas económicas para alcanzar objetivos deseables están en las respuestas a los problemas medulares del hombre de fin del segundo milenio. En esencia, al trabajo, la salud, educación, vivienda y ocio, entre los medulares.
Si algo ha caracterizado a este siglo, es la búsqueda de soluciones económicas a través de los diversos modelos : ensayo y error, y mucho de la ley del más fuerte, en el gran laboratorio universal.
Cada época ha tenido su propia varita mágica, impulso y locomotora, porque los paradigmas han marcado a la humanidad desde tiempos remotos.
Hoy la globalización nos marca a hierro, en una velocidad y profundidad nunca antes experimentada, abriendo rutas inéditas, insospechadas, plagadas de la ansiedad que produce la montaña rusa, del vértigo de un lanzamiento en paracaídas y de la incertidumbre de lo desconocido. Aspera, en ocasiones, volátil, en otras, como anillo al dedo para las transnacionales, la globalización viste nuevas ropas para algunos, y promete harapos o ropa de segunda, para otros, siempre y cuando no se ciña a algunas reglas claras.
Ricardo French Davis, Asesor Regional Principal de la CEPAL, sostiene que la globalización es intensa, pero parcial, heterogénea y desbalanceada, no es inédita y ha experimentado fuertes altibajos a través del tiempo, es excesiva en algunos aspectos e insuficiente en otros.
Los diversos shocks económicos y financieros de la década de los "90, ya identifican a este período como el de otra década perdida para no pocos países, que han visto derrumbarse sus esperanzas en un arte de birlibirloque de las finanzas internacionales.
Algunos son más optimistas y sienten los vientos renovados de la esperanza y apuestan a la carta del triunfo, pero hay algunos datos caprichosos que se repiten, al menos, en Nuestra América, y que marcan una involución en varios países, cuyos efectos no pueden ser más patéticos.
Han retornado los síntomas reales de la recesión, inflación, endeudamiento, desempleo, -fantasmas- que algunos consideraban superados o que pertenecían a las oscuras noches de otras décadas en otros tiempos.
El ingreso promedio de un latinoamericano es cerca de un 80 por ciento menor que el de un habitante típico de los países desarrollados, nos dice Freench Davis, como si nos dejara caer un balde de agua fría.
La globalización, insiste el alto funcionario de la CEPAL, ofrece muchas oportunidades, pero también acarrea peligros de desintegración nacional y acentuación de la desigualdad.
En este tablero de ajedrez, donde a veces sólo contamos con peones resulta de sobremanera complejo para los países de menor desarrollo, pequeños, carentes de las últimas tecnologías, dependientes, afianzar sus economías para producir un crecimiento con desarrollo sostenido y sostenible en el tiempo.
Países que continúan pensando en cómo modernizar el Estado, en hacer una Reforma Educativa, en planificar un gasto social más coherente con las demandas nacionales, en descentralizar los Municipios y las propias funciones del Estado, en medio de una vorágine social e inclusive de la lenta agonía de sus campos, de la clase media o de la pequeña empresa.
Promover, entonces, el desarrollo, tiene mucha relación con la integración nacional y la puesta en marcha de un proyecto coherente, que permita priorizar en las fortalezas, enfatizar en las ventajas comparativas y enfrentar con decisión las áreas más perturbadoras del desarrollo con equidad y justicia social, como lo son el desempleo y la distribución del ingreso.
Fórmulas mágicas prácticamente no quedan a disposición de improvisadores o vendedores de ilusiones.