Escándalo en Latinoamérica
El flagelo de la corrupción sigue asediando a Latinoamérica, precisamente en un momento en que la región compite con las "nuevas democracias" de Europa y los países asiáticos en la lucha por atraer capitales extranjeros para ampliar su comercio y financiar sus planes de desarrollo. Tanto Transparencia Internacional como un número creciente de comentaristas latinoamericanos advierten con alarma la persistencia con que se mantienen prácticas ilícitas aún dentro de los gobiernos democráticos que reemplazaron las dictaduras de antaño.
"El mayor enemigo del sistema democrático es la convivencia con la venalidad", advierte Daniel Samper en su columna semanal en El Tiempo de Bogotá. Ahora la corrupción "no el comunismo, ni el fascismo, es el gran cáncer de la democracia".
Samper lamenta que Costa Rica -que tuvo fama de intachable en una región de dictadores corruptos y violentos- perdió prestigio por el escándalo del ex presidente Miguel Angel Rodríguez (1998-2002). "La podredumbre ataca por todos los flancos, y produce sorpresas extraordinarias" concluye. Lamentablemente, es poco y malo el ejemplo que puede dar en esta materia el gobierno de George W. Bush. A él y a algunos de sus asesores habrá que atribuirles la responsabilidad de haber inventado la paradójica corrupción transparente.
Andres Oppenheimer, el popular columnista del Miami Herald, denuncia como "asombroso y pertinaz" el desfile de escándalos en gobiernos, como el de Costa Rica, que fueron ejemplares. "Pocos países escapan", observa. "Algunos, como la Italia de Silvio Berlusconi, desbordan los abusos delirantes antes reservados a las llamadas repúblicas bananeras".
Según el presidente costarricense, Abel Pacheco, Alcatel, la compañía francesa acusada de tratar de sobornar al ex presidente Rodríguez, no recibió ninguna concesión gubernamental de ningún tipo desde que asumió el poder. Pero el periódico costarricense La Nación informó que el actual presidente asumió el gobierno el 8 de mayo de 2002, y Alcatel obtuvo su licitación de $109 millones el 14 de mayo de ese mismo año.
Escribe Oppenheimer: "Cuando me puse en contacto con Alcatel para pedir una entrevista, recibí un e-mail del director de Comunicaciones para América del Norte de la empresa, Charlie Guyer, diciendo que "éste no es un tema sobre el cual quisiéramos dar una entrevista en este momento". Horas después, Guyer me mandó una declaración de la empresa señalando que la compañía está investigando el caso y que, "si fuera necesario, Alcatel tomará las medidas necesarias"".
La renuncia de Rodríguez por haber recibido supuestos sobornos cuando era presidente de Costa Rica ha sido objeto de grandes titulares, observa Oppenheimer, a la vez que deplora de que "pocos han hablado de Alcatel", la empresa francesa acusada de haber hecho estos pagos. "No se trata de un tema menor: en cada escándalo de corrupción, hay una mano que recibe y otra mano que da", observa el columnista haciéndose eco del argumento que también emplea Transparencia Internacional en su campana de poner fin al soborno comercial.
Oppenheimer recalca que lo que salió a relucir hasta ahora en Costa Rica es que Alcatel le pagó a varios políticos costarricenses en la época en que ganó un concurso de telefonía celular por $149 millones en el 2001, y otro contrato de $109 millones por líneas telefónicas fijas en el 2002.
Por su parte, Samper destaca cómo el gobierno colombiano de Alvaro Uribe transmitió la idea de que quería combatir la corrupción, y ésta ha sido una de sus fortalezas. "Por desgracia", observa, "las maniobras reelectorales afectan semejante percepción en forma grave".
Una encuesta adelantada en enero del 2003 reveló que más del 85% de los colombianos cree que hay corrupción en el gobierno, el Congreso y los partidos políticos. Un 67% piensa lo mismo de la empresa privada.
"El mayor enemigo del sistema democrático es la convivencia con la venalidad", advierte Daniel Samper en su columna semanal en El Tiempo de Bogotá. Ahora la corrupción "no el comunismo, ni el fascismo, es el gran cáncer de la democracia".
Samper lamenta que Costa Rica -que tuvo fama de intachable en una región de dictadores corruptos y violentos- perdió prestigio por el escándalo del ex presidente Miguel Angel Rodríguez (1998-2002). "La podredumbre ataca por todos los flancos, y produce sorpresas extraordinarias" concluye. Lamentablemente, es poco y malo el ejemplo que puede dar en esta materia el gobierno de George W. Bush. A él y a algunos de sus asesores habrá que atribuirles la responsabilidad de haber inventado la paradójica corrupción transparente.
Andres Oppenheimer, el popular columnista del Miami Herald, denuncia como "asombroso y pertinaz" el desfile de escándalos en gobiernos, como el de Costa Rica, que fueron ejemplares. "Pocos países escapan", observa. "Algunos, como la Italia de Silvio Berlusconi, desbordan los abusos delirantes antes reservados a las llamadas repúblicas bananeras".
Según el presidente costarricense, Abel Pacheco, Alcatel, la compañía francesa acusada de tratar de sobornar al ex presidente Rodríguez, no recibió ninguna concesión gubernamental de ningún tipo desde que asumió el poder. Pero el periódico costarricense La Nación informó que el actual presidente asumió el gobierno el 8 de mayo de 2002, y Alcatel obtuvo su licitación de $109 millones el 14 de mayo de ese mismo año.
Escribe Oppenheimer: "Cuando me puse en contacto con Alcatel para pedir una entrevista, recibí un e-mail del director de Comunicaciones para América del Norte de la empresa, Charlie Guyer, diciendo que "éste no es un tema sobre el cual quisiéramos dar una entrevista en este momento". Horas después, Guyer me mandó una declaración de la empresa señalando que la compañía está investigando el caso y que, "si fuera necesario, Alcatel tomará las medidas necesarias"".
La renuncia de Rodríguez por haber recibido supuestos sobornos cuando era presidente de Costa Rica ha sido objeto de grandes titulares, observa Oppenheimer, a la vez que deplora de que "pocos han hablado de Alcatel", la empresa francesa acusada de haber hecho estos pagos. "No se trata de un tema menor: en cada escándalo de corrupción, hay una mano que recibe y otra mano que da", observa el columnista haciéndose eco del argumento que también emplea Transparencia Internacional en su campana de poner fin al soborno comercial.
Oppenheimer recalca que lo que salió a relucir hasta ahora en Costa Rica es que Alcatel le pagó a varios políticos costarricenses en la época en que ganó un concurso de telefonía celular por $149 millones en el 2001, y otro contrato de $109 millones por líneas telefónicas fijas en el 2002.
Por su parte, Samper destaca cómo el gobierno colombiano de Alvaro Uribe transmitió la idea de que quería combatir la corrupción, y ésta ha sido una de sus fortalezas. "Por desgracia", observa, "las maniobras reelectorales afectan semejante percepción en forma grave".
Una encuesta adelantada en enero del 2003 reveló que más del 85% de los colombianos cree que hay corrupción en el gobierno, el Congreso y los partidos políticos. Un 67% piensa lo mismo de la empresa privada.