Escapando del paraíso
Han pasado 20 años desde la caída del Muro de Berlín y todo pareciera indicar que las lecciones no fueron aprendidas o han sido olvidadas; ante todo que el comunismo o su versión light, el socialismo, jamás ha representado al “pueblo”. Desafortunadamente los seres humanos sí tropezamos una y otra vez con las mismas piedras y vemos como hoy día gran parte de la juventud no tiene la menor idea de cómo fue que se cayó el Muro.
Debería ser obvio que estamos frente a un problema no del intelecto sino de las vísceras, pues perduran las mismas falsedades que fueron cal y canto del Muro; según las cuales la libertad de mercado hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. Las evidencias que contradicen esto son abrumadoras, pero a muchos les desagrada que les confundan con hechos.
Igual que algunos rechazan la existencia del Holocausto, muchos hoy día no admiten que el “paraíso” comunista se quiso imponer a través de las armas; las del Estado en contra de su propio pueblo.
Detrás del Muro el pueblo disidente fue masacrado por el sólo hecho de protestar y los que intentaban saltar el muro eran acribillados, pero a pesar de ello en 1950 fueron 197,000 los que emigraron al oeste; 165,000 en el 1951; 182,000 en el 1952 y 331,000 en 1953. ¿Acaso eran miles y miles de capitalistas reaccionarios y ricos?
El Muro fue construido en 1961 para evitar la fuga humana hacia el “infierno capitalista”. El truco consistía en hacer el Muro lo suficientemente alto como para evitar que los presos pudiesen siquiera ver el “oscuro” mundo del oeste. El mero hecho de asomarte por encima del muro era una condena y ejecución in situ.
Los estados disidentes eran visitados por tanques de guerra, hasta que llegó el momento en que semejante política fue imposible de sostener y en todos los estados satélites se dieron incontenibles levantamientos, hasta que en agosto de 1989 Hungría desmanteló sus alambradas fronterizas y de inmediato hordas humanas se lanzaron a escapar del “paraíso de la igualdad”. Las demostraciones fueron tantas que obligaron al régimen comunista del Este de Berlín a abrir las puertas del Muro; pero no bastó y en pocos días los berlineses comenzaron a derribar el muro pedazo a pedazo, aupados por delirantes muchedumbres ansiosas de libertad; hasta que se desplomó el gobierno.
¡Los comunistas y sus similares por todo el mundo quedaron atónitos! No entendían cómo era posible que tantos rechazaran el “paraíso” que ofrecía igualdad en la pobreza. Que tantos prefiriesen emigrar hacia el mundo de la desigualdad. La respuesta llegó, tal como nos cuenta Swaminathan S. Anklesaria Aiyar en una carta al editor de un periódico.
“El hámster de mi hija tiene comida, agua, techo y aún cuidado médico, y vive dentro de una jaula llena de juguetes divertidos. Sin embargo se la pasa royendo los alambres de su paraíso. Creo que hemos aprendido lo que es la libertad, y no es una jaula con un engañoso enchapado dorado”.