Escasez de energía
Aun cuando no podemos hablar de escasez de energía eléctrica, es bueno que sepamos que estamos al borde de consumir toda la capacidad generadora del país. Eso no es sano, puesto que cualquier baja en el nivel de los lagos de las hidroeléctricas, responsables de producir más de la mitad de la energía, forzaría al racionamiento, que se traduciría en apagones programados.
La capacidad generadora total del país es de, aproximadamente, 1,200 megavatios; y se consume cerca de 1,000 megavatios, con tendencia a superar esa marca cada vez con más frecuencia. ¿Cómo enfrentar el problema? Los agentes que participan en la industria, entre empresas generadoras y distribuidoras, recomiendan ahorrar energía. Eso, si bien es deseable y hay que hacerlo, no es realista, por cuanto que el Panamá en pleno crecimiento está llenándose de rascacielos, hoteles, oficinas y residencias de lujo, todo con alto consumo energético. Y no podemos ni debemos parar el progreso.
Otra forma sería generando más energía, pero ello tiene también sus inconvenientes y limitantes. Uno de ellos es que hay que esperar años antes de poder ampliar la capacidad hidroeléctrica o el desarrollo de otras alternativas no tradicionales (energía eólica, geotérmica, solar, marítima, biocombustibles, etc.). Paralelo a ello, la generación térmica, por la vía de la quema de hidrocarburos, aunque es más inmediata, es costosa y contaminante.
Una tercera alternativa, que se está trabajando aceleradamente, es la interconexión con Costa Rica y Colombia, a las que compraríamos parte de su energía excedente. Ello va a tomar dos años, que es un plazo relativamente breve pero al mismo tiempo angustioso, porque estamos cerca del máximo de la capacidad de generación propia; y podemos agotarla antes de llegar a ese término. Fuera de eso, Costa Rica tiene sus propios problemas de escasez y, aunque no los tuviera, en el caso de Colombia, no es conveniente depender de otros países en materia tan delicada. Tal es la lección de Chile, en el caso del gas argentino y boliviano; y de los países europeos que se proveen de gas ruso al que se le cierra la llave o aumentan el precio, según algunos, antojadizamente.
En conclusión, hay que ahorrar, impulsar otras fuentes de energía, dar incentivos a la energía hidroeléctrica más limpia y barata, e interconectarnos con los países vecinos. Y, en general, hacernos menos dependientes del petróleo y no descansar demasiado en la energía ajena.