Escenario constituyente II
Siguiendo con las consideraciones ya iniciadas en la entrega anterior (23/02/04), podemos afirmar que el desconocimiento de la realidad es lo que pone en duda el apoyo ciudadano a la iniciativa de la Constituyente paralela.
La gente no entiende cómo una nueva Constitución, -que es para lo único que se pretende llamar a la constituyente-, le puede ayudar a solucionar los problemas que siente en carne y hueso; y con esto no estoy menospreciando la capacidad intelectual de este pueblo, más bien, sólo trato de ubicarme en la posición de los ciudadanos que son testigos de esta realidad y que no logran identificar la importancia y complejidad del proceso que hoy se promueve.
Si los proponentes de la iniciativa de un proceso constituyente hubiesen dado inicio al mismo, de la forma más adecuada, centrándose en identificar y recabar las necesidades de esta nación a partir de una estrategia de "participación ciudadana real"; la historia de la recolección de firmas hubiese sido otra. No obstante, se prefirió meramente suponer lo que el pueblo quería, y eso se puede soportar como estrategia de campaña de cualquier candidato, pero no como mecanismo de una iniciativa que busca estructurar un nuevo Estado panameño.
Bueno, hay que recocer que lo hecho, hecho está. Ahora nos tocará ver cómo se baraja el tema en los próximos meses. Como sea que se convoque la Constituyente Paralela, tal figura no existe en ninguna norma legal vigente; es decir, no hay ley que la reconozca y ampare como tal; esto da cabida a que sea demandada por inconstitucional o hasta abolida de un simple plumazo. Al no haber norma que la establezca, si el próximo gobierno opta por llamarla, tendrá a su haber la responsabilidad de establecer los lineamientos legales que creen la figura y la regulen.
Aquí se presentan tres opciones: el decreto ejecutivo, una ley de la República o reformar el artículo 308 de la actual Constitución. La primera opción es la más rápida y a la vez, la más débil, su poder es limitado y su mandato puede ser abolido fácilmente, o bien, cualquier ciudadano puede demandar inconstitucionalidad.
La segunda es viable por su potestad, pero igual le procedería una demanda de inconstitucionalidad que echaría por tierra todo, en espera de un fallo judicial que al final sería a favor del demandante.
La única opción clara es la de reformar la Constitución actual, lo que tendría que hacerse por el sistema de las dos asambleas, ya que nos encontramos en la última legislatura de este periodo. Esta reforma incluiría un tercer método de reforma constitucional a través de una Constituyente Paralela, aspecto que impediría las circunstancias que bien podrían darse si accedemos a estructurarla así por así. ¿Que los cambios no siempre deben depender de normas vigentes?, eso es muy cierto, claro está, si se tratara de una Constituyente originaria, no de una convocada por los poderes constituidos, autonombrados intocables. Al final, si se diera la Constituyente Paralela, esta podría ser manipulada y guiada por quienes ostenten el poder, o bien, hasta podría ser abolida en pleno funcionamiento por un fallo de la Corte Suprema de Justicia. En otro caso, la Constituyente podría darse su propio lugar e ignorar la norma que la regula o lo que se dé en materia de fallos de derecho constitucional, haciéndose del poder Ejecutivo, Legislativo o Judicial, como ya se ha dado en otras latitudes; pero, ¿es ésta la clase de proceso constituyente que queremos?
Insisto en que el proceso empezó mal y marcha mal. Tal y como se está llevando, amenaza en convertirse en la bofetada más grande para este pueblo. La politiquería se está inmiscuyendo en fondo y esencia, y eso hace dudar a más de uno.
(augusto2312@hotmail.com)
La gente no entiende cómo una nueva Constitución, -que es para lo único que se pretende llamar a la constituyente-, le puede ayudar a solucionar los problemas que siente en carne y hueso; y con esto no estoy menospreciando la capacidad intelectual de este pueblo, más bien, sólo trato de ubicarme en la posición de los ciudadanos que son testigos de esta realidad y que no logran identificar la importancia y complejidad del proceso que hoy se promueve.
Si los proponentes de la iniciativa de un proceso constituyente hubiesen dado inicio al mismo, de la forma más adecuada, centrándose en identificar y recabar las necesidades de esta nación a partir de una estrategia de "participación ciudadana real"; la historia de la recolección de firmas hubiese sido otra. No obstante, se prefirió meramente suponer lo que el pueblo quería, y eso se puede soportar como estrategia de campaña de cualquier candidato, pero no como mecanismo de una iniciativa que busca estructurar un nuevo Estado panameño.
Bueno, hay que recocer que lo hecho, hecho está. Ahora nos tocará ver cómo se baraja el tema en los próximos meses. Como sea que se convoque la Constituyente Paralela, tal figura no existe en ninguna norma legal vigente; es decir, no hay ley que la reconozca y ampare como tal; esto da cabida a que sea demandada por inconstitucional o hasta abolida de un simple plumazo. Al no haber norma que la establezca, si el próximo gobierno opta por llamarla, tendrá a su haber la responsabilidad de establecer los lineamientos legales que creen la figura y la regulen.
Aquí se presentan tres opciones: el decreto ejecutivo, una ley de la República o reformar el artículo 308 de la actual Constitución. La primera opción es la más rápida y a la vez, la más débil, su poder es limitado y su mandato puede ser abolido fácilmente, o bien, cualquier ciudadano puede demandar inconstitucionalidad.
La segunda es viable por su potestad, pero igual le procedería una demanda de inconstitucionalidad que echaría por tierra todo, en espera de un fallo judicial que al final sería a favor del demandante.
La única opción clara es la de reformar la Constitución actual, lo que tendría que hacerse por el sistema de las dos asambleas, ya que nos encontramos en la última legislatura de este periodo. Esta reforma incluiría un tercer método de reforma constitucional a través de una Constituyente Paralela, aspecto que impediría las circunstancias que bien podrían darse si accedemos a estructurarla así por así. ¿Que los cambios no siempre deben depender de normas vigentes?, eso es muy cierto, claro está, si se tratara de una Constituyente originaria, no de una convocada por los poderes constituidos, autonombrados intocables. Al final, si se diera la Constituyente Paralela, esta podría ser manipulada y guiada por quienes ostenten el poder, o bien, hasta podría ser abolida en pleno funcionamiento por un fallo de la Corte Suprema de Justicia. En otro caso, la Constituyente podría darse su propio lugar e ignorar la norma que la regula o lo que se dé en materia de fallos de derecho constitucional, haciéndose del poder Ejecutivo, Legislativo o Judicial, como ya se ha dado en otras latitudes; pero, ¿es ésta la clase de proceso constituyente que queremos?
Insisto en que el proceso empezó mal y marcha mal. Tal y como se está llevando, amenaza en convertirse en la bofetada más grande para este pueblo. La politiquería se está inmiscuyendo en fondo y esencia, y eso hace dudar a más de uno.
(augusto2312@hotmail.com)