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Escenario y actores


En algunas ocasiones pienso que he perdido mi facultad de explicar las cosas que, objetivamente, contemplo en la realidad social de mi país o del continente. No pocas veces se me adjudican intenciones que, o no se deducen de lo escrito, o literalmente se inventan. Ello parece haber ocurrido con la anterior entrega. Algunos comentaristas me endilgaron el mote de “propagandista de Alberto Vallarino”, no advirtiendo algo tan elemental para el análisis político como la necesidad de distinguir entre lo que es un juicio descriptivo de la realidad y un juicio valorativo de la misma o, como señalaba Henri Poincare, de manera elegante, “que las premisas del indicativo no tienen conclusiones en el subjuntivo”. Cuando decida, como socialista que soy, cómo votaré en las próximas elecciones (sobre la base de plataformas y programas políticos) lo diré explícitamente y en voz clara, como siempre lo he hecho.
No se ha conformado aún, a plenitud, ni el escenario final ni los actores definitivos. Pero ya algunos comentaristas de la política, los improvisados de siempre, empiezan a sacar conclusiones y, lo peor, a dar consejos “políticos”. Que tal candidato debe hacer tal o cual cosa si quiere triunfar o, si no hace tal cosa perderá. Lo único que les falta agregar es que todo saldría bien “si los llaman” de asesores (tal como lo expresara, en una ocasión, Jean Paul Sartre).
Lo primero que me parece adecuado advertir es que existen situaciones o, más bien, condiciones distintas a las de 1999. Aquellos que piensan que las condiciones políticas del 2004, serán similares a las de 1999, no saben lo que dicen. El ejercicio del gobierno ha desgastado políticamente a los partidos políticos gubernamentales, que ya no parecen tan compactos como entonces. Cruzados por problemas internos, debilitados, sin capacidad de recomposición interna y sin “cuadros políticos” de largo alcance, parecen debatirse en un camino al precipicio. Con una lógica férrea (¿o perversa?), el Partido Arnulfista necesita de una figura como Alberto Vallarino para intentar ganar, pero éste no parece necesitar a este partido para abrir posibilidades de triunfo a una candidatura suya. A su vez, el Movimiento Liberal Republicano aparece dividido, fragmentado y debilitado por sus pugnas internas y, en el mejor de los casos, parece irremediablemente empujado hacia su fraccionamiento. La pregunta que nos hacemos es ¿cómo se aliarán sus sectores internos, si se produce un fraccionamiento? El resto de la alianza gubernamental empieza a moverse hacia la ruptura y el reacomodo. Sobre ellos y otros partidos políticos en formación (todos de estirpe liberal) la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Podrán constituirse en un polo de re-agrupamiento y, sostener por sí mismos, una candidatura? ¿Quién podría ser su abanderado?.
Alguien podría concluir que en un escenario como el descrito, el triunfo del PRD será imparable. El poder no es como el maná bíblico que cae del cielo. ¿Por qué habría de votar este pueblo por quienes no han encabezado ninguna de sus luchas y resistencias? ¿Por qué les perdonaría su cohabitación con el gobierno de tres años? ¿Por qué se le debe creer a las palabras vacías, llenas de lugares comunes de sus dirigentes políticos? No afirmo nada, pero tampoco especulo. Sólo trazo un escenario posible. Como resulta obvio, no escapa a un nuevo escenario el que la confrontación electoral se polarice en sólo dos candidaturas: el PRD frente a todos. En esta hipótesis, sus posibilidades de triunfo serán, sin duda, menores.
Nada parece fácil, por el momento, en la medida en que escenario y actores empiezan sólo a configurarse (faltan cerca de 20 meses para los comicios del 2004). Lo único que reconforta es seguir comprendiendo que la política sigue siendo el reino de la incertidumbre.
(simgonp@cwpanama.net)
Todo lo anterior apunta a que a nadie interesa derrocar al presente gobierno. El propio gobierno se ha desprestigiado por sus comisiones u omisiones.
Le toca a los animales políticos del oficialismo y de la oposición mejorar su fama -si es que les importa la imagen de la nación- dentro del mare mágnum que han creado. Pareciera que sólo podrán lograr este objetivo por arte de “birlibirloque”, si es que lo intentan.

101 años de Panamá América

 
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