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Esclavitud del siglo XXI


El título de este artículo no es una metáfora; es una triste y humillante realidad que se refiere a más de 27 millones de personas en todo el mundo que son compradas y vendidas como esclavas, mantenidas en cautiverio, forzadas a trabajar o controladas mediante la violencia por quienes obtienen cuantiosos beneficios a costa de la explotación de seres humanos.
Habrá quienes piensen que la esclavitud es asunto del pasado; sin embargo, en pleno siglo XXI, este problema sigue vigente, afectando a millones de niños, niñas y mujeres.
Las formas contemporáneas de esclavitud van desde aquella por deudas que encandena a familias completas durante generaciones. De 15 a 20 millones de personas son esclavas por deudas en India, Bangladesh, Nepal y Pakistán.
Entre otras formas contemporáneas de esclavitud que se practican están, por ejemplo:
  • En China, los niños y niñas esclavos fabrican fuegos artificiales.

  • En Brasil, hacen carbón que se usa para fabricar acero para la industria automotriz.

  • En Costa de Marfil, más de 12 mil niños/as esclavos/as recolectan semillas de cacao que se exportan para fabricar chocolate.

  • En Sierra Leona, trabajan en las minas de diamantes.

  • En Estados Unidos, el 10% de los trabajadores/as rurales es esclavos/a que trabaja en los campos de tomate y de cítricos.


En ese país también se calcula que existen entre 100 mil y 150 mil esclavos/as en diversas actividades como la prostitución, la confección de ropas y otras.
La explotación sexual de niños, niñas y mujeres cruza todas las fronteras económicas, étnicas, sociales, de edad y de género.
Miles son víctimas de traficantes de humanos que se hacen pasar por agentes de empleo que las convencen para viajar al extranjero prometiéndoles buenos trabajos, y cuando llegan a sus destinos, son entregadas a compradores que, generalmente, las golpean, las violan y las explotan sexualmente, al punto que el cuerpo de una mujer se puede vender una y otra vez, redituando sumas millonarias de dinero a quienes se dedican a tan inhumano tráfico.
Solamente 25 países procesan activamente el tráfico de seres humanos como delito, situación que permite el desarrollo de una floreciente actividad económica en muchos países del mundo, siendo el cálculo de la contribución anual que hacen las personas sometidas a diversas formas de esclavitud, de 13 mil millones de dólares a la economía mundial.
A este redituable negocio de la esclavitud del siglo XXI, que beneficia tanto a las pequeñas bandas de traficantes como a las grandes redes, ha contribuido los avances de la tecnología y las comunicaciones, que se valen de Internet y de cuentas bancarias.
Las redes de traficantes de seres humanos tienen la posibilidad de realizar eficientes y lucrativas transacciones financieras a distancia, en que las partes involucradas ni siquiera tienen que conocerse.
Aunque resulta difícil creer que la esclavitud todavía existe, los datos anteriores son apenas una mínima muestra de la cruda realidad de las modernas formas en que se desarrolla y que forma parte de un mercado mundial con un apetito de beneficio económico voraz, salvaje e inhumano.
Basta ya a las formas contemporáneas de esclavitud.

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