Esclavitud social
La libertad es la voluntad suprema sobre nuestros destinos como individuos y sociedad, la cual admite como único limitante la libertad del prójimo, que es garantía de la propia, pues no se es libre a menos que todos lo seamos.
La libertad nunca otorga derecho a quitarle la libertad a otro, y hacerlo es perpetuar una sociedad opresiva, donde los muchos ceden su libertad a los pocos, obligando y coaccionándolos a escoger entre hambre y muerte o servidumbre y limosna. Esta ignominia es nuestra realidad, donde a pesar del gran progreso de la humanidad, aún persiste el factor aberrante que hace de unos opresores y explotadores y de otros oprimidos y explotados.
El sistema esclavista se mantiene dominante en todas nuestras relaciones humanas, legado de sociedades monárquicas y feudales. Un sistema donde hay un amo con todo el poder por encima de una legión de esclavos subordinados. Es una relación vertical, jerárquica y autoritaria donde el amo impone y el esclavo obedece. Al hombre sometido a esta servidumbre se le adormece su espíritu, creatividad, inteligencia y humanidad, convirtiéndose en siervo dependiente del paternalismo. El hombre sólo desarrolla su potencial cuando tiene autonomía sobre su vida, permitiéndole cultivar liderazgo, responsabilidad, iniciativa, confianza en sí mismo y emprendimiento. La relación esclavista es la libertad de uno suprimiendo la del otro, puesto que el amo es libre no sólo sobre su destino, sino sobre el del otro, quien cede su libertad a éste.
La libertad es el control del individuo sobre su destino, sea individual o social. Individual cuando es libre de tomar las decisiones que le competen y afectan particularmente, y social cuando participa en las decisiones colectivas que estructuran su entorno y ambiente. Las decisiones sociales condicionan aquellas individuales, puesto que determinan dentro de qué marco y normas puede uno decidir individualmente. La esclavitud social es la imposibilidad de participar directamente en las decisiones colectivas, resultando en la esclavitud individual, dado que obliga a vivir bajo condiciones impuestas por otros.
Asumir que somos libres porque elegimos entre opciones es una falacia, ya que son opciones impuestas y predeterminadas sobre cuya formulación no tenemos ningún poder.
No somos libres en ninguna estructura social, sea esto empresa privada, sindicato, partido o congregación, ya que una vez escogemos pertenecer a ella somos sometidos a sus relaciones internas autoritarias. Estas estructuras opresivas dominan la totalidad de la sociedad, dejándonos con pocas opciones si deseamos sobrevivir sin someternos a ellas. Se nos condena a elegir entre servidumbre o exilio.
En política somos presos del engaño del voto mediante el cual accedemos a ser simples espectadores de nuestra realidad social. El voto es el elemento menos importante de la democracia, que no tiene valor sin el derecho a participar directamente en el debate y deliberación vinculante sobre nuestras vidas y sociedad en todos sus niveles. Sólo se nos permite un voto cerrado entre una serie de candidatos electorales que serán nuestros amos hasta las próximas elecciones, candidatos que son, a su vez, esclavos de los intereses económicos de las mafias del poder. Es un sistema donde para que uno llegue a ser amo, cien deben ser esclavos. ¿No podemos todos ser amos, y a la vez, ninguno serlo?
La esclavitud social se puede evitar, poseyendo nosotros el poder para alzarnos sobre ella, desechando la alternativa autoritaria y escogiendo como camino el asociarnos libremente como iguales para impulsar nuestro mutuo progreso y superación, respetando siempre que ningún hombre es nuestro subordinado e inferior, únicamente nuestro igual y hermano.
El gran reto para el progreso de la humanidad no es entre derecha e izquierda, es entre autoritarismo y libertad; porque el progreso sólo admite un mundo donde no seamos esclavos de la tiranía de la minoría, o presos de la imposición de la mayoría, sino libre gestores por igual de nuestro destino individual y colectivo.
No podemos jamás resignarnos a las injusticias impuestas sobre nosotros por una sociedad esclavista y opresiva. Tenemos el deber absoluto, ahora y siempre, de luchar y sacrificarnos hasta el final por la liberación de la humanidad y la edificación perpetua de un mundo iluminado por la verdadera libertad.
Por otra parte, en el 2005 los juzgados de Aseo impusieron B/. 400 mil en multas por mala disposición.
En el 2006 fueron unos B/.266 mil.
Al respecto, el alcalde Navarro dijo que "estamos poniendo multas a quien lo merece".
"Vamos a poner inspectores nuevos y vamos por las multas. Lamentablemente hay gente que no entiende".
El acuerdo municipal No. 205, del 23 de diciembre de 2002, prohíbe arrojar desechos sólidos en vías públicas y lotes baldíos, lo que puede ser objeto de multas de hasta B/. 5 mil.
Hace poco se nombraron 50 inspectores de aseo adicionales, para atender el tema de la basura.
El año pasado, durante la limpieza de playas organizada por ANCON, se recogieron 65 mil 966 libras de desechos.
Los desperdicios estaban en Panamá Viejo, Costa del Este, Paitilla, San Felipe y El Chorrillo.
La libertad nunca otorga derecho a quitarle la libertad a otro, y hacerlo es perpetuar una sociedad opresiva, donde los muchos ceden su libertad a los pocos, obligando y coaccionándolos a escoger entre hambre y muerte o servidumbre y limosna. Esta ignominia es nuestra realidad, donde a pesar del gran progreso de la humanidad, aún persiste el factor aberrante que hace de unos opresores y explotadores y de otros oprimidos y explotados.
El sistema esclavista se mantiene dominante en todas nuestras relaciones humanas, legado de sociedades monárquicas y feudales. Un sistema donde hay un amo con todo el poder por encima de una legión de esclavos subordinados. Es una relación vertical, jerárquica y autoritaria donde el amo impone y el esclavo obedece. Al hombre sometido a esta servidumbre se le adormece su espíritu, creatividad, inteligencia y humanidad, convirtiéndose en siervo dependiente del paternalismo. El hombre sólo desarrolla su potencial cuando tiene autonomía sobre su vida, permitiéndole cultivar liderazgo, responsabilidad, iniciativa, confianza en sí mismo y emprendimiento. La relación esclavista es la libertad de uno suprimiendo la del otro, puesto que el amo es libre no sólo sobre su destino, sino sobre el del otro, quien cede su libertad a éste.
La libertad es el control del individuo sobre su destino, sea individual o social. Individual cuando es libre de tomar las decisiones que le competen y afectan particularmente, y social cuando participa en las decisiones colectivas que estructuran su entorno y ambiente. Las decisiones sociales condicionan aquellas individuales, puesto que determinan dentro de qué marco y normas puede uno decidir individualmente. La esclavitud social es la imposibilidad de participar directamente en las decisiones colectivas, resultando en la esclavitud individual, dado que obliga a vivir bajo condiciones impuestas por otros.
Asumir que somos libres porque elegimos entre opciones es una falacia, ya que son opciones impuestas y predeterminadas sobre cuya formulación no tenemos ningún poder.
No somos libres en ninguna estructura social, sea esto empresa privada, sindicato, partido o congregación, ya que una vez escogemos pertenecer a ella somos sometidos a sus relaciones internas autoritarias. Estas estructuras opresivas dominan la totalidad de la sociedad, dejándonos con pocas opciones si deseamos sobrevivir sin someternos a ellas. Se nos condena a elegir entre servidumbre o exilio.
En política somos presos del engaño del voto mediante el cual accedemos a ser simples espectadores de nuestra realidad social. El voto es el elemento menos importante de la democracia, que no tiene valor sin el derecho a participar directamente en el debate y deliberación vinculante sobre nuestras vidas y sociedad en todos sus niveles. Sólo se nos permite un voto cerrado entre una serie de candidatos electorales que serán nuestros amos hasta las próximas elecciones, candidatos que son, a su vez, esclavos de los intereses económicos de las mafias del poder. Es un sistema donde para que uno llegue a ser amo, cien deben ser esclavos. ¿No podemos todos ser amos, y a la vez, ninguno serlo?
La esclavitud social se puede evitar, poseyendo nosotros el poder para alzarnos sobre ella, desechando la alternativa autoritaria y escogiendo como camino el asociarnos libremente como iguales para impulsar nuestro mutuo progreso y superación, respetando siempre que ningún hombre es nuestro subordinado e inferior, únicamente nuestro igual y hermano.
El gran reto para el progreso de la humanidad no es entre derecha e izquierda, es entre autoritarismo y libertad; porque el progreso sólo admite un mundo donde no seamos esclavos de la tiranía de la minoría, o presos de la imposición de la mayoría, sino libre gestores por igual de nuestro destino individual y colectivo.
No podemos jamás resignarnos a las injusticias impuestas sobre nosotros por una sociedad esclavista y opresiva. Tenemos el deber absoluto, ahora y siempre, de luchar y sacrificarnos hasta el final por la liberación de la humanidad y la edificación perpetua de un mundo iluminado por la verdadera libertad.
Por otra parte, en el 2005 los juzgados de Aseo impusieron B/. 400 mil en multas por mala disposición.
En el 2006 fueron unos B/.266 mil.
Al respecto, el alcalde Navarro dijo que "estamos poniendo multas a quien lo merece".
"Vamos a poner inspectores nuevos y vamos por las multas. Lamentablemente hay gente que no entiende".
El acuerdo municipal No. 205, del 23 de diciembre de 2002, prohíbe arrojar desechos sólidos en vías públicas y lotes baldíos, lo que puede ser objeto de multas de hasta B/. 5 mil.
Hace poco se nombraron 50 inspectores de aseo adicionales, para atender el tema de la basura.
El año pasado, durante la limpieza de playas organizada por ANCON, se recogieron 65 mil 966 libras de desechos.
Los desperdicios estaban en Panamá Viejo, Costa del Este, Paitilla, San Felipe y El Chorrillo.